La ruina está a un paso del Parque Torres

Acceso vallado que bordea el Parque Torres y conduce a la entrada suroeste. :: j. m. Rodríguez / AGM/ FOTOS
Acceso vallado que bordea el Parque Torres y conduce a la entrada suroeste. :: j. m. Rodríguez / AGM / FOTOS

El camino que sube desde la calle Concepción sirve de aparcamiento incontrolado junto a las laderas del cerro, de apariencia inestable La basura, la maleza y los escombros rodean el clausurado acceso suroeste, que es pasto del botelleo

Eduardo Ribelles
EDUARDO RIBELLES

El Parque Torres, orgullo de la ciudad desde su inauguración como jardín municipal en 1924, es muy frecuentado por cartageneros y turistas que pueden elegir si disfrutan de una subida agradable hasta allí por dos escaleras (Doctor Tapia, bordeando el Teatro Romano, y junto a la Catedral vieja, desde la Plaza Condesa de Peralta) o por una cuesta con balaustrada (desde la Muralla del Mar). Pero el Cerro de la Concepción en el que esta el vergel tiene un lado oscuro, una cara manchada por la suciedad entreverada en la maleza y que se asoma a la Plaza de San Ginés desde la calle Concepción y la tapiada calle Faquineto.

«Aquí vivía gente muy modesta hasta hace veinte o treinta años. Todo esto eran casas», señaló ayer María del Rosario Martínez, moviendo el dedo hacia la Plaza de San Ginés y la calle Concepción. Su vivienda con jardín es la única que ha sobrevivido en la ladera suroeste del cerro, a los pies de una de las entradas al recinto ajardinado.

«Todos se fueron y las viviendas acabaron en ruinas», añadió esta profesora jubilada de 77 años. Los solares que lindan con la calle Cuatro Santos fueron adquiridos para construir dos edificios gemelos más modernos. Pero uno de ellos quedó a medio hacer. De aquella obra inacabada viene parte del aislamiento y los problemas. «Una pala rompió la escalera que formaba la calle Faquineto. No solo eso, se cargó un desagüe, que por entonces ya solo era el de mi casa», apuntó. Desde entonces, la escalinata ha estado parcialmente derrumbada e impracticable para su uso como acceso.

La calle Faquineto lleva cerrada desde que en 2014 una pala que trabajaba en un edificio la destrozó

Casi todas las casas de la ladera han desaparecido. Solo una familia reside allí y pide un acceso digno

En suma, la subida por allí quedó condenada, por peligrosa. Las criticas de dos partidos que han caído casi en el anonimato (IU y Socialistas por Cartagena) surtieron efecto, aunque solo de manera paliativa, ya que el equipo de Gobierno de Pilar Barreiro (PP) decidió vedar el paso con una valla metálica cubierta con un cerramiento claramente provisional, que se ha convertido en permanente. La reparación nunca tuvo lugar.

La diferencia con otros lugares desolados del casco histórico, como la falda oeste del Molinete y la calle Morería, con su acumulación de solares, y los que se extienden por el Monte Sacro, es que hay planes para recuperarlos. En el segundo caso, hay dos remodelaciones en marcha y en el primero, al menos las parcelas están correctamente valladas.

Envases y latas de cerveza

Para subir de manera más o menos segura a su casa, María del Rosario tiene que tomar un camino de tierra que fue abierto como vía de entrada desde la calle Concepción, para la construcción de dos edificios gemelos. Es un vial sin salida y, actualmente, solo lo emplean los automovilistas que buscan aparcamiento gratis en el casco histórico y los jóvenes que ascienden a pie para hacer botelleo y sortean una valla que puso el Ayuntamiento para vedar la entrada al parque por unas escaleras. La acumulación de latas de cerveza y de refresco y de otros envases lo pone de manifiesto.

Los muretes que flanquean esa entrada están muy deteriorados. «No es un caso aislado. Pasa lo mismo en toda la ladera. Los tabiques traseros de las casas que han desaparecido estaban encajados en esa cara del monte. Y han cedido en algunos puntos en los que la tierra se desborda cada vez un poco más cuando llueve», advirtió la mujer.

No solo eso, toda esa cara del monte está llena de una vegetación descuidada, incluso en la parte delimitada por las vallas del parque. «No recuerdo cuando fue la última vez que vi que realizaran un desbroce de esa zona», comentó la vecina.

