«Los niños de hoy ven una mata de habas y no tienen ni idea de lo que es»

Aurelio Guirao García, con el cartel del taller, en su establecimiento. / A. GIL / AGM
Aurelio Guirao García, con el cartel del taller, en su establecimiento. / A. GIL / AGM

Aurelio Guirao García es comerciante de frutas y verduras

Eduardo Ribelles
EDUARDO RIBELLES

Aurelio Guirao, un cartagenero que rehizo su vida profesional en La Unión como propietario de dos comercios de frutas y verduras, ha decidido dar un paso más y promocionar, de forma desinteresada, el consumo de vegetales entre los niños. Hoy mismo comienza a recibir a alumnos de centros educativos a los que mostrará productos autóctonos en unos talleres en los que los chavales podrán ver, tocar, oler y saborear alimentos que, en algunos casos, no toman habitualmente en sus casas y solo los han visto en televisión. El taller se llama 'Aprendemos a comer sano' y los primeros serán los del colegio público del Garbanzal.

- ¿Tan alejados ve usted a los niños de las frutas y las verduras?

- Son ya muchos años en los que veo cómo muchos niños se apartan de lo que creo que es una alimentación saludable. Poco a poco, pierden de vista productos típicos del Campo de Cartagena, como las alcachofas o el brócoli. Ven una vaina de guisantes y no saben lo que es, porque solo los han visto, si acaso, congelados y envasados. Es algo que puede pasar factura a las nuevas generaciones y también una pérdida para nuestro campo.

- ¿Es una cuestión de educación, o es responsabilidad de los padres?

- Un poco de cada. Pero me preocupa especialmente que los padres, por falta de tiempo, probablemente, han dejado de llevar a su casa este tipo de productos. Hacen la compra en grandes superficies, con poco producto fresco. Lo más fácil es meter una pizza al horno, que es además lo que a los niños les entra por los ojos por la publicidad de la tele. En ella, rara vez sale comida sana y, mucho menos, vegetales como las matas de habas.

- ¿Cree usted que hay posibilidad de revertir esa situación?

- Si no lo intentamos, acabaremos como en Estados Unidos, donde tienen un verdadero problema de obesidad infantil.

- ¿Y cómo se le ocurrió a usted intervenir para evitarlo?

- Ya me venía rondando la idea hace tiempo. Mi hijo, que ahora tiene nueve años, no comía fruta. Fue a una acampada en la que probó el melón y la sandía y se puso morado. Eso demuestra que a los niños no les gusta la fruta, porque no la conocen. Cuando la prueban, claro que les gusta. Así que lo pensé detenidamente, hablé con gente de un colegio y me animé. Después lo hablé con el Ayuntamiento, que organizó una reunión con los directores de los colegios, que aceptaron la idea.

- ¿De todos los colegios?

- De todos los del pueblo. Los alumnos de tercero de Primaria vendrán a la frutería que tengo en la calle Mayor número 118, que es la más grande y la primera que abrí. A las 10.30 se sentarán ante una mesa con todas las verduras preparadas y estarán una hora recibiendo información para distinguirlas e identificarlas. Habrá distintos tipo de pimientos y berenjenas, de todo. Haremos la sesión como si fuera un juego de preguntas y respuestas, en el que podrán tocar, oler y probar lo que tienen delante.

- ¿Cómo ha organizado las sesiones del taller?

- Serán todos los jueves. Ya tenemos pactadas 16, que prácticamente llegan hasta final de curso. En el caso de los centros de Portmán y de Roche, seré yo el que se desplace a los centros.

- ¿Sabe usted si en algún otro municipio de la Región se hace algo parecido?

- No lo creo, al menos no que yo sepa.

- ¿Se le ha pasado por la cabeza proponer esto a nivel regional?

- No es mala idea, pero primero prefiero ver cómo funciona aquí. Yo creo que es una buena forma de defender nuestra dieta mediterránea, que es una fuente de salud.

- De lo contrario, las fruterías y verdulerías como la suya podrían desaparecer, ¿no?

- A mí no me va mal. Tengo muchos encargos de mi clientela. Lo hago, porque no concibo que haya niños que no saben lo que se pierden al no probar la fruta y que, si no lo hacen ahora, luego no tendrán el hábito de una alimentación sana. Y me parece muy mal.