Huevos 'premium' y de autor

Huevos de una granja en una cinta transportadora./LV
Huevos de una granja en una cinta transportadora. / LV

TOMÁS MARTÍNEZ PAGÁN

Días atrás, mi buen amigo Nicolás me invitó a ver la floración de los almendros en su finca de Pozo Estrecho y a un almuerzo informal, que preparó en el porche de la misma para los ocho amigos de la Trimilenaria que allí nos habíamos encontrado. Comenzamos la jornada con unas migas de pastor, que su cuñado Raúl prepara como nadie. Mientras esperábamos a que terminase su elaboración, y casi sin darnos cuenta, nos encontramos delante de una buena ensalada de tomate aliñado con aceite virgen de oliva extra y con unas láminas de bonito bien curado. A ello, le sumó aceitunas de la propia finca, acompañadas de un exquisito pan de masa madre de la famosa panadería de Escudero, de La Puebla, y las típicas rosquillas, aportación de Emilio.

Y sin que nos hubiera dado tiempo a terminar, apareció Nicolás con ese plato tan tradicional, basado en la reutilización de las sobras del pan duro, que tiene tanto sabor como calorías y que todos conocemos como migas, ya sean manchegas, extremeñas, de pastor o ruleras. En su época, este plato era el sustento principal de los pastores trashumantes, al que cada cocinero le aportaba su 'toque personal' para convertirlas en algo diferente. Nicolás nos explicó cómo las había elaborado él. Lo que ya les puedo adelantar es que aún en la propia sartén, tenían una pinta que abría el apetito con solo mirarlas.

Según nos contó, él las prepara con un pan de miga muy alveolado, bien seco y cortado en dados muy pequeños, al que después añade pimentón ahumado en leña para humedecerlas, un picadillo de chorizo de calidad y unos huevos fritos camperos para acompañarlas, Y ya, una vez metido el tenedor, puedo confirmarles que, tal y como esperábamos, estaban de categoría.

Pan de miga seco y cortado a dados, pimentón ahumado, chorizo y huevos fritos camperos

En el capítulo del vino, nos sorprendió con un Ramón Bilbao Viñedos de Altura 2014, un vino que el enólogo de la bodega riojana con intereses cartageneros valora como «un vino para un público curioso, que quiere descubrir un Rioja diferente que, además de tener raíces clásicas firmes, es capaz de sorprendernos por su frescura, frutosidad y elegancia».

Viñedos de altura

Ello se debe, en gran medida, a que los viñedos de altura estimulan la acción favorable del viento que ayuda a que las uvas estén sanas. Eso dificulta el desarrollo de los hongos que causan las enfermedades de la viña. Y por otro lado, aporta a los caldos un extra de frescura, además de las características notas de frutas y hierbas.

Y mientras estábamos metidos de lleno en faena, Sebas, que es un gran gourmet a la hora de sopar en el rico huevo frito, nos explicó dónde se crían los mejores huevos de gallina del mundo, los denominados 'Huevos Premium'. Estos huevos se producen en una explotación de Vila de Cruces, muy cerca de Santiago de Compostela, de nombre Galo Celta, cuyos empresarios han conseguido un huevo supremo proveniente de unas gallinas relajadísimas, que campan a sus anchas por parcelas amuralladas entre castaños y robles, y con unos gallineros amplios y abiertos.

Las gallinas ponedoras son de la raza Loman, de plumaje marfil marrón claro, y de la raza Mos, de un plumaje color marrón más oscuro, alimentadas originariamente con harina de castañas, aunque pronto abandonaron este tipo de alimentación debido a que el volumen de grasa que esta tenía afectaba a las gallinas. Actualmente, se alimentan a base de los mejores cereales, maíz y trigo del país y pulpa de aceituna deshidratada elaborada en Granada, sin que se utilicen aditivos, ni colorantes ni nada que se les parezca.

Estas aves de corral son las que se conocen como 'gallinas de picoteo', por su estilo de vida y hábitos de alimentación, ya que este pienso que les dan también lo complementan con lo que encuentran en el suelo (gusanos, insectos y demás elementos de ese suelo tan nutritivo como es el gallego). Además, disfrutan de un ambiente relajado, en el que conviven junto a su granjero. Y la puesta de huevos tampoco tiene nada que ver con la industrial, ya que estas gallinas solo ponen un huevo cada tres días, pero eso sí, unos huevos con la cáscara color beige y unas yemas brillantes y densas, pura crema, con apenas agua, que están muy gustosas.

A 4,95 euros la media docena

Estos huevos que podíamos considerar 'de autor', se almacenan en la propia granja, en una zona habilitada para ello, donde la abundante madera de la construcción, les proporciona la humedad necesaria para su conservación, hasta el momento de su envío a la tienda gourmet. Allí, se venderán por un importe de 4,95 euros la media docena.

Cuanto más cercanos a la fecha de puesta se consuman, mayor resultará en boca la sabrosura y densidad de esta yema de un amarillo intenso, saturado, que no es para nada rojizo ni anaranjado. Su consumo proporciona vitaminas que hidratan la piel y desestresan, a la vez que regulan el funcionamiento muscular. Y mientras disfrutábamos de las viandas, Nicolás nos preparó una bandeja de chacinas, cortadas al más puro estilo andaluz y acompañadas por las rosquillas de La Puebla y unas exquisitas aceitunas de la finca del Marquesado de las Campanillas, unas 'Aceitunas Sefardíes', elaboradas con olivas cornicabra, hinojo silvestre, hierbabuena, romero, tomillo, garrofero, laurel, guindilla, agua y sal. Están para no parar de comer una tras otra, que es lo que tienen los productos artesanos de nuestra tierra.

Nacho aprovechó este momento para contarnos una de esas curiosas historias con moraleja que había leído hace poco y que quiso compartir con todos nosotros. «Un vagabundo leyó en un periódico el siguiente anuncio: «Se vende preciosa casa frente al mar. Tiene tres plantas, jardín y piscina. Valor: un euro».

Acontecimientos de la vida

«Pero qué tontería», pensó. Al día siguiente encontró otro periódico con el mismo anuncio, pero esta vez sintió curiosidad por saber qué clase de broma podría ser esa. Como le quedaba un último euro en el bolsillo, decidió acercarse hasta allí. Llamó a la puerta y le abrió una elegante mujer.

«Disculpe, vengo por lo del anuncio, ¿será una broma, verdad?». «¡Nada de eso! La casa está a la venta», dijo la mujer. «Sí, pero ¿realmente vale un euro?», insistió él. «Sí, así es. Si le interesa, puede entrar a mirar», confirmó ella. Emocionado, el vagabundo sacó del bolsillo el euro y se lo entregó a la mujer. Intrigado, le preguntó por qué la vendía tan barata y ésta le contó que su marido le dejó escrito en su testamento: que vendiera la casa y le diera el dinero a su amante. «¡Debo cumplir el último deseo de un moribundo! He publicado este anuncio durante seis meses y usted es el único que ha venido, así que, toda suya».

Es curioso cómo a veces los acontecimientos de la vida te ponen en el lugar y momento correctos para que aprendas una lección: todos tenemos al menos una oportunidad en la vida, solo es necesario creer que lo imposible es posible.