Miguel de Guzmán, el último pitagórico

El catedrático cartagenero de la Universidad Complutense de Madrid Miguel de Guzmán Ozámiz./
El catedrático cartagenero de la Universidad Complutense de Madrid Miguel de Guzmán Ozámiz.

LUIS MIGUEL PÉREZ ADÁNHistoriador y documentalista

En la nómina de cartageneros desconocidos por la mayoría de nosotros, hay hombres y mujeres de una gran trayectoria personal y profesional. Muchos de ellos son cartageneros de cuna, aunque luego sus intensas vidas y la falta de arraigo familiar nos privaron de su presencia en nuestra ciudad.

Miguel de Guzmán Ozámiz nació en Cartagena, el 12 de enero de 1936. Las raíces de sus padres, Enrique y María Luisa, estaban profundamente hundidas en la Armada Española; su abuelo llegó a ocupar el puesto de comandante de Marina del Puerto y su padre, capitán de Corbeta, fue el jefe de la Estación de Radio de la Base Naval de Cartagena desde 1935.

Esta circunstancia y los hechos acaecidos en julio de 1936 en Cartagena, al comienzo de la Guerra Civil, provocaron la muerte del padre de nuestro protagonista, cuando este apenas contaba algunos meses de existencia.

La familia se tuvo que marchar de Cartagena y Miguel, junto a su madre y sus hermanos, continuaron con una vida llena de dificultades en unos tiempos convulsos.

Para saber más del personaje, se puede recurrir a internet. En la Red hay numerosas referencias a Miguel de Guzmán que, sin duda, denotan que nos encontramos ante una primera figura en el campo de la docencia y, en especial, en el de las Matemáticas. Quizás, como me comentó un amigo al hablarme de este cartagenero, nos encontramos con uno de los más importantes matemáticos que ha dado este país.

«Las matemáticas son la música de la razón». Esta frase suya resume mucho la esencia de su legado. Su fallecimiento se produjo en el año 2004 y es en este momento cuando sus compañeros y discípulos le rinden un merecido homenaje, destacando todas sus virtudes.

'El último pitagórico' le llamaron, pues estaba cautivado por el legado de los seguidores de Pitágoras. Y no solo por sus aportaciones matemáticas, ciencia de la que son padres y fundadores, sino también, sobre todo, por su herencia ética y moral.

Esa búsqueda de la armonía del Universo hizo de nuestro matemático un profesor extraordinario y un gran humanista. Sin duda, fue uno de los que más hicieron por popularizar las matemáticas en España.

Buena muestra de ello son sus numerosos libros de carácter divulgativo, siempre amenos, atractivos e interesantes. Con ellos buscaba generar en el lector la curiosidad y la inquietud inteligente respecto a esta ciencia. Porque esa fue una de las características de sus libros: mostrar los aspectos más atractivos de la actividad matemática, descubrir el rostro humano de la reina de las ciencias.

Pero para conseguir todo esto, primero adquirió una formación impecable. Finalizó el Bachillerato en 1952. Después inicio estudios de ingeniería industrial en Bilbao, decisión probablemente influida por la situación laboral de la época y del lugar. Antes de terminar ingresó en la Compañía de Jesús, de la que salió amistosamente en 1971. Sí completó, en cambio, la carrera de Humanidades y Filosofía en Múnich (Alemania), en 1961. Regresó a España y también se licenció en Matemáticas y Filosofía, en 1965. Entonces marchó a la Universidad de Chicago, para hacer la tesis. Fueron años de gran actividad intelectual y una época en la que ejerció como profesor en las universidades de Washington, San Luis y Princeton, en Estados Unidos, junto a Brasil y Suecia. Gracias a estos viajes, consiguió cierto dominio de las lenguas alemana, portuguesa e italiana. Además, hablaba bien el inglés, el francés, el latín y el griego.

En 1969 regresó a España, para ingresar como agregado en la cátedra de Análisis Matemático en la Universidad Autónoma de Madrid. En 1982 sacó esa cátedra, en la que permaneció dos años más.

Fue nombrado miembro de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales en 1983. De 1991 a 1998 presidió la ICMI (Comisión Internacional de Instrucción Matemática). Con todo, la mayor parte de su carrera docente transcurrió en la Universidad Complutense de Madrid, donde fue catedrático hasta su fallecimiento. Allí dejó profunda huella, como lo demuestra la existencia de un aula con su nombre, dedicada a impartir Matemáticas.

Era necesario dar a conocer en su ciudad natal la existencia de este cartagenero, reconocido nacional e internacionalmente por su trayectoria como profesor especializado en Matemáticas. Su saber ha quedado reflejado en cientos de artículos, en numerosos libros y en intervenciones televisivas. Todo ello puede ser encontrado en internet.

Para terminar, les confieso que tuve siempre una gran animadversión a las Matemáticas. Quizás si me hubiera encontrado con el método de Miguel de Guzmán, este intelectual y humanista, habría cambiado mi rechazo hacia esta materia. Para él, las Matemáticas tienen un gran impacto sobre la cultura. Parte de su obra sirve de certero diagnóstico de la naturaleza del quehacer matemático, su relación con el pensamiento filosófico y su conexión con la técnica y el arte.

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