Chapuzones de agua dulce en el interior

Un grupo de bañistas disfrutan, ayer, de las aguas del río Segura en el paradisíaco paraje ciezano conocido como el Gorgotón. / C. Caballero
Un grupo de bañistas disfrutan, ayer, de las aguas del río Segura en el paradisíaco paraje ciezano conocido como el Gorgotón. / C. Caballero

Cientos de personas inundan los diferentes parajes que baña el río Segura y sus afluentes en Cieza, Abarán y Blanca cada fin de semana

CLAUDIO CABALLEROCIEZA

Los murcianos del interior se las han ingeniado siempre para afrontar los tórridos veranos que cada año se adueñan de la Región. Y los que no tienen la suerte de vivir cerca de las espléndidas playas de los municipios costeros, cualquier lugar donde el agua está presente ha servido para mitigar los casi 40 grados que un día sí y otro también registran los termómetros en amplias zonas del Noroeste, la Vega Alta o el Altiplano. Y muchos de estos recónditos espacios, casi siempre de difícil acceso pero de excepcional belleza, reconfortan a todos aquellos que disfrutan de sus frescas y transparentes aguas y les ayuda a mitigar los excesos caloríficos.

En la Vega Alta del Segura, entre los términos municipales de Calasparra y Cieza, el río proporciona numerosos lugares con un encanto muy especial, y en los que sus impolutas aguas invitan a cualquiera a darse un buen y refrescante remojón.

En el primero de estos dos municipios, el paraje más utilizado por los vecinos es la Playa del Embarcadero, muy cerca de la localidad, aunque también es muy demandada la zona de baño situada junto al santuario de Nuestra Señora de la Virgen de la Esperanza. Allí, un agitado río Segura acoge a los bañistas antes de afrontar el sosiego de los extensos arrozales que amainan estas bravas aguas. Pero no solo son estos dos lugares, puesto que los calasparreños aprovechan cualquier remanso del río para bañarse durante los días más calurosos del verano. Uno de ellos es la presa de la Mulata, donde el viejo Thader se transforma en un gran lago de fértiles tierras a su alrededor y donde, sobre todo los más jóvenes, aprovechan para poner a prueba su habilidad para introducirse en el río desde lo alto de una pared y con emocionantes pero también arriesgadas piruetas.

El Segura prosigue su curso y se adentra en el Cañón de los Almadenes, donde nadie debe sumergirse si no es con contundentes medidas de seguridad. En aguas ciezanas, y una vez que el Segura más salvaje vuelve a relajarse, el denominado Gorgotón ofrece uno de los baños más singulares y placenteros de todo su recorrido. Es un nacimiento natural de aguas termales que nace en el propio río y emana sobre él. Cientos de vecinos se desplazan, sobre todo los fines de semana, para hacer más llevadera la subida del mercurio. También aquí existe una gran pared que permite el salto de los más jóvenes pero que las autoridades desaconsejan por su peligrosidad. Otra fantástica estampa veraniega la ofrece estos días el paraje de Hoya García, en Cieza, antes de llegar al coto de pesca. Ahora que la mayoría de los pozos de sequía están cerrados en Almadenes, los que buscan recónditos lugares para estar a sus anchas encuentran el lugar perfecto en este paraje donde el azud existente proporciona hasta más de dos metros de profundidad.

Antaño, las viejas acequias mayores de Cieza servían para darse un buen baño. Sin embargo, su entubamiento frustró las aspiraciones y también los gratos recuerdos de varias generaciones. Aún hoy, y fruto de una gran demanda vecinal, permanece a cielo raso un par de kilómetros de la acequia de La Andelma a su paso por la Atalaya, donde un baño en sus frescas y milenarias aguas es más que saludable. Pero los ciezanos no van a encontrar dificultades a la hora de echarse al río. A las tradicionales playas de La Presa o el Arenal, que sobre todo los fines de semana se llenan de cientos de vecinos, hay que sumar otros cinco enclaves que fueron recuperados hace unos años, como las playas de las Estacas, la Era o el Argaz.

Un río Segura para disfrutar

Abarán es otro de los municipios cuyos habitantes encuentran en el Segura un aliado en las tórridas tardes de julio y agosto. La playa fluvial del Jarral es sin duda la más utilizada y a la vez la más visitada por centenares de murcianos de diferentes localidades. Su presa proporciona además una ajetreada aventura para todos los que deciden realizar el descenso en balsas náuticas.

Y ya en Blanca, prácticamente todo el río Segura es una inmensa playa fluvial donde acuden a darse un respiro no solo los blanqueños, también cientos de murcianos que buscan una alternativa a las masificadas playas de la costa mediterránea.