«O viene esa mujer o yo me tiro»

Juan Martínez, Jonatan Herrera y Jaime García, ayer, ante el hotel. / j. m. rodríguez / agm
Juan Martínez, Jonatan Herrera y Jaime García, ayer, ante el hotel. / j. m. rodríguez / agm

Fueron necesarios tres agentes de la Guardia Civil para cogerlo e izarlo cuando se dejaba caer sobre el vestíbulo del edificio

Eduardo Ribelles
EDUARDO RIBELLES

«Nos salió una risa nerviosa cuando fuimos conscientes de lo que había pasado». Al teniente Jonatan Herrera le cambiaba ayer la voz al recordar los momentos posteriores a sostener en el vacío con sus manos e izar a pulso a un hombre de 40 años que se dejaba caer desde el balcón interior que da al vestíbulo de un conocido hotel de La Manga. «Era el último piso, un octavo», indica el oficial.

La presencia de ánimo y la audacia de Herrera, del sargento Jaime García Pons y del agente Juan Martínez Carmona les permitió salvar una situación que podría haber acabado muy mal sin su intervención. Poco sospechaban lo que iban a vivir, tras acabar el servicio de vigilancia en un concierto nocturno que había comenzado el viernes por la noche. Eran las cinco de la madrugada y recibieron el aviso de que un hombre podía estar en trance de tirarse por un balcón interior del hotel Los Delfines.

En la alerta, sus superiores especificaban que acudir de uniforme podía ser contraproducente. Parecía que el destino les hubiera elegido a ellos como improvisados ángeles de la guarda, pues habían hecho de paisano el último servicio. Unos minutos después se plantaban en el hotel, donde los empleados les informaron de que el causante del aviso había tomado una habitación en la segunda planta. «No estaba allí, así que pensamos que lo más sencillo si quería quitarse la vida era subir y tirarse desde un lugar más alto», indica Herrera. Dio orden de dividir efectivos. El agente Martínez y él subieron en ascensor y al salir vieron a un señor asomado a la balaustrada que da al vestíbulo. «Enseguida supimos que era él porque nos advirtió de que se tiraba si nos acercábamos. Añadió que la única persona que podía evitar que se lanzara era una mujer. Dijo: 'O viene, o me tiro'», explica Herrera. Según otras fuentes relacionadas con el caso, a esas dos personas les había unido una relación sentimental. De hecho, el hombre acudió a La Manga para contactar con su expareja. No logró lo que quería y decidió aumentar la apuesta con mensajes en los que incluyó la amenaza de tirase por un balcón y que a punto estuvo de cumplir.

La luz encendida

Mientras Herrera y Martínez intentaban razonar con él, el sargento García Pons subía sigilosamente por la escalera para sorprender. «Tuvimos la mala suerte de que un sensor detectó su movimiento y encendió una luz», relata el teniente.

Cuando el hombre pasó la pierna por encima de la barandilla, los guardias civiles lo tuvieron claro. «Vimos que era lento y decidimos correr hasta él para no darle tiempo a consumar su amenaza. Lo agarramos por los brazos justo a tiempo para izarlo, con la ayuda del sargento García Pons. Una vez arriba, tuvimos que reducirle, para evitar que volviera a intentarlo», relata Herrera. Un equipo sanitario lo trasladó al Santa Lucía, para evaluar su estado mental.