«La población no es consciente del riesgo que supone la exposición al sol»

Irene Pardo. / EDU BOTELLA / AGM
Irene Pardo. / EDU BOTELLA / AGM

Irene Pardo Sánchez, biotecnóloga y premio Joven Extraordinaria de Cartagena

RUBÉN SERRANO

Fue uno de sus profesores del instituto de La Vaguada el que le inculcó el amor por la ciencia, y más concretamente por la biología. Ahí, en plena adolescencia, empezó a picarle la curiosidad a Irene Pardo (Cartagena, 1995), al tiempo que dedicaba su tiempo libre a jugar al bádminton y a leer las novelas históricas del escritor catalán Ildefonso Falcones. Ahora, esta joven aventurera trabaja en Murcia, en la tercera planta de la Facultad de Biología. Es graduada en Biotecnología y, desde diciembre, es doctoranda en Biología Molecular y Biotecnología, gracias a una beca concedida por la Asociación Española de Lucha contra el Cáncer (AECC). Durante cuatro años estudiará un tratamiento del melanoma, el cáncer de piel más agresivo. La Concejalía de Juventud del Ayuntamiento de Cartagena le ha otorgado el premio a la joven talento del año 2018, el Premio Joven Extraordinaria. Ella, afirma, se siente en una nube.

-Últimamente todo son noticias positivas para usted. Y encima es profeta en su tierra, que nunca es fácil. ¿Cómo se siente?

-La verdad es que he tenido mucha suerte. A raíz de que la AECC me concediera la beca [de tres años y prorrogable a un cuarto] todo han sido alegrías. Cartagena es mi ciudad, tengo mi vida en Murcia y la echo de menos, porque allí tengo a toda mi familia. Esta semana recibí la llamada del concejal de Juventud [David Martínez] para comunicármelo. Estuvo muy reñido y es bonito que se acuerden de mí. Me dijeron que es importante para darle visibilidad, porque puedo ser un ejemplo a seguir para el resto de jóvenes que están formándose.

-¿Por qué decidió investigar el melanoma? ¿Qué lagunas y carencias ha detectado?

-Es un tipo de cáncer de piel con mucho riesgo. Para prevenirlo es importante controlar la exposición al sol. La gente no es consciente de eso, ni de los rayos ultravioletas para ponernos morenos, y no somos conscientes de no estar expuestos desde las dos hasta las cuatro de la tarde, sobre todo. Y más en una ciudad con un clima como Cartagena. Últimamente es un cáncer que no para de crecer; se han quintuplicado los casos. Es muy importante que la gente esté sensibilizada, que se le pueda dar visibilidad.

-¿Qué riesgos hay?

-Es un cáncer que si se detecta a tiempo se puede tratar, porque en ese caso solo requiere de una intervención quirúrgica y tenerlo controlado. Si no es así, puede producir metástasis y entonces ya es más agresivo. Pertenezco al grupo de Inmunidad, Inflamación y Cáncer de la UMU [con otra veintena de personas, que trabajan en campos diferentes y bajo la tutela del docente Victoriano Mulero]. En mi caso, trabajo con ejemplares de pez cebra [entre unos 50 y 200], porque tienen la piel transparente. Aplicamos dos genes [DUOX1 y XDH] para ver si existe un tipo de respuesta inmune, qué impacto tienen e indicarnos el tratamiento o una medicina personalizada. Aún es pronto para sacar conclusiones, porque depende del experimento. Los hay de días y otros, como es el caso, de un mes y medio, aproximadamente. Los resultados podrían ayudar a poner en marcha tratamientos personalizados para los pacientes.

-¿Siente que a su generación le dan las oportunidades suficientes para poder progresar?

-No. No se dan las becas suficientes. Ni hay bastantes ni se dan en el tiempo que realmente se necesitan. Normalmente suelen tardar y estás, perfectamente, seis o siete meses sin beca, cuando deberían estar al mismo tiempo que inicias el doctorando. Realmente, viendo cómo están las cosas, yo he tenido mucha suerte. Otras personas no han tenido esta oportunidad. Terminé el instituto, la carrera y luego ha venido todo muy rápido, muy seguido, y son momentos que tienes que aprovechar. Ahora quiero centrarme en estos cuatro años, seguir investigando y, probablemente, enlazarlo con una investigación postdoctoral.

 

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