La mirada a lo invisible

El médico y fotógrafo José Carlos Ñíguez, en la Dársena de Botes. / JM RODRÍGUEZ / AGM
El médico y fotógrafo José Carlos Ñíguez, en la Dársena de Botes. / JM RODRÍGUEZ / AGM

JOSÉ SÁNCHEZ CONESA

Hasta hace unos años se valoraba la fotografía por su perfección técnica y su función testimonial, aunque muchos tardaran en valorar su capacidad artística e influencia en el arte. La fotografía es arte porque genera en quien contempla emoción estética, aunque no todos los fotógrafos sean artistas. Dalí escribía en 1927 que representaba una nueva forma de creación espiritual y que «(...) saber mirar es una forma de inventar».

En efecto, a veces tengo la sensación, ante muchas de las obras de José Carlos Ñíguez Carbonell (Cartagena, 1954), que son más obra de los pinceles que creación de la lente.

Cuando nace en 1982 su primera hija adquirió una cámara para recopilar escenas familiares o de viajes, pero ya en la década de los 2000 emerge otro punto de vista, sucediéndose cursos y talleres en su camino hacia a la abstracción. Reconocida su frustración por no saber pintar sobre un lienzo, su fotografía es íntimamente pictórica. Cuando las máquinas de fotos inundaron los hogares, los artistas buscaron nuevos e ilimitados caminos de experimentación.

El fotógrafo José Carlos Ñíguez sostiene que una imagen borrosa muestra más que una nítida

José Carlos mira la Semana Santa y otra realidad llamea en enigmáticas ánimas y levitación de penitentes del Cristo del Socorro. El artista configura mundos, aunque no nos sintamos siempre seguros en ellos.

Acabamos subsumidos en la pesadilla incómoda y perturbadora, como ocurre en las películas alucinadas de Welles. Un hombre inquietante pasa por la calle. Se trata de un viandante que proviene de un nebuloso sueño y se pierde en otro, mientras su ser se disuelve en pura irrealidad. No sabes quién es. Quizá seas tú.

Me cuenta que una imagen borrosa muestra más que una nítida, por eso desenfoca a propósito o elabora filtros con plásticos arrugados de uso agrícola. Así podemos ver elefantes, aves o plantas. Siempre logrado con un procesado justo.

Otras veces enseña aquello que nos pasa desapercibido como un cristal manchado, papeles arrancados de una pared o un hierro oxidado en cualquier calle céntrica de la ciudad, «espacios donde vive lo inexplicable, lo asombroso, lo misterioso, donde la realidad pasa por las emociones antes que por lo consciente racional».

Todas instantáneas pero que creemos estar ante un Tàpies o cualquiera obra de los pintores pertenecientes al grupo El Paso, sus admirados Millares, Antonio Saura o Canogar, a los que visita una y otra vez en el Museo de Arte Abstracto de Cuenca. Una de sus pinacotecas favoritas, máxima expresión del arte español de vanguardia.

Exposiciones en diálogo

Muchas de sus exposiciones son diálogos con la pintura o la poesía. «Tras la ventana. Realidades imprecisas» (2010) son fotohistorias de José Carlos y la escritora Juana Hernández Conesa.

Junto a su hermano Andrés Manuel, fotógrafo, y la propia Juana Hernández forma el colectivo As de Guías, siendo autores de los fotopoemarios 'Amarrados en azul', seleccionada para la Feria Internacional Arco 2009, y 'Amor de puño y letra' (2011). La fotografía en blanco y negro junto a la epístola nos conducen a un mundo de abandonadas añoranzas.

En la exposición 'Multiverso' (2014), dialoga con la pintura de Enrique Gabriel Navarro Carretero, invitándonos a poner en silencio la mirada para ampliar las posibilidades de la realidad pues nuestro universo no es el único que existe, es uno de los numerosos mundos o multiversos. Y están en este.

'Cuando la luz se apague'(2018), fusiona los poemas de María Teresa Cervantes y las imágenes de José Carlos los ilustran, formando una unidad. Quizá el mar tenga un lenguaje en sus sonidos enigmáticos y «grafías indescifrables que duran segundos para desvanecerse para siempre».

Cuando la luz se apague... se abrirá el mar de Cartagena, recuerdo constante de la infancia en la poeta. Cabe mucho en una imagen de eternidad como es el mar misterioso que abate nuestras seguridades ante la posibilidad de la muerte. Lo que nos incita a ser más verdaderos en la vida.

Este médico, especialista en pediatría, es proverbial en hospitalidad junto a su esposa Rufi. Me muestra sus respectivos estudios de fotografía y pintura en la vivienda familiar, con espléndidas vistas al monte Roldán. Allí escucha jazz, clásica o bossa nova mientras trabaja.

Un lema en sus intervenciones artísticas se debe a Robert Frank: «Lo importante es ver aquello que resulta invisible para los demás». Ha quedado claro.