«Me duele que estas fiestas todavía tengan detractores»

Mª Luisa Ortiz, con su hija. / A. G.
Mª Luisa Ortiz, con su hija. / A. G.

María Luisa Ortiz, pregonera de las Fiestas del Escudo

ANTONIO GÓMEZ Cieza

Los hechos históricos de abril de 1477 vuelven una vez más el casco antiguo de Cieza. El preludio a las Fiestas del Escudo 'La Invasión', que organiza la Hermandad de San Bartolomé, fueron el homenaje al emblema de la ciudad y el pregón de la periodista María Luis Ortiz.

-¿Qué significa para un festero recibir el encargo de pregonar estas celebraciones?

-Sin duda, una enorme responsabilidad. En principio, parecía una desagradecida cuando me encontré con la sorpresa del nombramiento porque no lo esperaba y pensaba que era algo muy difícil, que lo es. Siempre he admirado a las personas que hacen algún pregón porque, además de sentirlo, tienen que hacer partícipe al público y llegar a todos, no quedarse corto, pero tampoco pasarse y, a ser posible, de una forma hermosa. Pero después me di cuenta de que algo debían de confiar en mí para encomendarme una tarea tan delicada, por lo menos bajo mi punto de vista. Y entonces me hice todavía más pequeña... (risas)

-¿Alguna vez pensó que un día le tocaría a usted?

-¡Nunca!, y eso que he hecho casi de todo en las Fiestas del Escudo 'La Invasión'. He sido cabo y esposa del comendador, y llevo unos cuantos años, a pesar de que todos digo que es el último, presentando la gala del Medio Año Festero, en la que se dan a conocer los cargos; pero ser pregonera es lo último que se me hubiera pasado por la cabeza.

-¿Cómo se concibe y construye un pregón para un evento de estas características teniendo en cuenta que muchos otros la han precedido en esta misión?

-Pues no sé cómo se construye uno, porque perdí la cuenta de los que hice (risas). Sí puedo decir que ha sido mucho escribir y borrar para volver a escribir..., deshacer, añadir. Lo que un día te parece bonito otro no lo ves pertinente. No he pensado en lo que pudieron hacer otros, pero he puesto mucho corazón, mucho sentimiento, una especie de vaciado interior.

-El pregón que pronunció no pudo evitar recrearse en los elementos de la fiesta que comparte con su familia, porque toda ella es festera.

-Es que esa es, precisamente, una de las características de estas fiestas: aquí cabe toda la familia. Mis hijos, Pedro y Ángela, tenían 8 y 4 años cuando Antonio y yo decidimos unirnos a ellas, y ya no conciben un final de abril, aunque este año sean en mayo, sin mercadillo medieval, sin 'tronaera', sin invasión, sin embajadas, sin desfile... No es solo mi caso, la gran familia festera está formada en su mayoría por familias, completas o no, pero núcleos familiares, aunque no todos los miembros formen parte del mismo bando..., y eso las hace todavía más grandes. Tuve el inmenso privilegio de que me presentara mi hija con unas palabras que me sobrepasaron.

-¿Qué representan para María Luisa Ortiz estas fiestas?

-Pasión, ilusión, familia, amigos...; una expresión de amor a Cieza, aunque todavía tengan detractores, y eso me duele un poquito. Creo que la mejor forma de demostrar el cariño por tu tierra es sumar, aportar cada uno desde sus posibilidades.

-¿Qué le parece la evolución que han experimentado en tan pocos años?

-A veces cuesta trabajo digerirlo. Ha sido una evolución muy rápida, pero no por azar; hay muchísimo trabajo y dedicación detrás de todo ello. Muchas personas, las que están ahora al frente y las que lo estuvieron antes, así como todos los festeros, han dejado mucho tiempo y esfuerzo, y también dinero, en que nuestras fiestas sean dignas, tengan difusión, vayan creciendo y ocupando el lugar que les corresponde, porque no tienen nada que envidiar a otras de más renombre.

-¿Cómo ve en Cieza el futuro de la fiesta?

-Creo que espectacular. Esto está en marcha y me parece que no hay quien lo pare. ¿Que habrá que mejorar cosas?, por supuesto, pero todo se andará. Como dije en el pregón, no debería quedar ni una ciezana ni un ciezano, de cualquier edad o condición, sin participar en las Fiestas del Escudo 'La Invasión' al menos una vez. Después, hablamos.