El incumplimiento del horario de descarga agrava el colapso de tráfico en el centro

Un repartidor llega con sus productos a un bar de la calle del Carmen, pasado el mediodía. / antonio gil / agm
Un repartidor llega con sus productos a un bar de la calle del Carmen, pasado el mediodía. / antonio gil / agm

El bloqueo crece en los días de crucero, al juntarse los turistas con los repartidores que rebasan el límite de las 11 de la mañana

Eduardo Ribelles
EDUARDO RIBELLES

Una docena de vehículos de reparto a los comercios, bares y restaurantes cercanos, de reformas e instalación de equipos y de servicios diversos jalonan los laterales de las calles Jara y Aire, cada día después de las once de la mañana. A pocos metros hay un cartel que advierte de que allí están prohibidas las labores de carga y descarga después de esa hora. Pero también en esa franja de horario autorizada, que empieza a las ocho, son legión los que superan los 15 minutos de parada máxima permitida que establece la normativa. Es una situación que se repite en la Plaza Castellini y, en menor medida, al inicio de las calles Carmen, Santa Florentina y Sagasta. Estas arterias soportan, además, la entrada de coches particulares que van a sus garajes y el paso, más limitado, de los taxis.

Las zonas peatonal y semipeatonal del centro urbano ven dificultado cada mañana el paso de los viandantes, por el tránsito y el aparcamiento indebido de vehículos, la mayoría de ellos pertenecientes a empresas. En los días de escala de uno o más cruceros, la situación se complica todavía más. Los miles de turistas que desembarcan se unen a los cartageneros en el papel de sufridores, por un día, de esa situación.

Para tenerlo claro

Calles conflictivas
Desde la Plaza de San Ginés hasta la calle Cañón, en especial, Jara y Aire. La Plaza Castellini y el final de las calles Carmen y Santa Florentina.
Medidas adoptadas
Control policial, maceteros en algunos cruces y una limitación del comienzo de la calle Jara.
Medidas inactivas
Las pilonas de Castellini, Campos y Sagasta llevan una década sin funcionar. Las cámaras situadas al lado tampoco están en activo.
Peatonalización pendiente
En un cajón está el proyecto de extender la peatonalización, sin haber solucionado estos problemas.

El Ayuntamiento tiene pendiente, desde hace cinco años, la reorganización de los accesos al cogollo del casco histórico. El sistema de pilonas, instalado en 2007 y dotado de postes comunicados con un control central en el Parque de Seguridad, nunca funcionó bien. Las cámaras colocadas en 2012, para identificar las matrículas de los vehículos que entraban, tampoco. Y eso que la Oficina de Tráfico mandó una circular a los comerciantes en la que alertaba de una inminente limitación de los accesos. Pero a mediados de 2015, acabado el mandato de Pilar Barreiro (PP), la coalición de MC y PSOE decidió partir de cero.

El problema colea desde que comenzó la peatonalización en las calles Carmen y Sagasta

El Ejecutivo municipal presidido por José López, de la formación localista, quitó los dispositivos de toma de imágenes y mantuvo anuladas las pivotes que están soterrados en las entradas a las calles Santa Florentina y Campos, y a la Plaza Castellini. Después no hubo medidas de calado para controlar la situación. Las que se pusieron en marcha no son permanentes ni han acabado con el problema.

Maceteros contra atentados

La alerta antiterrorista de nivel 4, activada en toda España en 2016, llevó a colocar pesados maceteros en las entradas a la calle del Carmen y a la Plaza Castellini. Allí siguen. Su ubicación modificó el tránsito de los taxis hasta la parada ubicada entre esta última zona peatonal y la Puerta de Murcia. Antes podían pasar por esta calle y salir por Conducto a la calle Real. Ahora lo tienen prohibido y deben volver por donde entran.

