El jardín de los cinco sentidos

Un alumno prepara el cemento para el nuevo jardín de la residencia de Astus. /p. sánchez / AGM
Un alumno prepara el cemento para el nuevo jardín de la residencia de Astus. / p. sánchez / AGM

Diez desempleados preparan una zona verde sensorial en la residencia de Astus

RUBÉN SERRANOCartagena

Hay jardines que se pueden escuchar, tocar, oler e incluso comer. El de la nueva residencia de la Asociación Tutelar de la Persona con Discapacidad (Astus) en La Vaguada es uno de ellos. Diez parados de larga duración adscritos a un programa de jardinería de la Agencia de Desarrollo Local y Empleo (ADLE) trabajan desde el pasado 4 de junio en la puesta a punto de este espacio, de 1.400 metros y que tendrá zonas de paseo, plantas autóctonas, colores intensos, carteles explicativos, sonidos y hasta un huerto donde cultivar coliflores, alcachofas, guisantes y habas.

El proyecto ha sido diseñado por la profesora del curso de jardinería Lola García, la Adle y la dirección de Astus. García coordina a los diez parados y los distribuye en dos zonas: en una irán las plantas más coloridas; en la otra, las especies con menos necesidad hídrica y sus correspondientes carteles explicativos. «La idea es que cualquier discapacitado intelectual sea capaz de ubicarse por sí mismo, sin necesidad de ayuda y solo guiándose por sus sentidos», explicó.

La obra estará terminada en enero y tendrá paseos anchos para la autonomía de personas en silla de ruedas y sonidos para orientar a los invidentes

La residencia, que también será centro de día, fue inaugurada hace dos semanas y atenderá exclusivamente a usuarios mayores de 45 años y en proceso de envejecimiento. La previsión es que a partir del mes de octubre puedan llegar los primeros residentes, tan pronto como el Instituto Murciano de Acción Social (IMAS) dé el visto bueno y autorice las primeras 49 plazas. La intención de Astus es que a final de año alcancen las 75 personas, sin contar a los trabajadores y especialistas.

Mientras eso no suceda, los alumnos de la ADLE aprovecharán para poner a punto durante estos meses el jardín. De momento ya han plantado varias especies de temporada y también ultiman la zona de paseo, con una capa de cemento de hasta dos metros de ancho. Así, los discapacitados que se desplazan en silla de ruedas pueden recorrer la zona verde con total autonomía. La idea, según García, es que un usuario sea capaz de salir a pasear por sí mismo y, además, ubicarse en todo momento, ya sea con los colores, los olores, los carteles o los sonidos. Para los invidentes, de hecho, se colocarán campanas en las ramas de los árboles, de modo que la persona sepa en todo momento en qué lugar del jardín se encuentra. «También vamos a poner una cascada de agua, para que puedan orientarse y a la vez relajarse», dice la profesora.

Campanas en los árboles

La meta es que los diez parados de larga duración que hacen el curso lo tengan todo terminado en enero, y hasta marzo (cuando acaban) se dediquen a su mantenimiento. «Es un espacio terapéutico para ellos. Van a predominar los colores intensos como el azul, el rojo y el amarillo. Aquí pueden salir, que les dé el sol y disfrutar. Es lo ideal para los usuarios y les sube la autoestima. Creemos que funcionará», resume García.

Los diez desempleados de la ADLE empezaron su aprendizaje en el centro de recursos juveniles de Canteras, donde recibieron las nociones básicas de jardinería (con clases teóricas y prácticas) y aprendieron a crear una zona verde «totalmente ecológica, con estiércol y nada de productos fitosanitarios», puntualiza la coordinadora del curso, Josi Hernández.

A los alumnos se les hace un contrato de un año y perciben el salario mínimo interprofesional (735 euros al mes), además de dos pagas extra. «Mi objetivo es encontrar un trabajo cuando acabe el curso», dice Antonia Carrillo, de 32 años y vecina de Santa Lucía. «Antes fui conserje, limpiadora y estuve en una floristería. Ojalá tenga suerte en la ADLE». Más complicado lo ve María Ruiz, de 54 años y residente en la Villalba. Está «contenta y aprendiendo mucho» en el jardín de Astus, pero es consciente de que a su edad será complicado encontrar un empleo. «Estoy en el paro desde hace once años. Los discapacitados se merecen algo así y también es una oportunidad para mí, pero no será sencillo», sostiene con media sonrisa.

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