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Juan Miguel y Domingo Alcaraz, en la bodega de la finca La Cerca. / PEDRO MARTÍNEZ / AGM
Juan Miguel y Domingo Alcaraz, en la bodega de la finca La Cerca. / PEDRO MARTÍNEZ / AGM

TOMÁS MARTÍNEZ PAGÁNCartagena

Hoy vamos a realizar un recorrido muy especial que creo le va a gustar, porque a lo largo de él vamos a poder sentir nuestra Cartagena, sus gentes, su campo y sus productos en todo su esplendor. Semanas atrás, mi buen amigo Néstor Giuliodoro, me invitó a visitar la exposición que, junto con Isabel María, exponía en el Teatro Romano: 'El latido de las Piedras'. Fue una visita guiada muy especial, acompañada de música clásica en directo y una degustación de platos muy acordes al entorno y la temática de las obras. Empezamos por el Garum y terminamos por los diferentes bocados inspirados en la gastronomía romana que Juan Páez, de Los Habaneros, tan extraordinariamente elaboró para la ocasión. Y todo ello regado con vino del Campo de Cartagena, un Viña La Cerca, que me encantó.

Y después de este festival del que disfrutamos con los cinco sentidos, el reducido número de invitados que allí nos encontrábamos, perfectamente coordinados por la directora del Museo del Teatro Romano, Elena Ruiz Valderas, continuamos viendo la exposición 'Catull', también soberbia. Tras ello, quedé con Néstor para visitar la bodega de ese vino que tanto me había gustado un sábado por la mañana.

Un Ribera, en El Zamorano

Y así lo hicimos el sábado siguiente, no sin antes disfrutar de la celebración del 30 cumpleaños de Tele Cartagena. Parece que fue ayer cuando nació en Reina Victoria, de la mano de César Pastor, López Álvaro, Pepe Larrosa y Paco Checa, la que hoy es ya esa gran cadena de TV y otros servicios que tan bien pilota Loles Rodríguez. En fin, un lujo poder celebrarlo con todos ellos.

Pero a lo que íbamos. Nada más terminar la celebración en las puertas del Palacio Consistorial, emprendimos viaje hacia Pozo Estrecho, pasando por Torreciega, donde paramos en El Zamorano a tomarnos un Ribera con esas finas lonchas de Sendra que tan bien corta Pascual, de esas que de una pimienta saca tres rodajas. Desde allí continuamos hacia La Aparecida y La Palma hasta llegar al pueblo galileo. Nada más entrar, a la derecha, nos encontramos ya con la indicación de la Finca La Cerca.

Al llegar, nos recibió Domingo Alcaraz, propietario y vitivinicultor, y enseguida pude apreciar la limpieza, el orden, la belleza de las zonas ajardinadas y las distintas indicaciones que dirigen hacia los viñedos, la ganadería, la bodega, los almacenes y el parque de maquinaria, entre otras dependencias.

Nosotros fuimos directos al viñedo. Está compuesto por cerca de 2.500 cepas de Monastrell y Merseguera, esta última, una especie autóctona de nuestro campo, que produce vinos dorados. Todas las cepas están plantadas en espaldera y todo allí es natural, hasta el estiércol que produce la ganadería y que es utilizado para abonar las cepas. Tanto es el éxito que están obteniendo, que ya preparan una nueva parcela para plantar otras 1.500 cepas, tan pronto se lo autorice la Comunidad Autónoma. Aparte del vino, en sus más de 15 hectáreas, la finca también produce oliva, almendra, alcachofas, melón y forraje para el ganado.

Camino de vuelta hacia la bodega, el canto del gallo nos transmitió todo el sabor del campo. Al entrar, nos sentimos cautivados por el maravilloso patio de este recinto, donde se puede recorrer un museo de época en el que exhiben los aperos que se utilizaban antiguamente en la finca y la maquinaria de tracción animal de la misma época.

Perfectamente distribuidos por los distintos porches y jardines, se pueden ver arados de época, una vertedera, un cultivador, un avión para plantar algodón, un trillo de madera de pino Canadá, una bomba antigua de trasiegos, una maza de picar esparto, barretillas de arar, horcas de garbear la paja, embudos de media arroba, un rastrillo de era, romanas de pesar, y un sinfín de objetos que forman parte de la historia de nuestro campo, todo ello cuidado con el más mínimo detalle.

Creada en el año 1869

La bodega en sí, data del año 1869 y está perfectamente restaurada. Conserva sus gruesa paredes de piedra, sus techos de vigas, su pisador y su prensa centenaria para que el primer prensado suave de la uva no altere su calidad, y la sala de barricas de roble, en la que hay bastantes esparteñas antiguas de pisar, con sus tinajas de 1.100 litros perfectamente alineadas y que contrastan con las blanca paredes.

Así llegamos a su dos vinos, el primero de ellos el tinto artesano, variedad Monastrell, de 11 grados; un vino fresco, con una acidez alta que sorprende en este clima y latitud y una estructura tánica equilibrada. Un vino elegante, con un final largo en el que aparecen notas ahumadas y especiadas.

Y el otro, el blanco artesano de uva Merseguera, con notas de oxidación que marcan su identidad tradicional y artesana. Un vino de color ámbar pálido, con aroma varietal de manzana roja, pera, piel de cítricos y especias, y un paladar untuoso y de aromas muy marcados que le dan viveza. Dice el refrán popular de tradición cristiana: «Por Santiago y Santa Ana pintan las uvas y para la Virgen de Agosto ya están maduras» y, como todo el refranero español, cuanta sabiduría esconde.

Y después de la visita, hicimos parada y fonda bajo el pino centenario que hay frente a la bodega. Allí, Alfonso descorchó una botella de cada y, sobre la mesa de pino Canadá de sus abuelos y sentados en sillas de anea, degustamos los manjares que sus padres, Juan Miguel y Encarna, nos tenían preparados: unos tomates de la finca con bonito, aceite y olivas preparadas en casa que estaban de diez; y un surtido de quesos de La Yerbera, cooperativa de la que también forman parte. También pusieron unas virutas de jamón y caña de lomo que, tomados con pan de campo, fueron el aperitivo perfecto para maridar con los vinos que estábamos probando.

Pulpo a la gallega y mejillones

Finalmente, su compañera Maribel nos sorprendió con un plato de pulpo hervido a la gallega que no lo superaba ni el de Mugardos, y unos mejillones de buen tamaño, que fueron el toque perfecto para hacer de éste el aperitivo 'redondo'. Domingo nos emplazó después de la vendimia, 'para hacer unas chuletas con sarmientos en la barbacoa', que nos miraba como diciendo 'dadme trabajo'.

Esta es una singular finca, dirigida por buenísima gente y productora de unos vinos de mucho nivel. Y la frase de hoy: «Nunca te arrepientas de conocer a diferentes tipos de personas. La gente buena te da felicidad. La gente mala te da lecciones. La gente maravillosa te da recuerdos».

 

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