«La gente de Mfangano vive con lo que tiene sin pensar qué le falta»

Sándra Vázquez, con el cartel de la jornada solidaria. / J. A. Moreno
Sándra Vázquez, con el cartel de la jornada solidaria. / J. A. Moreno

Sandra Vázquez Gómez, voluntaria en Kenia

JESÚS YELO

Sandra Vázquez Gómez (Murcia, 1996) ha decidido aparcar, de momento, sus estudios de Veterinaria para hacer lo que le gusta: ayudar como voluntaria a los niños que viven en la pobreza. La próxima semana marchará por segunda vez a la isla de Mfangano (Kenia) para estar con los más débiles. Hasta allí, también se desplazó el pasado diciembre. La asociación cultural Aza Rock de Abarán, donde reside, ha organizado el encuentro 'Trasvase de solidaridad', con el objetivo de recaudar fondos para adquirir una potabilizadora de agua para el orfanato en el que trabaja Sandra. Este evento, en el que se realizarán actividades infantiles, un campeonato de baloncesto y una rifa solidaria, será hoy, a partir de las 12 horas, en el paseo de la Ermita (Abarán).

-¿Por qué ha decidido volvera la isla de Mfangano?

-Porque la primera estancia, que duró unos veinte días, me supo a poco. Me llené de vitalidad, de agradecimiento y de ganas de avanzar. Tuve una experiencia buenísima en la que todo fueron risas, juegos y amor. Celebrar el día de Navidad con ellos, a su manera, fue una de las mejores experiencias de mi vida.

-¿Cuáles son sus motivaciones para trabajar como voluntaria?

-Los niños son la principal motivación. Estar todo el día con ellos enseñándoles y ver cómo aprenden, sobre todo, es lo que más me gusta. Son niños fuertes, divertidos, siempre van con una sonrisa en la boca y con un 'gracias' ante cualquier gesto que tengas con ellos.

-¿Qué funciones desarrolla en aquella zona de Kenia?

-Nos encargamos del desayuno y la merienda, de que se laven las manos antes de cada comida y de que después se limpien los dientes. Por las tardes, preparamos distintos juegos y damos clase de apoyo a cualquier niño que necesite adaptarse al ritmo de la clase.

-¿Eligió la zona de Mfangano por alguna razón especial?

-Porque conocía a gente que había estado en el mismo lugar y que me había dado muy buenas referencias. Además, el material visual que me mostraron me despejó cualquier duda.

-¿Cómo describiría la situación en la que viven los habitantes de Mfangano?

-Lo más destacable es la pobreza. Viven en casas muy pequeñas, en una isla sin medios sanitarios e higiénicos. Se mantienen trabajando en puestos de comida, ropa o calzado y como conductores de moto, ya que este el medio de transporte que usan. Hay jóvenes que van a la Universidad y que, si no encuentran trabajo, vuelven a casa a trabajar.

-¿Qué es lo que más le llamó la atención de esa cultura?

-La manera de vivir y de afrontar las adversidades: viven con lo que tienen y no piensan en lo que les falta. Son felices con lo que tienen, en lugar de vivir codiciando algo que no les ha tocado. Simplemente piensan que esa es su vida y que van a disfrutarla al máximo.

-¿Cuáles son sus principales necesidades y carencias?

-La principal es la falta de agua. Es imposible tener agua allí. El lago está contaminado y los niños se duchan allí, comen con ese agua, beben de esa agua... Todo esto nos limita a la hora de desarrollar la higiene y la sanidad. Además, por la dieta tan pobre que llevan, sufren una carencia de proteínas. Hay muy poca fruta y verdura, y casi siempre comen arroz, masa frita o gachas de harina y agua.

-Frente al hambre y la miseria que sufren tantos niños en el mundo, ¿qué le diría a los gobernantes?

-Les diría que deberíamos centrarnos en algo tan importante como es salvar vidas. Todos tenemos derecho a vivir a y a ser felices, indistintamente del país o continente en que nos haya tocado para nacer.

-¿Alguna situación comprometida a la que se haya enfrentado?

-Lo más comprometido fue presenciar cómo una pequeña parte de su población nos rechazaba. Hay gente que cree que vamos a explotar su tierra, que vamos a quitarles lo que es suyo y a empobrecerles aún más. A la hora de coger algún ferry como transporte, no nos dejaban sentarnos o simplemente nos ignoraban cuando les pedíamos alguna indicación o ayuda.