Las imágenes de la historia

Pérez Adán, segundo por la izquierda, con el resto de cronistas oficiales hojeando la obra. / P. SÁNCHEZ
Pérez Adán, segundo por la izquierda, con el resto de cronistas oficiales hojeando la obra. / P. SÁNCHEZ

JOSÉ SÁNCHEZ CONESA

Escribía el historiador Marc Ferro que en la época del imperio de la imagen también tenía que crecer el interés por la historia de la fotografía. No solo la imagen fija, en los años 70 comenzará a estudiarse el cine pues tanto en las fotos como en la películas se cuela la gente corriente en la historia, no sólo los grandes. Creció, por tanto, la preocupación por la fotohistoria, que aborda las relaciones entre historia y fotografía, como podemos comprobar día a día examinando las redes sociales en Cartagena. La imagen deja de ser mero adorno del texto, pasando a útil herramienta, si se sabe interpretar de manera crítica.

Tenemos que celebrar que en este ámbito científico de la fotohistoria José Guillermo Merck Luengo, de raíces algareñas, fuese uno de los pioneros en España. Junto a otros estudiosos consiguen en los 80 que se organicen congresos y jornadas de estudio, plateándose el interés cultural de las colecciones de fotografías, que deben ser protegidas, estudiadas y empleadas en la enseñanza de la historia o de otras disciplinas. Aunque lamentamos, llegados a este punto, que el Centro Histórico Fotográfico de la Región de Murcia (Cehiform), creado y desarrollado por Díaz Burgos en Cartagena ya no se encuentre aquí.

Con la participación del resto de sus colegas cronistas de Cartagena y Javier Sierra, editor de Malbec, ha presentado Luis Miguel Pérez Adán su último libro: 'Fotohistoria de Cartagena, volumen 2'.

Uno de los episodios que más llamativos es el titulado 'Master and commander' (1808) sobre la presencia militar inglesa en Cartagena durante la guerra de la Independencia contra la Francia de Napoleón y cómo el Mariscal Ross murió aquí, siendo enterrado en el castillo de Galeras. Se conserva la lápida. Los ingleses construyeron la torre de San Julián. Páginas más adelante aparecen unas líneas sobre el castillo de la Atalaya, el castillo de la Muerte. Lo dejo ahí para estimular la lectura.

Nos enfrentamos a retratos colectivos; grupos de mineros, unos cuantos de ellos niños, que constituyen, la otra cara de los palacios modernistas. De esos brazos salieron las ganancias, como bien cantaron los troveros de aquellos años. Un gobernador civil que despreciaba a los revolucionarios, tras bajar a una mina exclamó conmovido: «Ahora me explico el anarquismo».

Prosigue con su estilo ágil y periodístico con otros acontecimientos como el combate de Chinchilla con las fuerzas cantonales como protagonistas queriendo extender la República Federal al resto de territorios.

Otro artículo es la fortificación de Los Mateos y el origen de Los Moros. En 1766 contaba 68 cañones, teniendo protagonismo el castillo durante la Guerra de la Independencia y la sublevación cantonal. Ahora se encuentra en estado de abandono en espera de mejor suerte merced a un proyecto europeo para el uso público de antiguos espacios militares en zonas degradadas. Participan Ayuntamiento, UPCT, y diversas asociaciones como Aforca y Rascasa. Antes de la construcción del castillo, en sus inmediaciones, contando con la aprobación de Felipe V y el inquisidor, tuvieron los numerosos musulmanes que vivían en Cartagena una casa de oración, siendo enterrados en el lugar.

Las fortificaciones de Cartagena y su sistema defensivo son a juicio del autor el argumento más sólido para que la ciudad alcance la declaración de Patrimonio de la Humanidad. Y ojo que la Unesco no da abasto con tanta solicitud, hay que atinar muy bien pues España ocupa la tercera o segunda plaza mundial. Cada vez tienen más prioridad otros países, sobre todo los llamados del Tercer Mundo.

Una foto navideña. Papa Noel entrega regalos a los niños en el destacamento naval norteamericano en Cartagena.

Los Juegos Cartaginenses de 1967 a 1972, fueron unas mini olimpiadas que contaron con la presencia de Juan Antonio Samaranch. Hasta en una foto de una de las pruebas atléticas vemos al niño Pérez Adán, Luis Miguel. Muchos fueron los deportes practicados: hasta pesca con caña, vela, tiro con arco. No continuaron otras ciudades del Mediterráneo organizándolos, siendo ese su final. Aunque, como señala el cronista, Carthagineses y Romanos pudieran darle una pensada al asunto.

En Cartagena y sus pueblos la quema de Judas era una tradición ligada a la Resurrección. Como en tantos lugares de España, una cristianización de un ritual procedente de religiones antiguas. Unos muñecos confeccionados con ropas viejas y rellenos de paja y petardos eran quemados pues simbolizaban el Mal. Había que preservar la vida ante el caos, la enfermedad y la muerte. La prensa daba cuenta de las numerosas carretillas borrachas, todo un peligro en las calles Morería, San Vicente, San Fernando o Serreta. Llegaron a salir siete carrozas con la simbología de los pecados capitales y el NODO del 24 abril de 1950 lo ofreció en los cines del país. Hubo un intento recuperarlo en 1990, frente al palacio consistorial, pero quedó ahí este festejo ritual que cerraba la Semana Santa, muy presente en el siglo XIX y parte del XX.

Disfruten plenamente de las cuatrocientas fotografías y cincuenta artículos que fueron publicados en este diario, 'La Verdad'.