«Queremos que el nuevo dueño dé la cara y nos proponga una solución»

Un inquilino lleva garrafas a una fuente, para llenarlas. / P. S. / AGM
Un inquilino lleva garrafas a una fuente, para llenarlas. / P. S. / AGM

Las familias, entre las que hay niños, piden pagar un alquiler para no quedarse en la calle y aseguran que respetan a los vecinos

Eduardo Ribelles
EDUARDO RIBELLES

«Que el propietario dé la cara. Por aquí no ha pasado nadie a hablar con nosotros, a pedirnos nada, ni a hacerse responsable de la situación», apuntaba ayer Agustín, mientras sacaba un carro de garrafas de agua, para llenarlas en la fuente de la puerta del Parque de Artillería. «Como nos han dejado sin servicio, tenemos que ir todos los días a la fuente, para tener para beber y para lavarnos», argumentó.

Este viaje de ida y vuelta, entre el segundo piso del número 37 de la calle San Vicente y la plazoleta, se ha convertido en una rutina más para este hombre, padre de cuatro hijos. Lo hace cada día, tras recoger a la pequeña de una guardería y antes de preparar algo de comer, con los precarios medios del piso.

En una vivienda contigua reside su cuñado, con su mujer y dos hijos. En otro piso hay un joven también con pareja y un niño pequeño. Al menos hay dos familias más que viven en el mismo bloque y que también serían desalojados. Algunos de los antiguos inquilinos que se han marchado hablan de que en la zona ha habido trapicheo con drogas y que una de las personas que residía allí irregularmente organizaba peleas de perros.

Por supuesto, Agustín niega todo eso y asegura que en varias ocasiones ha reclamado poder regularizar su situación. «Nosotros estamos dispuestos a pagar un alquiler, si llegamos a un acuerdo con el dueño y nos da una solución», indicó. Y le atribuyó la falta de los servicios de luz y agua corriente, que reclamó que sean reactivados.

Cierre de comercios

También ha habido un éxodo de comercios. Prácticamente ninguno de los establecimientos que han cerrado en los bajos de la zona ha sido sustituido por uno nuevo. Entre las excepciones hay una peluquería para hombres. El otro intento, realizado por el propietario del número 37 de la calle San Vicente, reveló los enganches irregulares a los servicios de agua y de luz.

Los propietarios de las tiendas que quedan no han sentido miedo por un aumento de la inseguridad. Sin embargo, sí reconocen la degradación social y urbana de esta parte del casco histórico y la mala imagen que da.