El Marquesito de los platos

Alberto Ruiz, Eusebio García, Paco Fuentes, Antonio Callejas, Román Iglesias, Javier Eulogio, Cristina Fuentes y Tomás Martínez, en el reservado del restaurante El Marquesito, en el polígono residencial Santa Ana. / J. M. RODRÍGUEZ / AGM
Alberto Ruiz, Eusebio García, Paco Fuentes, Antonio Callejas, Román Iglesias, Javier Eulogio, Cristina Fuentes y Tomás Martínez, en el reservado del restaurante El Marquesito, en el polígono residencial Santa Ana. / J. M. RODRÍGUEZ / AGM

TOMÁS MARTÍNEZ PAGÁN

Adolfo Egidio Cuenca, conocido en la Trimilenaria con el apodo de «el Marquesito de los platos», era hijo único de un industrial que tenía una fábrica de loza en la diputación de El Algar. Comenzó a estudiar Farmacia, pero lo dejó para volver a Cartagena a disfrutar de la fortuna paterna, momento en el que, debido a su corta estatura y a la forma de vivir que adoptó, adquirió el apodo.

Era un hombre peculiar al que le gustaba ir bien vestido. Para comer frecuentaba conocidos restaurantes de la ciudad como el Denver, el Chamonix y el Columbus, siendo siempre muy exigente y cuidadoso a la hora de escoger el menú. Hombre romántico donde los haya, en una ocasión, para cortejar a una señorita que le gustaba, estuvo mandándole flores diariamente desde el día 1 hasta el 14 de febrero, San Valentín.

Siempre se desplazaba en taxi y gustaba de fumar puros de cierto nivel, haciendo alarde de su posición. Al final, cuando dilapidó la fortuna paterna, tuvo que retomar sus estudios de Farmacia, recorriendo prácticamente todas las facultades del país. Finalmente, terminó la última asignatura de la carrera en la de Barcelona, siendo felicitado por el profesor. Tenía ya 53 años cuando abrió la farmacia que hay en el Barrio Peral, junto al antiguo paso a nivel, la cual tuvo que vender también cuando enfermó de leucemia. Falleció oyendo misa en la iglesia de los padres de la calle Sagasta.

Román Iglesias ha elegido para su local el apodo de Adolfo Egidio Cuenca, quien tuvo una farmacia en Barrio Peral Antonio Callejas y Javier Blázquez sacan la cerveza Belich, nombre romano del Mar Menor

Y aquel ha sido el nombre, El Marquesito de los Platos, que el joven empresario Román Iglesias ha decidido darle al nuevo restaurante que ha montado en el Polígono Residencial Santa Ana, segundo en su carrera profesional. Han transcurrido ya 8 años desde que abrió su primer local, El Charro, la cervecería-tapería que, con 23 años recién cumplidos y sin tener idea del sector, abrió con el apoyo de su padre, convirtiéndose en un pionero en aquel momento. Lo fue al apostar por la cerveza Estrella de Galicia, cuando todavía no era conocida en nuestra querida Cartagena.

Y como para poder hablar de algo primero hay que conocerlo, nuestros amigos comunes, Alberto y Eusebio, me proponen acompañarles a comer allí. Lo primero que observo es la buena decoración, perfectamente distribuida en terrazas, barras, salones y reservados. Román nos presentó a los dos chefs: Antonella Marine, una joven argentina con una dilatada experiencia en restaurantes internacionales, y que se ha convertido en su jefa de cocina; y el segundo chef, Sergio Conesa, que también cuenta con experiencia internacional, al haber realizado sus prácticas en La Cabaña Buenavista. Precisamente fueron ellos los que nos recomendaron el menú que degustamos, que nos sorprendió por calidad, presentación y estilo.

Nos dimos cita en la barra, donde pudimos saborear un espléndido aperitivo, consistente en cangrejos de caparazón blando, unas patatas rizadas con salsa brava y unos crepes de espinacas con salmón. Todo regado con la nueva cerveza del Mar Menor de los empresarios Antonio Callejas Conesa, murciano, empresario industrial, textil y de la construcción y Javier Eulogio Blázquez, cartagenero, empresario de la construcción, textil y ahora en alimentación. Ambos son aficionados a la vela y a la náutica, de donde les viene su amistad.

Estos dos empresarios, socios ya en distintas actividades, decidieron un día crear una cerveza artesanal para el cervecero de a pie. Después de un año de probaturas, crearon una cerveza que, aun siendo suave, tiene carácter pero es muy bebible por su baja graduación; es decir, una cerveza para diario. Su pasión por el Mar Menor les hizo bautizarla con el mismo nombre que pusieron los romanos a nuestra laguna salada, Belich, y adquirieron como logotipo el caballito de mar, que sirve de imagen a esta cerveza.

Dos emprendedores

Y además de la actividad comercial cervecera, colaboran con las distintas asociaciones que están contribuyendo al cuidado y la regeneración del Mar Menor, como es la asociación Hippocampus, encargada del seguimiento de la repoblación del caballito de mar. Actualmente, esta cerveza se está comercializando en distintos locales de restauración de Cartagena, Murcia y La Manga, pudiéndose encontrar también en algunos supermercados de la zona.

Ya a la mesa, comenzamos con unas marineras marquesito, con base de crespillo, su ensaladilla y una anchoa fusionada en aceite de carbón y perlas cítricas. Después, un plato de extraordinario jamón ibérico y queso trufado, alcachofas a la brasa sobre salsa romescu con crujiente de jamón, escamas de parmesano y almendras y decoradas con mayonesa carbonica. Seguimos con una degustación de croquetas: de pollo y puerro y de queso azul y espinacas y de boletus, todas ellas caseras y rebozadas en Panko, para que sean más crujientes.

Seguidamente nos trajeron unas rodajas de tomate con lonchas de bonito, tartar de atún sobre base de tomate y aguacate y un bacalao al estilo marquesito, con base de frito de tomate con pimiento y calabacín, acompañado de su salsa pil pil secreta, con todos los aromas y sabores del tradicional pero adaptada a una nueva filosofía. Y como plato fuerte, un churrasco de vacuno mayor hecho en horno de brasas josper; y una carne con su punto justo de maduración, que venía acompañada de un aroma a madera extraordinario. Y como colofón, un postre en tres tiempos, a cuál de ellos mejor.

Tartas con fruta

Hubo deconstrucción de tarta de la abuela realizada con mousse de chocolate y un crujiente de galleta con esferificaciones de maracuyá; una tarta de queso con fondo de galleta, chocolate blanco, lima y hierba buena; y una panacota con confitura de mermelada de melocotón, todo ello de elaboración casera. En cuanto a los caldos con que acompañamos tanto manjar, empezamos con un verdejo Caraballas y terminamos con un Lavia Puls, Denominación de Origen Bullas. Lo que sería una comida tradicional adaptada a los tiempos actuales.

Como habrán podido adivinar, se trata de un nuevo restaurante para visitar y degustar la singularidad de una cocina distinta, pero de muy alto nivel. Y termino hoy con una recomendación que un buen amigo me dio para vivir mejor: «¿Quieres ser rico? Pues no te afanes en aumentar tus bienes, sino en disminuir tu codicia».

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