Una plaga de ratas en los solares indigna a vecinos y comerciantes del casco histórico

Un hombre pasea junto a un solar abandonado de la calle San Diego, lleno de maleza, escombros y basura. / pedro martínez / agm
Un hombre pasea junto a un solar abandonado de la calle San Diego, lleno de maleza, escombros y basura. / pedro martínez / agm

Los roedores se cuelan en las viviendas de las calles San Diego y San Crispín y merodean por las zonas verdes de la Muralla Púnica

RUBÉN SERRANO CARTAGENA

El abandono, el calor y, sobre todo, la falta de limpieza en los solares ha provocado la proliferación de roedores en el casco histórico. La han tomado especialmente con las numerosas parcelas descuidadas de las calles San Diego y alrededores, repletas de maleza y basura: son un lugar idóneo para la cría y el refugio de estos desagradables mamíferos, que traen de cabeza a los vecinos y comerciantes de la zona. No en vano, los bloques de viviendas y los bares están a escasos metros de las parcelas. Llevan varias semanas cruzándose con ellas, sobre todo al caer el sol.

Los residentes las han visto corretear entre los matorrales, escalar e incluso comer en los contenedores de basura, pero donde peor lo pasan es en la calle San Crispín. La casa de Caridad Sánchez, por ejemplo, está cerrada a cal y canto, escoltada por dos grandes solares de titularidad privada. El primero da a la parte trasera del aparcamiento del hotel Los Habaneros. Es el más descuidado y el que ha traído problemas a dos bloques de viviendas. La parcela está repleta de escombros y agujeros de madrigueras, aunque la preocupación es una higuera abandonada de gran porte, pegada a las casas, que atrae a todo tipo de insectos: mosquitos, avispas y pájaros picotean del dulce fruto. También lo hacen las ratas, que trepan por las ramas hasta colarse en las cocinas de los inquilinos.

EN DETALLE

Casco histórico
Vecinos y comerciantes han visto a los roedores por las calles San Diego, San Crispín y sus alrededores.
Solares
En estas calles del casco histórico hay solares descuidados, llenos de maleza y basura y que no se han limpiado.
Roedores
Hacen madrigueras en las parcelas y se alimentan por la noche, cuando salen por los contenedores y zonas verdes.
Viviendas
Vecinos de la calle San Crispín conviven con una higuera de gran porte por la que trepan los pequeños mamíferos.
Sin respuesta
El Ayuntamiento ha iniciado un proceso de ejecución subsidiaria en un solar, pero no responde al problema de plagas.

«Tengo hijos y nietos y no hay derecho a vivir en estas condiciones de insalubridad. He tenido que llamar a la empresa de plagas para que sellen varios puntos de la casa, donde encontraron restos de excrementos, y un ejemplar muerto debajo del lavavajillas, y al albañil. Comprar esta vivienda es la peor inversión que he hecho en mi vida. Me vine a vivir al casco histórico porque aquí me crié de pequeña; nunca imaginé que fuera a pasar esto», lamentó Sánchez.

«Escalan por una higuera abandonada y corretean por la cuerda de la ropa; son acróbatas»

Once meses sin respuesta

Ella ha puesto las correspondientes denuncias a los propietarios y enviado escritos al Ayuntamiento. El último, hace once meses, fruto de la desesperación, donde relató su día a día conviviendo al lado de la higuera. «No han hecho nada. He pedido documentaciones, he ido al registro de la propiedad para saber quiénes son los dueños (la constructora Icue SL) y el Ayuntamiento me ha dicho que han iniciado un proceso de ejecución subsidiaria, el primer paso para iniciar la limpieza, pero eso va lento», explicó esta vecina.

Sánchez, que «ni con un gato» logra alejar a las ratas, no entiende cómo en el casco histórico, «tan turístico y transitado por universitarios», existe un problema así de plagas. Actualmente tiene sellados los huecos del techo y comprueba a menudo el estado tanto el cableado eléctrico como de las trampillas con veneno. «Algunas son tan grandes que son inmunes. Por suerte, van a morir a la madriguera».

Su vecino Julián Vivero también las ha visto «corretear por las ramas para comerse los higos», obstruir «los conductos de ventilación» del edificio y «pasar por las cuerdas del tendido de la ropa, como si fueran acróbatas». Para los residentes de esta zona, los solares abandonados han traído como consecuencia «un bombardeo continuo» de roedores, acentuado conforme las explanadas han acumulado residuos y la higuera, más tamaño.

Pero la calle San Crispín no es la única zona del casco histórico donde se han dejado ver los pequeños mamíferos al caer el sol. También los hay en los jardines, como el de la Plaza de Jaime Bosch. Salvador Carrillo, que pasea por ahí a diario, ya está acostumbrado. «Éste siempre ha sido un sitio de ratas. Todo está lleno de solares muy descuidados. Deberían limpiarlos. Hacen sus huecos ahí y no las ves durante el día», dijo, señalando, a lo lejos, una parcela de la calle San Diego donde se ven matorrales, plásticos y latas. Otro ciudadano, Rafael García, cree que el problema son las actitudes incívicas. «La gente tira la basura a los solares. Más que ratas, parecen conejos». En el Callejón del Herrero, de hecho, hay pintadas que indican a los vecinos de que no arrojen allí los desperdicios.

Cerca de la Muralla Púnica

La situación la sufren los residentes y también los comerciantes, como Pedro Maestre, dueño de la panadería de la calle San Diego. «Siempre llevo mucho cuidado, sobre todo ahora en verano, y procuro poner mosquiteras y tener el local ventilado. Las he visto con mis propios ojos comiendo desperdicios de los contenedores. Los solares parecen selvas y ahí crían». También opina igual el propietario del restaurante Ideal, José Andrés Fernández, a escasos metros del Museo Regional de Arte Moderno. «La zona está cada vez más abandonada. Hay mucha oscuridad por la noche y suciedad en los solares. Estamos abandonados». Antonio Martínez, taxista, las vio recientemente en las Puertas de San José: «Pasaron por encima de un banco y dos niños salieron corriendo. Por ahí andan los turistas a la oficina de Turismo». Y a la Muralla Púnica.

Este diario pidió información durante varios días a la Concejalía correspondiente para conocer si están tomando medidas al respecto. No hubo respuesta.

 

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