Urbanismo pone en su diana la obra de la mezquita de Cuatro Santos

Inmueble elegido para albergar un templo musulmán, en la calle Ramón y Cajal. /J.M. Rodríguez / AGM
Inmueble elegido para albergar un templo musulmán, en la calle Ramón y Cajal. / J.M. Rodríguez / AGM

Los técnicos valoran parar el proyecto porque sus promotores hacen una gran reforma con licencias menores y creen que burlan los controles

Eduardo Ribelles
EDUARDO RIBELLES

La Policía Local ha recibido la orden de vigilar las obras iniciadas en un antiguo gimnasio de la Barriada Cuatro Santos para convertirlo en mezquita y levantar acta de si corresponden a la autorización otorgada por la Concejalía de Urbanismo. Los técnicos de este área del Ayuntamiento han detectado una sucesión de permisos menores solicitadas por los promotores del proyecto, la Comunidad Islámica de San Antón. Quieren comprobar si detrás de esas notificaciones se ocultan unas obras de reforma integral que precisan de un trámite mucho más complejo y exigente.

El plan impulsado por sus promotores en marzo de este año consiste en crear un templo con capacidad para unos 200 fieles. La Comunidad Islámica de San Antón eligió para ello un inmueble situado en el número 202 de la calle Ramón y Cajal. Está entre las calles Orense y Río Muni y se encuentra adosado, por la parte trasera, a una manzana de casas bajas. Es una nave de un solo piso pero en la parte de arriba tiene una azotea utilizable y dotada de una balaustrada. Durante más de veinte años funcionó con el nombre de Gimnasio Atlanta y ha conservado un pintoresco color azul cielo que sigue cubriendo sus tres fachadas. Por eso, en el exterior no se aprecian cambios que Urbanismo pueda tomar como guía de lo que se está haciendo dentro

Para tenerlo claro

Ubicación
En el número 202 de la calle Cuatro Santos, esquina a las calles Orense y Río Muni.
Promotor de la obra
La Comunidad Islámica de San Antón.
Objetivo
Crear un templo de culto que permita desarrollar con más amplitud los ritos musulmanes. La comunidad promotora asegura que el centro estará abierto a personas de otras confesiones, como centro cultural.

La adquisición de local tuvo lugar en marzo. Sin embargo, estuvo meses sin cambiar de titular en el registro, razón por la cual no fue posible autorizar obra alguna para remodelarlo. El grupo de fieles que promueve la iniciativa cuenta con el apoyo de la Comisión Islámica de España. El plan es reformar el inmueble por dentro, respetando su estructura.

El trámite más sencillo

Durante la pasada primavera, los impulsores del proyecto se acogieron al trámite más sencillo y menos exigente previsto en la normativa municipal para poder realizar una obra en el interior de un edificio. «La comunicación previa no necesita de un permiso expreso. Simplemente informas al Ayuntamiento de que vas a quitar una pared interior, que vas apuntalar el techo o que vas a hacer una instalación», explico un portavoz de la alcaldía. La declaración responsable está un grado por encima porque en ella quien pide permiso se obliga a adjuntar documentación. Por último, las reformas integrales de un edificio exigen de una licencia de obra, para la que es obligatorio obtener un visto bueno previo. No basta con presentarla.

En este caso, la primera notificación fue seguida de varias más y esa acumulación escamó a los responsables de recibir, tramitar y recomendar la concesión de licencias en el Ayuntamiento. Alertaron a sus superiores en Urbanismo, porque no se pueden pedir permisos sucesivos para justificar diferentes fases de una misma obra.

Todo ello ha derivado en la orden de levantar acta de lo que sucede en ese local para, en caso de un incumplimiento, paralizar cautelarmente cualquier reforma.

Vecinos de la Barriada Cuatro Santos ya habían visto en el mes de junio maniobras en el interior y en el exterior del inmueble que les llevaron a pensar que dentro tenían lugar una serie de trabajos de manera discreta.

Un contenedor fugaz

«Un día colocaron un contenedor en la puerta principal y al siguiente había desaparecido», indicó el presidente de la asociación vecinal del barrio, Juan Uribe. Trabajadores del garaje que hay enfrente vieron cómo sacaban escombros en varias ocasiones. «Se los han llegado a llevar en furgonetas particulares», indicaba esta semana un cliente habitual de un café bar que hay muy cerca. Esos trabajos no han hecho más que confirmar que la instalación de la mezquita está en marcha.

Los promotores tienen claras sus prioridades en la ejecución del proyecto. Contar con un local más grande que el de San Antón, permitirá dividir el culto por sexos. Las mujeres dispondrán de espacios propios. Asimismo, será posible habilitar zonas comunes y salidas de emergencia que cumplan con toda la normativa de seguridad, según indicaron los promotores cuando iniciaron la propuesta.

El plan esbozado por la comunidad islámica que impulsa el proyecto es llevarlo adelante sin recurrir a una empresa de la construcción. Bastarían las aportaciones, en trabajo y en materiales, que puedan llevar a cabo sus propios fieles. Pero en estos casos también se burlan las más elementales normas de protección y seguridad laboral.

«No es por la religión, tampoco admitiríamos un supermercado»

La postura vecinal contra el uso como mezquita del antiguo gimnasio «no tiene nada que ver con la religión», aseguró el presidente de la Asociación de Vecinos de Cuatro Santos, Juan Uribe. «Habría una respuesta negativa aunque se tratase de un supermercado, porque el problema es que no hay aparcamiento suficiente para acoger a 200 o 300 personas que vengan en su coche a la vez, hagan lo que hagan aquí», apuntó. De ahí las pegas que plantearon a la alcaldesa, Ana Belén Castejón.

El templo de San Antonio el Pobre sigue paralizado y sin visos de seguir adelante

La falta de licencia de obras, que motivó la paralización de los trabajos que habían comenzado a finales de diciembre de 2018, en un local que da a la Plaza San Francisco, sigue siendo el principal escollo para convertir ese bajo en una mezquita. El local tiene 700 metros cuadrados y está en el edificio del aparcamiento en superficie del número 10 de la calle San Antonio el Pobre, en la esquina con Caballero y la Glorieta.

A principios de enero, agentes de la Policía Local comprobaron el almacenamiento de material de obra dentro y también que no había permiso municipal alguno para trabajar allí. Alertada por esta circunstancia, la Concejalía de Urbanismo decretó la suspensión de cualquier actuación.

La iniciativa de crear allí un templo, promovida por la Comunidad Musulmana Al-Furqan, no cuenta con las simpatías de los establecimientos de hostelería de la cercana Plaza de San Francisco. Los hosteleros ya indicaron hace seis meses, que temen que su implantación «pueda atraer a fanáticos», generar aglomeraciones y restar clientela a la que ya es la principal zona de terrazas de la ciudad. Esos temores siguen latentes.