'Roche por ejemplo'

Francisco Bastida, en Roche. / ANTONIO GIL / AGM
Francisco Bastida, en Roche. / ANTONIO GIL / AGM

TOMÁS MARTÍNEZ PAGÁN

«Los primeros rayos del sol asoman tímidamente detrás del Cabezo de Roche, el aire está en calma, el cielo impoluto, un día espléndido se nos anuncia. Desde lo alto del tejado nos llega, desde hace buen rato el intermitente 'put-put' de un macho de abubilla (nuestra simpática porputa) que debajo de su ostentoso moño, plegado-desplegado, anuncia a quien quiera escuchar que está buscando novia.

Desde el gran viejo pino, testigo de tantas comidas comunales al cobijo de su fresca sombra, interviene con su gutural 'gut-gluuut' un palomo de tórtola, contestado al poco por otro gluten de flauta desafinada. De un corral cercano nos llega, penetrante, el 'kíkiriki' de un gallo que, inmediatamente, paradigma y colmo de la chulería, despliega sus alas y las sacude, proclamando y exhibiendo con su hermoso plumaje y el buche abultado como un personaje tripón, quién es el que manda en el gallinero. Le sucede un permanente cacareo, asentimiento de todo su harén. El cortejo está en su apogeo.

Los amaneceres y las primeras horas de las mañanas de marzo a mayo son los momentos más dulces en Roche. En primavera, cuando esta ha recibido en su momento la caricia húmeda de la lluvia, el encanto se multiplica. La temperatura, lejos del cálido abrazo de mediodía, invita a la actividad. La modesta frondosidad de nuestra vegetación exhibe toda su lozanía; el fresco y el relente de la humedad, que se acerca por la noche desde el mar, le ha devuelto vitalidad».

Con el libro, Francisco Bastida hace justicia a la gente modesta de los pueblos, en los que pasan muchas cosas

De esta manera habla y escribe nuestro paisano, Francisco Bastida Martínez, que nació en Roche, pueblo al que ama hasta lo más profundo. Trabajó en la antigua Bazán, estudio Magisterio y, posteriormente, se licenció en Filosofía y Letras, en la Universidad Complutense de Madrid, concretamente en la rama de Geografía e Historia. Su vida profesional ha transcurrido entre escuelas de Primaria e institutos de Secundaria. Es coautor de varios libros, el último de los cuales, 'Roche por ejemplo', está dedicado al pueblo que le vio nacer.

Desde 1968, Paco acariciaba la idea de escribir sobre el pasado y el presente de Roche, sobre la historia de su pueblo. Me contaba que cuando se puso a la tarea de buscar datos, de recabar informació, de escarbar en los archivos y, en definitiva, de investigar, siempre tuvo presentes a todos los vecinos y vecinas, amigos todos de este pueblo común, Roche. Ha conseguido dividir el contenido de tan magnífico libro en dos partes. La primera habla de la historia del pueblo, relacionada con la de la Región y la de España. La segunda narra detalles menores, más triviales, acerca del teatro, de las fiestas, de los sucesos y de los deportes. Así, boceta distintas escenas muy reconocibles.

Escribir un libro tan amplió en contenidos, sobre un pueblo tan pequeño y poco conocido viene motivado por la necesidad de hacer justicia y dejar constancia de que lo que parece menor también existe. A la gente modesta y callada también le ocurren cosas que, como minúsculos granitos de arena, forman parte del edificio de la historia grande. De ello da buena fe el alcalde de La Unión, Pedro López Milán, quien, durante la presentación del libro, dijo: «La memoria y la historia de un pueblo nunca se puede olvidar. Por eso es fundamental el libro de Paco Bastida, ya que documenta los rasgos de identidad, las costumbres y las tradiciones de un pueblo que se ha forjado con el trabajo y la bondad de sus gentes».

Roche ha sido siempre una buena tierra, un buen lugar donde ir, en el que siempre te encuentras cómodo, como en casa. Eso se debe a la forma de ser tan particular de todos aquellos que, a lo largo de los siglos, han ido moldeando las singularidades de un lugar tan excepcional para ser visitado y para ser vivido. Uno de esos puntos de obligada visita es el Museo Etnológico de Roche, en el que podemos conocer parte de la historia del pueblo. Aunque es pequeño, cuenta con gran número de piezas: pesas, candiles, lebrillos, morteros, vidrios, útiles labriegos y valiosas piezas antiguas.

Justo enfrente hay otro lugar de obligada visita, el Bar Los Roches, cuyo propietario es mi amigo Julián. Allí fui a tomar el aperitivo con unos amigos la última vez que visité la localidad. Primero cayeron unas cañas para acompañar unos caracoles en una salsa sabrosísima, complemento perfecto de los 'chupaeros'. Pasarnos a unas cazuelas, pequeñas pero bien colmadas de michirones con patatas de El Algar, que estaban riquísimas. Eran menuditas pero estaban en su punto de picante. «Ni Federico Trillo, en sus buenos tiempos los hubiera mejorado», dijo Rafael.

Siguió Julián sorprendiéndonos con más cazuelas; esta vez, una de ternera con guisantes ¡y que pedazo de tapa!, con una ternera cocinada al estilo casero y acompañada de una salsa que permitía meter cuchara y 'sopar' hasta dejar limpia la cazuela. Fue este el momento elegido para hacer un cambio de vasos y descorchar una botella de Ramon Bilbao para acompañar los siguientes platos: una bandeja de queso de oveja al romero de Gómez de Herencia y un caldo con pelotas caseras, de pequeño tamaño pero de gran sabor, realmente especiales. Para terminar, nos trajo unos callos de cordero en la misma línea de calidad que todo el producto anterior.

Un gran aperitivo que se convirtió en el marco perfecto para hablar de ese gran libro que al principio les comentaba y que, según todos coincidimos mientras terminábamos con los últimos sorbos del Rioja con apellido de Cartagena, es uno de esos libros que se tiene que leer ya que, a través de Paco Bastida se descubre un interesante recorrido por la historia de este singular y querido pueblo.

Termino hoy con una reflexión, de esas que te ponen a pensar y que a mí tanto me gustan: «Donde hay soberbia, habrá ignorancia. Donde hay humildad, habrá sabiduría». Yo creo que queda claro.

 

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