Paco el del London

Joaquín Botí y Francisco Martínez, en El Vinagrillo . / ANTONIO GIL / AGM
Joaquín Botí y Francisco Martínez, en El Vinagrillo . / ANTONIO GIL / AGM

TOMÁS MARTÍNEZ PAGÁN

Días atrás, me encontré a Chano, de la Sala Olimpia, amigo de toda la vida. Fue en la calle Canales. Después del saludo de rigor, me pidió que le acompañase a El Vinagrillo, donde había quedado con un histórico de la hostelería de la Trimilenaria, Francisco Martínez, 'Paco el del London'. Acepté y entramos en este local de degustación de aperitivos.

De la mano de Chano, rápidamente se organizó un alboroque y Joaquín Botí, el propietario del local, con su amabilidad característica, nos preparó un tentempié. Descorchó un vino blanco de Castelo de Medina, reconocido tres veces como el mejor verdejo del mundo, y sirvió unas tostas de garum exquisitas. Continuamos con unos tacos de salmón con soja, unas tostas con pastel de erizo de mar y unos hígados de rape con caviar de erizo de mar.

Pidió entonces Chano un cambio de tercio en el vino y nos sacaron un Portia Prima La Encina, 100% tempranito, que Joaquín sirvió junto con unas patatas bravas, paté de faisán con pan soplado y unas alcachofas rellenas de jamón. Cuando ya creí que habíamos terminado, Joaquín sacó unos chorizos a la sidra, una cecina y una longaniza de pellizco, para terminar con unos callos con garbanzos para chuparse los dedos. Todo ello servido, eso sí, en tamaño de tapas degustación. Fue un aperitivo soberbio.

Antes de montar un bar mítico, nuestro hombre recorrió Europa para anotar lo que veía y aplicarlo a su negocio

Joaquín siempre cuenta que, cuando Fefi y él decidieron abrir El Vinagrillo en la calle Canales, su única aspiración era vender la mejor selección de conservas y vinos y ofrecer a los compradores la posibilidad de probarlos. Pero los clientes se convirtieron en amigos y empezaron a quedar allí para tomar el aperitivo y, después del trabajo, para prolongar conversaciones hasta la hora de cierre. Esto les obligó a trasladarse a un local más grande en la misma calle, donde ofrecen idéntica calidad en el servicio a sus clientes y también amigos.

En esas nos pusimos a recordar la vida de nuestro paisano Paco, que a los 9 años estaba en el internado de los Jesuitas de Orihuela, emblemático colegio por el que pasaron muchos cartageneros y donde estuvo hasta finalizar su bachiller. Volvió a la Trimilenaria, donde su padre, Francisco Martínez Sánchez, dueño de 24 cines, entre Cartagena, Orihuela, Elche, Albacete y Alicante, le puso al frente del Teatro Circo y del Central.

Y como a Paco siempre le ha gustado liderar, se marchó a conocer y a aprender más sobre el séptimo arte en los Festivales de Cannes y San Sebastián, mientras compaginaba la dirección de los cines con sus estudios de técnico en publicidad. Tras acabarlos, se puso a trabajar en la empresa F. Martínez, pero pronto la dejó para montar otra, asociado a Enrique Escudero de Castro, que después fue alcalde de la ciudad, y a Alejandro Cros, impulsor de la publicidad en la Región.

Tras la muerte de su padre, Paco heredó una buena cantidad de dinero. Y lo primero que hizo fue adquirir un automóvil con mucho estilo, un Triumph MK2. Lo segundo fue abrir el London Bar. Para montar el que fue un bar mítico, nuestro hombre decidió ir a Londres, pero en barco, y empezó allí un periplo en 'auto-stop' que le llevó por Gales, Bélgica, Alemania y Francia; siempre observando y anotando para aplicarlo al negocio.

El London nació en la Plaza de José María Artés, con cien tubos fluorescentes en el techo, una tachada de azulejos con alto relieve de cerámica y una gran barra en la que se sirvieron los primeros 'frankfurts' y las primeras hamburguesas de Cartagena. En el apartado gastronómico figuraban también unos patés de carne que traía de Benidorm, totalmente nuevos en la Trimilenaria. Contó con un asesor de lujo, Pepe 'el Cigala', que tenía siempre las mejores cervezas irlandesas y americanas y buen whisky. Con él llegaron los primeros dosificadores de bebidas alcohólicas.

El local pronto se convirtió en el centro de reuniones y aperitivos, con clientes del mundillo político. Joaquín Conesa, Andrés Cánovas y, Joaquín Campillo estaban entre los habituales. El local estaba lleno hasta las dos o las tres de la madrugada. Cuando cerraba, la costumbre era tomar la última en el Belle Epoque con la peña de amigos, entre ellos Toni Guijarro 'el Topo' y Toni Corsim. Tan bien le iban los negocios a Paquito, como se le conocía en la familia, que montó la discoteca Las Brujas en la subida al faro en Cabo Palos, también en compañía de Pepe 'el Cigala', que hacía de pinchadiscos. En Cartagena también puso 'El Bodegón', situado junto al London y dedicado al vino, los quesos y los embutidos.

Pasado algún tiempo, saturado de tanta hostelería, vendió bien sus locales y se marchó a Andorra., donde conoció a Isidre Vano, presidente del comité olímpico del principado. Con él montó una empresa de publicidad. No se quedó ahí. En Zaragoza y en Cataluña dirigió un grupo empresarial con 200 empleados, que incluía una fábrica de pinturas, un parque de maquinaria, un restaurante y una cafetería. Cuando se dio cuenta de que vivía solo para trabajar, dio un giro a su vida y lo dejó todo para vivir de las rentas.

En lo personal, se casó tres veces y tiene siete hijos repartidos entre California, Tarragona, Madrid, Cartagena, Almería y Barcelona. Con tanto ajetreo a sus espaldas, de regreso a Cartagena, su tierra, ahora dedicas su tiempo a dar paseos por la ciudad, tomar buen vino y disfrutar de la amistad de quienes le aprecian y del amor de familiares como su hermana Mercedes. Es momento de recordar lo conseguido durante su vida, como hizo con nosotros en El Vinagrillo. En esa ocasión, con el último sorbo de la copa, nos dijo al despedirse: «En Cartagena nací y aquí me bautizaron, unas veces fui feliz y otras mis ojos lloraron, pero aquí quiero morir».

Y no me quiero despedir yo hoy sin dejarles también uno de esos pensamientos que te hacen recapacitar: «Preocúpate más por tu conciencia que por tu reputación; tu conciencia es lo que eres, tu reputación es lo que otros piensan que eres». Feliz domingo a todos y que pasen una buena semana, disfrutando de este buen tiempo que la vida nos regala.