Una velada entre La Manga y Escocia

La familia Mora, junto a los mejores productos de El Lagar, en Cabezo Beaza. / J. M. RODRÍGUEZ/ AGM
La familia Mora, junto a los mejores productos de El Lagar, en Cabezo Beaza. / J. M. RODRÍGUEZ/ AGM

TOMÁS MARTÍNEZ PAGÁN

Todos los días se puede aprender algo, si se escucha a quien sabe. Por eso, hoy les quiero contar la última lección recibida. Fue en la casa de La Manga de mi amigo Marco, que nos invitó a una cata gracias a Lorenzo Abellán, de Bodegas Carchelo. Este le había enviado tres botellas de su vino estrella, el Muri Vetares, un Reserva 2016 catalogado con varios premios y buenas puntuaciones. Este caldo, acompañado de un surtido de embutidos seleccionado por Raimundo, nos hizo pasar una velada espectacular junto al Mediterráneo. Entre bocado y trago, hablamos del municipio, de la Región y de nuestra España del alma, a la que muchos quieren destruir y algunos, prenderle fuego. Pero, por razones que quedarán claras pronto, la velada se convirtió en un magnificó viaje entre La Manga y Escocia.

Marco sirvió el vino a su temperatura justa, acompañado de unas bandejas de tomate raff bien partido, en trozos pequeños, con lágrimas de hueva y mojama, aceite y sal. Siguieron unos embutidos (caña de lomo, chicharrón adobado de Chiclana, paleta ibérica, chorizo ibérico picante, salchichón de Vic, morcilla serrana de ibérico, panceta de bellota, caña de presa ibérica, morcón de bellota ibérico y sobrasada ibérica). Ayudaron a pasar tanta chacina unas regañás rústicas de Antequera, unos molletes y unos picos.

Entonces, Ezequiel, buen amigo, nos dijo: «Hoy el Mundo del Hielo lo dirijo yo». Y procedió a sacar algo muy especial para demostrarlo. «¿Sabéis lo que es un Lagar?», preguntó. Y sin darnos tiempo casi a responder nos indicó que es un recipiente donde se pisa la uva, se prensa la aceituna o se machaca la manzana para obtener el mosto, el aceite o la sidra. Le preguntamos a cuento de qué venía eso y nos respondió que en la Trimilenaria tenemos El Lagar de Andrés Mora y su empresa, Vinorea, que tiene los mejores whiskys de España. Algunos sólo se pueden encontrar en tres comercios a nivel nacional por su elevado coste (a partir de 200 euros y hasta 7.500 por botella). Las cien referencias que maneja son del máximo nivel.

Así supimos que nuestro amigo es cliente VIP del establecimiento, del que trajo dos muestras selectas. Las acompañamos con hielos elaborados a partir de agua hervida por Ezequiel. Los reservó para mezclar al final de la cata, ya que, para acercarnos a los sabores, matices y sensaciones que hacen del whisky de Malta un auténtico deleite, no se debe mezclar con hielo hasta último momento.

Las marcas que eligió para la ocasión fueron Johnnie Walker Juego de Tronos y Chivas Regal Mizunara. Mientras servía una ronda del primero, nos fue explicando cómo David Torres, un gran conocedor de la historia del Whisky escocés, dice como hay que disfrutar de esta bebida tan especial:

«Beber un whisky de malta es un acto que debería constituir en sí mismo no sólo un placer, sino una ceremonia. Una bebida que ha necesitado de tanta sabiduría, tantos cuidados y tantos años para llegar a nuestras manos, no puede desperdiciarse así como así; requiere, al menos, de unos pocos minutos necesarios para apreciar todo lo que puede ofrecernos, tanto a la vista, como al olfato y al gusto. En última instancia, beber un gran malta es beber espacio y tiempo: los 10, 15, 20 años de paciente espera en los toneles, los cielos nublados, el oleaje, los gritos de las gaviotas, la brisa húmeda de Escocia»

Allí en La Manga continuamos con una cata que cumplía una de las condiciones de Torres, para lograr una satisfacción plena. « Uno de los mejores sitios para disfrutar de un whisky de malta es la propia casa de uno. Tal vez el primer contacto con un gran malta precisa de la intimidad y la tranquilidad de un encuentro amoroso. Pero un bar también puede ser un lugar de reunión, siempre que sea tranquilo; los camareros eficientes, la música, adecuada y el volumen bajo. Mejor aún si la barra, las mesas y las sillas son de madera envejecida, porque entonces la armonía cromática con el whisky será perfecta»

No matar el aroma

El hielo, como nos recalcó nuestro amigo, muchas veces no es un buen compañero. «El whisky es fuego líquido, y el hielo mata el aroma o, al menos, lo amortigua. Únicamente cuando los primeros tragos ya han pasado y uno ya ha intimado con la bebida, profundizado en la complejidad del aroma y sentido su rastro de calor en el estómago, entonces puede permitirse la intromisión de unos cubitos. Es decir, cuando uno tiene la lengua conquistada y el paladar acostumbrado a los fulgores de la turba y la cebada, entonces puede sacar unos hielos para refrescarse la boca. Al igual que el agua, el hielo debe proceder de agua mineral (...) y se introducirá siempre después del whisky. Disfrute entonces del crujido cristalino de los cubitos al contacto con el alcohol, su delicadísima tortura de ámbar; sienta el suave cambio de temperatura; contemple los diminutos arroyos de cristal que forman al deshacerse, como si fuesen pedazos de río atrapados en un súbito deshielo y desembocando en un mar de oro viejo», concluye Torres.

Y con estos sabios consejos para disfrutar del producto, llegamos al final de una maravillosa velada en la que Ezequiel nos invitó a visitar la Sala de Catas del Lagar y disfrutar de sus colecciones de Ron, Ginebra, Coñac o Vodka y, sin lugar a dudas, de los vinos de todas D.O. de España que tiene para probar y llevar. Y hoy termino yo con una frase del gran político Winston Churchill, para que tomen nota los representantes de los partidos de aquí. «El político se convierte en estadista cuando comienza a pensar en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones» ¡Qué razón tenía!.