Las entradas a los garajes y el paso de ciclistas y patinetes se unen al descontrol

También hay colocados carteles en la confluencia de la calle Jara con la del Aire. Allí hay un cartel que advierte de que las operaciones de carga y descarga fuera de los lugares señalizados solo están permitidas de 8 a 11 de la mañana y por un máximo de 15 minutos. Pero el objetivo de mantener la zona a salvo de vehículos apenas se ha conseguido en el eje desde la fachada marítima hasta la mitad de las calles Sagasta y Carmen.

Los transportes con mercancías diversas continúan entrando por un lado y saliendo por el otra, tras pasar por la calle San Roque. Lo hacen sin que medie ningún control sistematizado de su procedencia, del cargamento que llevan y de adónde va. Y en el itinerario desde la Plaza de San Ginés hasta la subida a la Muralla del Mar se suceden los vehículos estacionados irregularmente a ambos lados de la calzada.

En el último año de gobierno en solitario del PSOE (2018-2019), con Ana Belén Castejón como alcaldesa socialista, pareció iniciarse una ofensiva en busca de una solución. En el último trimestre del año pasado, su equipo de gobierno planteó reactivar el funcionamiento de las pilonas. Además, propuso añadir algunas calles más a la peatonalización, con nuevas restricciones al paso de vehículos, incluidos los de reparto. Pero entre el rechazo de los comerciantes y la llegada de las elecciones municipales, en mayo, nada de eso ha sido llevado a la práctica.

Además, hay otras zonas en las que hay habilitadas áreas de carga y descarga que se colmatan y en las que se registra la presencia de vehículos en doble fila de manera recurrente. Así sucede, por ejemplo, en la Plaza de Juan XXIII, en la que no se ha activado, como se prometió, la limitación de circular a menos de 30 kilómetros por hora.

Garajes particulares

Hay prácticas autorizadas que, por la falta de control, también suponen una molestia para los viandantes. En la calle del Carmen hay un garaje para abonados y varios pertenecientes a fincas particulares. En principio, el Ayuntamiento no puede restringir el paso de los usuarios, pero tampoco hay manera de controlarlos, por ahora. Eso hace que a casi cualquier hora haya coches que entran por Sagasta y San Roque y giran hacia la calle en las que están las cocheras, prestando a veces poca atención a que en esta zona no tienen, ni mucho menos, la prioridad de paso.

También los vehículos de las contratas municipales como Hidrogea, para el agua y el alcantarillado; Lhicarsa, para la limpieza viaria; Actúa -Acciona, para la jardinería; y SICE, para el alumbrado público, se mueven con soltura por la zona peatonal, sin control aparente, aunque en este caso es para prestar servicios públicos que mejoran la calidad de vida de los ciudadanos.

Por si todo esto fuera poco, abundan los ciclistas que prefieren acortar su camino por el centro del casco histórico a utilizar el carril bici que lo bordea por la calle Real. Y los patinetes, que proliferan también, coartan la libertad de movimientos de los peatones.

Una de las razones de mantener expeditas y sin vehículos amontonados las calles peatonales es que el tráfico rodado fue eliminado para favorecer a los viandantes. Otra cuestión importante es que forman un entramado de arterias estrechas, a veces, con acusadas curvas, en las que es necesario dejar espacio para los vehículos de emergencia cuando entran. Un par de incidentes de los coches de bomberos con las pilonas estuvieron entre las causas de su desactivación. Ahora, cuando hay algún problema que requiere el concurso de una unidad con escala, por ejemplo, la Policía Local tiene que preocuparse de que el itinerario de las calles Campos-San Miguel-Jara, Aire y Cañón esté despejado de vehículos privados, para que nada interfiera en su entrada.

Un primer paso limitado

Casi al final del verano, el Ejecutivo local aplicó un cambio limitado con el que pretende demostrar que está dispuesto a actuar para restringir la presencia de vehículos a motor en el casco histórico. Anunció el corte permanente del tramo de la calle Jara situado entre las calles Campos y Cuatro Santos, que impide circular por esta última vía. Los dueños de plazas de garaje deben entrar y salir siempre por Campos. El Ayuntamiento avanza, así, en la peatonalización de vías en el casco histórico. El tramo de la Jara citado es el que está junto al edificio administrativo municipal.

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