Hay otra subida a esa entrada del Parque desde calle Gisbert, cuyo estado no es mejor. Se trata de la calle Escipión, que comienza junto a las Escuelas Graduadas y es poco más que una senda sin urbanizar, con bastante pendiente y en la que es fácil caerse. Nadie la utiliza a día de hoy y quien está por esa zona, prefiere andar unos cientos de metros para subir por el Ascensor Panorámico, pagando un euro, o hacerlo gratis por las escaleras de caracol que lo rodean.

Vivir en ese entorno cada vez más degradado ha curtido a María del Rosario. Hace frecuentes visitas al Ayuntamiento para denunciar la situación y ha tomado algunas decisiones, bien asesorada, para no sucumbir a las incomodidades que le genera la vida en el domicilio que esta jubilada comparte con dos de sus cuatro hijos. La colocación de un pilón para evitar que los coches de otras personas le impidan llegar con el suyo a su casa es solo una de ellas. Esas medidas paliativas son las únicas que ha podido impulsar esta mujer en su propio provecho. En cuanto al resto, sus peticiones han caído, hasta ahora, en saco roto

La actual Corporación y el equipo de gobierno (MC y PSOE primero, los socialistas en solitario, ahora) no ha encontrado una solución. En diciembre de 2016, todos los grupos políticos apoyaron una moción del Grupo Municipal de Ciudadanos para impulsar «un plan integral para mejorar el Parque Torres, el auditorio anexo, que es el escenario principal de La Mar de Músicas, y la recuperación de las entradas al monte desde las zonas norte y sur». Nada ha cambiado.

La segunda es «el ascenso desde las calles Escipión y Faquineto». El 2 de enero de 2017, Ciudadanos se quejó de que no había ningún signo de mejora y de que tampoco tenía noticias de si hay un plan al respecto.

El restaurante, abandonado

El proyecto de darle algún uso al recinto que albergaba el restaurante, junto al auditorio y al lado de la entrada principal al Parque Torres, ha caído en el olvido. El establecimiento cerró hace una década y las dependencias que ocupaba han sido pasto del vandalismo. A principios de año sufrieron desperfectos causados por parte de grupos de incontrolados que se colaron en su interior.

El plan de mejoras, dotado con 180.000 euros en 2017, supuso cambiar farolas viejas, adecuar los accesos al auditorio y realizar mejoras en su graderío. Sin embargo, no ha tenido ninguna influencia en el antiguo restaurante.

Matojos y residuos en la subida

El Ayuntamiento mantiene vallada y cerrada la escalera de subida al Parque Torres por el suroeste. Sin embargo, allí aparecen, una y otra vez, residuos (botellas, latas y vasos de plástico) que ponen de manifiesto que el lugar es utilizado para hacer botelleo. Ademas, los escalones están plagados de matojos y los poyetes que hay a ambos lados están muy deteriorados.

La calle Tomás Subiela, en obras

La obra iniciada en la calle Tomás Subiela, que unía por medio de una escalinata las de Cuatro Santos y Concepción, remediará un defecto estructural que tenía. Los escalones fueron realizados con una pendiente incorrecta, que hacía arriesgado subir por ellos. Por el momento, los obreros han hecho las demoliciones. Antes de Navidad deben reconstruir la escalera.

Los cascotes pueblan toda la zona

La trama urbana alcanza en esta zona una degradación propia de otros barrios como el Monte Sacro y la Morería Baja en sus peores tiempos. Hay restos ruinosos de fachadas y cerramientos de inmuebles que delimitan algunos solares que dan a la calle Cuatro Santos. También un edificio que quedó con un ala a medio construir y cuya parte trasera está en la ladera suroeste del Cerro de la Concepción. Prácticamente nada de lo que todavía queda en pie es aprovechable.

Vallas provisionales y terraplenes

Una valla provisional delimita el sendero de paso junto a la ladera suroeste del Parque Torres. A un lado hay inmuebles estropeados y al otro está la montaña que asciende hacia el jardín, sustentada por muros y paredes de antiguas viviendas, que fueron abandonadas y se desplomaron hace décadas. Todo tiene una apariencia inestable y se nota que, en algunas partes, la tierra ha comenzado a rebosar y caer arrastrada por el agua de lluvia.

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