Martín Bernal y Luismi apuntan alto

Los pilotos, con miembros de la peña 'Lambretta 34' y Javi, propietario del restaurante Terraza de Saray. / LV
Los pilotos, con miembros de la peña 'Lambretta 34' y Javi, propietario del restaurante Terraza de Saray. / LV

TOMÁS MARTÍNEZ PAGÁN

En esta nuestra Trimilenaria, un día por otro, siempre existe una oportunidad para hablar de algún cartagenero que lo hace bien en cualquiera de los aspectos de la vida, como el caso que nos ocupa hoy. Días atrás, un buen amigo me invitó a participar en una cena informal de la peña 'Limited 34', con la que participa en competiciones nacionales de Lambretta (línea de scooter producida en Milán). Así fue como, de repente, me encontré en la sede gastronómica de la peña, ubicada en el restaurante Terraza Saray (Calle Jorge Juan, número 19), en cuyo comedor principal estaba la Lambretta 34 con la que pilotos, como Martín Bernal y Luismi, compiten.

Estas dos extraordinarias personas son unos enamorados de sus máquinas y de su Trimilenaria, cuyo nombre pasean por toda España. Venden, allí donde van, esta nuestra España con mayúsculas y, sobre todo, su ciudad natal. Su última competición tuvo lugar en Segovia, en el circuito de Karpetania donde, después de dos caídas, lograron terminar primeros en el cajón. Y ello después de que el primero les sacara 49 vueltas de diferencia por unas averías en el motor que les hicieron perder 45 minutos. Aún así se pudo conseguir gracias a la ayuda de otro equipo cartagenero, el Cartagena West Coast, que se volcó en ayudarles y, tras la cuarta hora en pista, pudieron recuperar las vueltas perdidas.

La siguiente prueba será el próximo 17 de noviembre, en Valencia. Esta tiene el aliciente de que, si consiguen estar entre los tres primeros, estos dos jóvenes quedarán campeones del Trofeo Nacional de Resistencia TR. Del mismo, los amigos del equipo Cartagena West Coast, también pueden quedar campeones en la Categoría de 200 Centímetros Cúbicos Serie. Serían dos equipos cartageneros en lo más alto del podio a nivel nacional.

La sede gastronómica de la peña 'Limited 34' está en el restaurante Terraza de Saray El 17 de noviembre los dos jóvenes se juegan el Nacional de Resistencia TR de motos Lambretta

Luismi, después de comentar los detalles de la carrera y las ganas que le ponen a su gran afición sobre las Lambrettas, nos amenizó la jornada contándonos una fábula con moraleja y que a continuación les transcribo: «Un maestro quería darles a sus alumnos una lección que nunca olvidasen y, con tal propósito, ese día les permitió escoger entre tres tipos de exámenes distintos. Uno de ellos constaba de 30 preguntas, otro contenía 40 y el último 50. A los alumnos que se decidieron por el primero, les calificó directamente con un suficiente, sin ni siquiera comprobar si habían respondido correctamente todo. A quienes optaron por la prueba de las 40 preguntas, les puso un notable, y eso sin que importara lo más mínimo que la mitad de los resultados fueran erróneos. Para los que se atrevieron con el examen de las 50 preguntas, la calificación fue de sobresaliente, sin tener en cuenta que se hubiesen equivocado en la mayoría de respuestas. Ante la cara de asombro de sus estudiantes, el profesor les dio la siguiente explicación: 'Queridos alumnos, os voy a decir algo importante: No he propuesto estos exámenes para examinar vuestros conocimientos, sino vuestra capacidad para apuntar a lo más alto. Sabed que en nuestras vidas siempre tenemos que aspirar a alcanzar las metas más elevadas y, para ello, no hay que coger el camino más rápido y corto, ya que solo con el esfuerzo alcanzaréis esas metas».

Cubos de quintos

Mientras estábamos todos absortos con la fábula Javi, el propietario del restaurante, empezó a enviar un surtido de platos a la vez que iba cambiando los cubos con cervezas Estrella de Levante. El reemplazo era solicitado por los pilotos cada 15 minutos. La reposición de quintos se hacía en su punto de frío, pinchados en hielo pequeño para transmitir frío continuo y hacer más agradable el trago.

El empresario envió un plato llamado 'Paco Porras', que son unas tostas muy especiales que prepara con tómate rallado, una loncha de tocino ibérico y patatas paja. Estaban exquisitas.

A continuación pudimos degustar un queso trufado y rodajas de caña de lomo con colines y mini crespillos, seguidas de un pulpo adaptado a la cartagenera sobre finas lonchas de patata, regadas con aceite y vinagreta de trufa. Y entre cerveza y cerveza, nos puso unos matrimonios cartageneros, con doble de anchoa y boquerón sobre una rodaje de limón. Llegado el momento de los platos fuertes, abandonamos los quintos para sustituirlos por un magnífico tinto Rioja El Niño, de bodegas Campillo 2016. El primer plato fue unos huevos rotos con pequeñas virutas de jamón pata negra, elaborados con huevos camperos y patatas de El Algar, una combinación perfecta para lograr un exquisito maridaje de sabores.

Y sin detenernos en otros asuntos, pasamos directamente al plato fuerte: un chuletón de vaca vieja, cortada en finas lonchas y en su punto justo de parrilla. Este plato fue acompañado de pan moreno, perfecto para mojar la grasa que desprendían, y una ensalada de tomate, aceite, cebolla y olivas que se comía con la vista. El punto dulce lo puso una tarta casera de turrón y queso que, simplemente, estaba extraordinaria.

Tertulia deportiva

Y después de una suculenta cena y una aún mejor tertulia deportiva llena de anécdotas pasamos al mundo del hielo, esta vez con un Gin Tónic de V Colinas Seco, con el que brindamos por los éxitos del 'Limited 34' y de todos los deportistas de nuestra tierra.

Termino con una profunda reflexión de la escritora asturiana, Ángeles Caso: «...en este momento de mi vida, no quiero casi nada. Tan sólo la ternura de mi amor y la gloriosa compañía de mis amigos. Unas cuantas carcajadas y unas palabras de cariño antes de irme a la cama. El recuerdo dulce de mis muertos. Un par de árboles al otro lado de los cristales y un pedazo de cielo al que se asomen la luz y la noche. El mejor verso del mundo y la más hermosa de las músicas. Por lo demás, podría comer patatas cocidas y dormir en el suelo mientras mi conciencia esté tranquila.También quiero, eso sí, mantener la libertad y el espíritu crítico por los que pago con gusto todo el precio que haya que pagar. Quiero toda la serenidad para sobrellevar el dolor y toda la alegría para disfrutar de lo bueno. Un instante de belleza a diario. Echar desesperadamente de menos a los que tengan que irse porque tuve la suerte de haberlos tenido a mi lado. No estar jamás de vuelta de nada. Seguir llorando cada vez que algo lo merezca, pero no quejarme de ninguna tontería. No convertirme nunca, nunca, en una mujer amargada, pase lo que pase. Y que el día en que me toque esfumarme, un puñadito de personas piensen que valió la pena que yo anduviera un rato por aquí. Solo quiero eso. Casi nada. O todo».