«Una traducción es buena si el lector cree que ha sido labor de su autor»

Francisco Campillo. / GUILLERMO CARRIÓN / AGM
Francisco Campillo. / GUILLERMO CARRIÓN / AGM

Francisco Campillo, profesor de Lengua en el IES Floridablanca y traductor

MARIELA FASOLI

El profesor de Lengua y Literatura Españolas del instituto Floridablanca y traductor Francisco Campillo (Murcia, 1961), ha sido nombrado 'Cavaliere dell'Ordine del Merito' de la República de Italia por su trabajo como traductor, labor que desempeña desde hace 21 años.

-¿Qué significa para usted haber sido nombrado 'Cavaliere'?

-Mi propósito cuando presenté mi candidatura era hacer un homenaje a mi mujer, Piedad. Nuestra relación empezó justo cuando comencé a traducir, y ella me dejó muy claro que me apoyaría siempre. Así que el significado de ser 'cavaliere' es ese, que se lo ofrezco a ella.

-¿Por qué decidió traducir ensayos del italiano al español?

-Mi tío, Joaquín Campillo, catedrático de Filosofía en Madrid y traductor, despertó en mí el interés por las lenguas extranjeras. Mi primer libro en italiano me lo regaló él; de ahí nació una curiosidad que no se ha acabado.

-¿Cuántos idiomas conoce?

-Italiano, inglés, catalán y una chispita de francés.

-¿Qué otro tipo de obras ha traducido y de qué idiomas?

-Siempre he traducido ensayo humanístico, sobre filosofía y todas sus ramas, historia, artes visuales, música y política, entre otros. Siempre al español. Del italiano unas treinta, del inglés una docena.

-¿Qué es lo más difícil a la hora de traducir?

-Saber escribir bien en español. Tu traducción es buena si nadie se pregunta quién la ha traducido, si el lector cree que ha sido directamente el autor. Hay que ser invisible. Ese efecto solo se consigue manejando bien tu propia lengua.

-¿Hay alguna otra dificultad?

-En mi caso, sí. Al tratarse de un ensayo especializado, tienes que conocer un vocabulario con muchos siglos de historia investigando, acudiendo a las fuentes. Me gusta entender cada traducción que entrego. Le pido a la gente que sabe que me explique cosas. También ayuda la correspondencia con el autor en el proceso para resolver dudas.

-¿Qué personaje de ficción le gustaría ser?

-De ficción, no. Dos personajes reales, mis dos hijos, el Bambino y Josico, me gustaría ser ellos, ahora y en el futuro. Estoy muy orgulloso de estos dos 'personajes'.

-¿A qué época le gustaría viajar si pudiera?

-Me gustaría volver a vivir la Transición. Era adolescente, pero me gustaba saber sobre la política de entonces. Echo de menos el valor y la valía de aquellos políticos tan menospreciados hoy: Suárez, Gutiérrez Mellado, Fernández Ordóñez, Carrillo, Fraga, Felipe González, Juan María Bandrés, Josep Tarradellas, etcétera. Me parto de risa con la tesis del 'cierre en falso'. ¿Qué político de hoy tendría la talla para manejarse con aquella época?

-¿Cómo es darle clase a los alumnos hoy en día?

-Los críos son críos siempre. Ahora bien, lo más importante de mi trabajo es transmitir conocimiento: solo hay una persona que le va a contar a un niño quién era el Arcipreste de Hita o Cervantes, solo uno en toda su vida. Eso es importantísimo. Si los políticos nos ponen difícil esa tarea se nos quitan las ganas. La descomunal burocracia y la intromisión gratuita por parte de la Administración en nuestro trabajo limitan. Por otra parte, me parece que en nuestra Región no ilusiona mucho el ideal de la escuela pública. Creo que se prefiere o se busca otro tipo de profesor y otro tipo de alumno para nuestra sociedad.

-¿Ha muerto el amor por la lectura entre los más jóvenes? ¿Cómo se puede reavivar?

-Nunca ha habido en nuestro país tantos lectores adolescentes y tantos libros dirigidos a ellos. La lectura siempre ha tenido competencia: antes era jugar en la calle; ahora, el móvil. Pero creo que hoy leen más que nunca. Los padres están también más concienciados y se implican en estimularlos, mucho más que en generaciones pasadas, y que en la mía, por supuesto.