La Torre de Nicolás Pérez

Vecinos portan la imagen de San Nicolás, en una procesión, durante las fiestas de 2017. / AC
Vecinos portan la imagen de San Nicolás, en una procesión, durante las fiestas de 2017. / AC

JOSÉ SÁNCHEZ CONESA

Mi compañero cronista de Cartagena Francisco J. Franco y un servidor hemos recibido el encargo de escribir un libro sobre La Torre de Nicolás Pérez, una localidad situada en la zona oeste del municipio. La junta directiva de la Asociación de Vecinos, que preside Alfonso Agüera Martínez, nos convocó, además, a otro reto: ser pregoneros en las fiestas patronales el próximo viernes 17 de agosto, un acto que se celebrará a las 22.30 horas. Hablaremos sobre este rincón de la ruralía cartagenera, con presencia humana milenaria.

En efecto, los orígenes remotos se evidenciaron en las cuevas Bermeja, el Negro y el Macho, con restos arqueológicos datados entre el Paleolítico Medio y el Superior. Eso nos hace afirmar que estas escarpadas tierras, con numerosos refugios naturales, estuvieron pobladas desde hace 35.000 años por cazadores y recolectores de frutos silvestres.

Aquellos homínidos, también dedicados a la pesca y al marisqueo, practicaban ciertos rituales religiosos, enterramientos y canibalismo. Muy posteriormente se asentaron los árabes en algunos de los parajes de la actual diputación de Perín, a la que pertenece La Torre, tal y como revela la toponimia: Galifa o La Azohía, lugares de poblamiento disperso entre los siglos VIII y XIII en alquerías o casas de labor diseminadas.

En la zona había torres o casas fortificadas que permitían la vigilancia del territorio, en caso de asaltos de piratas

El topónimo Perín comienza a documentarse a principios del siglo XVI. Se conoce la existencia de una familia de herreros ligados a la ganadería, procedentes de alguno caseríos que siglos después formaron el municipio de La Unión. Estos migrantes hicieron fortuna, asentando sus raíces en el lugar, entre ellos Nicolás Pérez y su familia, señores de la Torre.

Estas torres o casas fortificadas tenían como principal misión la vigilancia del territorio. Además, acogían a los pobladores vecinos en caso de asalto y realizaban señales lumínicas para informar del peligro a otros lugares de residencia, castillos y fortalezas. De ellas hemos de destacar la torre Rubia, Moro, Rame o del Negro.

La información que recopila mi colega y amigo Paco Franco indica que las primeras referencias a la torre, demolida posteriormente, fue construida por un hijo del jurado Bartolomé Pérez, quien controlaba las incursiones de los piratas berberiscos que se internaban tierra adentro por La Azohía. Nuestra torre recibía señales de alarma de la de Santa Elena, situada en esa última localidad costera, desde donde avisaban a la Rubia, ubicada en Molinos Marfagones. Lo hacían con humo, si era de día, o encendiendo fuego, si era de noche.

Los intereses ganaderos, agrícolas y concejiles llevan a Jusepe Pérez a comprar un título de regidor, lo que hoy conocemos como concejal, a Sebastián Saura en 1596.

De La Azohía a Fuente Álamo

Es ese Nicolás Pérez el que da nombre al lugar de la torre y también al paraje de Campo Nubla conocido como Los Pérez de Arriba. Nicolás Pérez de Cáceres situó su emplazamiento en un lugar algo escondido para ser torre vigía, poco visible desde la costa de La Azohía e Isla Plana. Se trata de un rincón perdido para guardar tras sus muros una hacienda con tierras, ganados, huerta y noria; pero bien orientado hacia otras torres cercanas que le pudieran avisar de algún peligro inminente y con magníficas vistas al Mar Menor y Cartagena.

A este morador se le señala como responsable de la defensa de la zona y se le exige el mantenimiento de diversas atalayas defensivas, algo que denota tanto la extensión de sus intereses como las potestades que la Corona le viene concediendo desde hace tiempo a su estirpe. Miraban mucho al beneficio propio por ser propietarios y ganaderos en distintos puntos de una comarca que se extendía entre Fuente Álamo y La Azohía. La zona era muy rica por existir pequeños cursos de agua, abundantes pastos y frutos silvestres, como la granada, que se recolectaba en sus tupidos lentiscares.

La saga de Los Pérez, con vivienda también dentro de la ciudad, poseía en la Torre una casa de una habitación y zona de almacenamiento, con tierras de cultivo con algún tipo de riego procedente de fuente, acequia, pozo, noria o boqueras de rambla. También tenían un ejido o cabaña para el ganado y un coto de caza. Participaron en el circuito ganadero de la Mesta y en el comercio y exportación de lana por el puerto de Cartagena, junto a comerciantes genoveses. También mantenían ganados en la Fuente del Cañar, Hoya Morena y en el pozo de Bernal.

Jefe de seguridad de Franco

El franquismo elevó a un hijo del pueblo, Eusebio Torres Liarte, a jefe de la escolta personal de Franco durante 28 años. En efecto, fue jefe de Seguridad de la Casa Militar del Generalísimo, pues ya durante la guerra, primero como teniente y luego como capitán, había sido jefe de la escolta personal de Franco y responsable de Intendencia del Cuartel General.

Pero él seguía vinculado a la ciudad de Cartagena, veraneando en su pueblo y en Isla Plana, a donde acudía rodeado de una gran escolta, y participando en actos sociales. Fue el caso de la boda del afamado médico y humanista Eduardo Emilio Borgoñós Gómez con su sobrina (hija de su hermana) Pepita Martínez Torres, a la que apadrinó en ese señalado día.

Eusebio Torres influyó en el dictador para establecer en Cartagena empresas públicas que generaron en las tierras de Poniente muchos puestos de trabajo en Bazán, Refinería o Butano, recomendadas por él. Esto supuso el establecimiento de una pequeña colonia torreña en el barrio de la Concepción y en otras barriadas, como Los Barreros y San José Obrero. Eusebio Torres falleció en 1981.

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