Sebastián Raval, cartagenero y mejor músico del mundo

Partitura de una composición musical realizada por Raval./
Partitura de una composición musical realizada por Raval.

LUIS MIGUEL PÉREZ ADÁNHISTORIADOR Y DOCUMENTALISTA

Nos acercamos hoy a la figura de un músico y compositor del siglo XVI. Aunque en algunos recientes escritos sobre este personaje se nos dice que es oriundo de esta Región, nosotros afirmamos que su nacimiento se produjo en Cartagena en 1555, pues es un orgullo conocer la existencia de Sebastián Raval, hijo de nuestra ciudad y proclamado en su tiempo como el mejor músico del mundo.

Decir que Raval es un total desconocido sería una aseveración que no se ajusta a la realidad. Para los estudiosos en musicología e historiadores, la figura de este cartagenero ocupa un lugar preferente en la música compuesta en el siglo XVI. De su biografía conocemos algunos datos, gracias a los aportados por Juan Lanzón en un capitulo publicado en el volumen VII de la 'Historia de Cartagena' que dirigió Julio Mas.

Como hemos señalado, nació en la Cartagena de los Austrias a finales del año 1555. Era una ciudad que iniciaba un fuerte despegue demográfico, arquitectónico e industrial, provocado por la actividad militar del puerto.

Nuestro conciudadano fue militar, monje, compositor, maestro de capilla y músico de corte, lo que le permitió tener una vida novelesca, aventurera, religiosa y artística.

Digno personaje que no habría desentonado, para nada, en las novelas de Alatriste de nuestro admirado autor Pérez Reverte, adornado por lo que sabemos de una especial petulancia, al autodenominarse como «gentil huomo spagnuolo». Un personaje fascinante.

Al parecer era de noble familia, y durante su infancia y juventud realizó estudios musicales en nuestra ciudad, pero inclinado por las armas se alistó como soldado en los Tercios que tenían como base de reclutamiento Cartagena, de donde partían continuamente expediciones hacia Nápoles, Orán y Flandes.

Toma de Maastricht (1579)

Nuestro joven intrépido sentó plaza de arcabucero en las tropas de Vespasiano de Gonzaga, al que conocía cuando este estuvo en Cartagena por mandato del Rey Felipe II, fortificando la plaza y participando en la célebre toma de Maastricht (1579), en la que fue muy malherido. Posteriormente, tomó los hábitos en la Orden de los Capuchinos, pero a causa de sus heridas, de las cuales había quedado tullido e inválido, tuvo que abandonar por las duras condiciones de la vida monástica.

En 1592 fue aceptado en la Orden de San Juan de Jerusalén, conocida también como de los Caballeros de Malta, recuperando su profesión de músico, entrando al servicio del Cardenal Ascanio Colonna como maestro de capilla en Palermo.

Se trasladó posteriormente a Roma, donde ocupó la plaza de maestro de capilla del cardenal Peretti di Montalto, y al año siguiente comenzó a servir a Marco Antonio Colonna, sobrino y homónimo de su primer protector.

Mientras vivía en Roma, trabó amistad con toda clase de nobles, cardenales y artistas, haciéndose un hueco en el mundillo cultural de la ciudad eterna, algo que le produjo un exacerbado ego, al punto de declararse como el mejor músico del mundo. A causa de esta declaración fue retado musicalmente por Giovanni María Nanino y, poco después, por Francesco Soriano. El tribunal, formado por expertos músicos, declaró vencedores a los contendientes de Sebastián Raval en ambos casos, aunque con una posterior reclamación de Raval, éste fue declarado como «El mejor músico del mundo».

El 28 de abril de 1595 tomó el puesto de maestro de capilla en la iglesia virreinal de los virreyes españoles en Palermo, en Sicilia, centrándose en su faceta de compositor. Publicó al año siguiente madrigales y piezas para laúdes, címbalo y violas de arco, junto a numerosas obras religiosas y profanas de diverso estilo.

Competición en Roma

Los diez años durante los cuales Raval estuvo viviendo en Palermo, hasta su muerte en 1604 a los 54 años, le permitieron llevar una holgada vida. Allí disfrutó del gran favor de los virreyes españoles, seguramente debido a su origen español y a sus notables valores musicales.

Pasando este cartagenero a la historia de la música como alguien que, a pesar de su carácter petulante, pretencioso y muy engreído, fue un gran músico y compositor por su ductilidad y variedad, al cultivar las formas vocales religiosas y profanas, adentrándose en el terreno de las instrumentales con talento y personalidad. Pero, además, su producción es una de las más ricas de la segunda mitad del siglo XVI, en lo que se refiere a la música española. Raval compuso 117 piezas vocales, en lo que únicamente le aventajan Francisco de Guerrero con 248, Tomás Luis de Victoria con 192 o Juan Esquivel de Barahona con 157. Si a ello añadimos las veintitrés obras que, compuso para música instrumental, su producción total asciende a 140.

Recuperamos su historia para recordar la importancia de este personaje en un determinado tiempo y para fomentar el estudio de aquellas personas que supieron asombrar al mundo, aunque hoy día estén un tanto olvidadas en la tierra donde vieron por vez primera la luz. Y para terminar, una cita de Gabriel García Márquez, apropiada para Sebastián Raval: «Era un desconocido más en la ciudad de los desconocidos ilustres».