El pintor Nicomedes Gómez

El autor del libro, Diego Ortiz, con la alcaldesa y el cronista oficial Luis Miguel Pérez Adán, en la presentación del pasado 18 de enero. / A. C.
El autor del libro, Diego Ortiz, con la alcaldesa y el cronista oficial Luis Miguel Pérez Adán, en la presentación del pasado 18 de enero. / A. C.

JOSÉ SÁNCHEZ CONESA

A los treinta y cinco años de la muerte del pintor el historiador Diego Ortiz acomete una biografía rigurosa titulada: 'Nicomedes Gómez. El hombre y el artista', desmontando falsas creencias. Ha seguido la invitación de un familiar, Nicomedes Gómez Guijarro, quien regenta la conocida imprenta Gómez, fundada por su abuelo al finalizar la guerra civil.

El biografiado nace el 16 de noviembre de 1903. Ingresó con 14 años en la Sociedad Española de Construcción Naval como ordenanza con labores de cartería, ya que la situación económica familiar no le permitía otras posibilidades. Comenzó su formación artística en las clases de la Real Sociedad Económica de Amigos del País con Andrés Barceló, alumno de Ussel de Guimbarda. Ganó unas oposiciones en el Cuerpo de Auxiliares de Oficinas de la Armada, pasando a ser escribiente en Madrid. Allí decidió estudiar por libre en la Escuela Superior de Pintura de San Fernando, teniendo entre sus profesores a Julio Romero de Torres.

Comenzaría a dibujar en la prensa de la ciudad en la revista 'Cartagena Ilustrada' en abril de 1927, aunque la primera exposición de Nicomedes fue inaugurada el 28 de mayo de 1929, integrada por 54 retratos de actores, actrices o directores de cine, mediante el empleo de pluma, lápiz y pincel. Realiza colecciones para publicaciones de la Armada que le produjeran gran satisfacción pasando a ser dibujante de la Revista General de Marina, siendo director de una academia que preparaba el ingreso a la Armada. Ilustró el libro de Vicente Medina 'Belén de Pastores', una serie de villancicos de reivindicación social.

El historiador Diego Ortiz profundiza en un libro sobre el recorrido de este artista de gran espiritualidad

Permaneció fiel a la República, afiliándose al Partido Comunista de España, al tiempo que desempeñaba una gran labor propagandística como autor de carteles de guerra cuando prestaba sus servicios en el Estado Mayor del Ministerio de Marina, aunque se dio de baja de dicho partido ya en el exilio. Más tarde pasó a militar en el PSOE, que le parecía un partido más democrático. Siempre se consideró cristiano.

Campo de refugiados

En Francia le aguardaba el campo de refugiados de Argeles-sur-Mer, cerca de Perpiñán, una suerte compartida con casi 220.000 republicanos españoles. A falta de agua para sus acuarelas utilizó su propia saliva para reflejar con arte la vida cotidiana allí vivida. Los concentrados la hacían más soportable con numerosas actividades culturales como la puesta en marcha de diez coros y tres orquestas, clases de alfabetización o exposiciones de pintura y escultura.

En la ciudad francesa de Pau regentó una tienda de fotografía, cultivando el dibujo y la pintura. Para Diego Ortiz, es muy posible que fuese en estos años, principios de los 50, cuando ingresase en la masonería, aunque sin descartar que lo hiciese durante la contienda civil. La nostalgia de España le llevó a ilustrar las aventuras del Quijote entre los años 1952 y 1954 mediante 186 cuadros, unos a plumilla y otros a guache. Por este singular acto de patriotismo se le permitió un regreso temporal a España, retomando la vieja amistad con Carmen Conde. Aprovechó la Semana Santa de 1957 para regresar por unas horas a Cartagena, dedicándose a reflejar las procesiones en buena parte de sus obras para darlas a conocer mejor a otros públicos.

Embajador de procesiones

Hizo gestiones ante la Radio Televisión Francesa para que se radiase un programa dedicado a los cortejos cartageneros en marzo de 1959, además de publicar el libro 'Carthagene ma ville natale', con ilustraciones de las mismas, junto a artículos escritos entre otros por el cronista Eduardo Cañabate. Se iban sumando exposiciones en diversas ciudades galas por lo que el Ayuntamiento de la ciudad, así como los cofrades, agradecieron tal labor divulgadora.

Después vino la etapa conocida como esotérica, como señala Ortiz, quizá motivada por la visita a su amigo el pintor Vicente Ros en 1957, empeñado por aquellos años en una producción de temática filosófica y religiosa. Merced a los documentos autobiográficos conservados por otro gran amigo cartagenero, el crítico de arte Francisco Montoya García, se propone servir a Dios, aceptando todos los caminos que han seguido los hombres para encontrarse con el Creador. Desarrolló estudios de simbología, religiones comparadas y teología para ofrecernos obras de marcado simbolismo en plumilla y gouache que constituyen un canto a la unidad de las tres grandes religiones del Libro: judaísmo, cristianismo e islam. Una colección llena de luz, energía y fraternidad, en la que los diseños geométricos aportan armonía y calma, estabilidad y elevación, búsqueda y eternidad. Estas búsquedas le llevaron a la masonería y a la Antigua y Mística Orden de los Rosa-Cruz.

Nicomedes Gómez realizó portadas del 'Libro de Oro de Cartagena y sus procesiones', desde 1963 hasta 1976 y un proyecto de monumento al procesionista que venía propugnando el californio Luis Linares Botella. Pero para Diego Ortiz será esa relación paterno filial en lo espiritual con Montoya la que propició su regreso triunfal a Cartagena. Lo hizo con una gran exposición en las instalaciones de muebles Nieto en la localidad de Santa Ana, en noviembre de 1978, en la que tuvieron que ver el pintor Enrique Nieto y el periodista Cano Vera. Pasaron entre 10.000 y 15.000 personas, organizándose además otras actividades paralelas como mesas redondas, charlas y recitales poéticos.

Más tarde el Palacio de Aguirre acogió otra exposición con más actividades culturales, de la que guardo personal recuerdo pues los escolares presentes fuimos guiados de manera amena por el pintor. Cartagenero del Año (1978) e Hijo Predilecto de la ciudad, Nicomedes Gómez falleció el 3 de agosto de 1983 en el Hospital del Rosell.