El crimen de la calle San Roque

Composición antigua con las fotos de cinco de los implicados en el doble crimen y robo. /
Composición antigua con las fotos de cinco de los implicados en el doble crimen y robo.

Un grupo de personas del hampa mató en su casa a un acomodado matrimonio de rentistas para robarle, en 1889

LUIS MIGUEL PÉREZ ADÁNHISTORIADOR Y DOCUMENTALISTA

Escribimos hoy un nuevo capítulo de la crónica negra en nuestra ciudad, el crimen de la calle San Roque. El 18 de marzo de 1889, Petra Puertas abre el balcón de su casa para regar las macetas. Son las 10.30 de la mañana, un quejido desde un inmueble cercano al suyo le sobresalta, lo comenta con su marido y este no le da importancia. Una hora después, cuando Petra baja a la calle para comprar pan, observa que la puerta de sus vecinos, los Olivares, se encuentra entreabierta y con las llaves puestas en la cerradura.

Al mismo tiempo se cruza con Nicomedes Román, alcalde de barrio, que venía de la calle del Carmen, comentándole este hecho. Deciden ambos entrar en el portal del número 2 de la calle San Roque, una bonita casa de dos pisos con miradores de madera tallada. Todo está en silencio, llegan hasta la salita y allí se encuentran a una mujer tendida en el suelo en medio de un charco de sangre, inerte y sin respiración; en el dormitorio el cadáver de un varón y aparentemente cosido a navajazos.

Se trataba de un matrimonio de sexagenarios, formado por Pedro Reyes Olivares y su esposa, Florentina Cegarra, conocidos en Cartagena como los Olivares, de posición acomodada y rentistas de muchas propiedades. Los cuerpos presentaban numerosas heridas penetrantes realizadas por una navaja, causa directa de ambas muertes, según los informes de los forenses.

La noticia corrió como la pólvora por todo el vecindario. Hacía pocos meses que en Madrid se había producido el famoso y mediático crimen de la calle Fuencarral, el tema estaba de plena actualidad. La prensa local empezó a interesarse por este crimen y no se hablaba de otra cosa en Cartagena.

Los agentes de la autoridad anduvieron diligentes y en pocos días ya habían detenido a un grupo de personas relacionadas con el suceso.

Se trataban de individuos conocidos en los bajos fondos, la mayoría de ellos con antecedentes penales y que, al parecer, llevaban meses preparando un golpe en casa de los Olivares para robar el dinero que pudiera encontrarse en aquel lugar y para conseguir este objetivo no tuvieron inconveniente alguno en cometer un doble asesinato.

Los detenidos

José Burillo de Lara, alias 'Espadero', Manuel Aznar Jorquera, alias 'El Gorro', Juan Salmerón Herrera, alias el 'Salmerón', Juan Saura Conesa, alias 'El Minero', Concepción Jiménez y Teresa Vizcaíno fueron los arrestados por el doble crimen.

Todos tenían relación entre ellos, incluso el 'Espadero' y el 'Gorro' habían coincidido en el penal y ya habrían planeado este golpe premeditado hacía muchos meses, como luego se demostraría en el juicio.

Es curioso observar que muchos de los apellidos de los asesinos son típicamente cartageneros: Lara, Aznar, Jorquera, Saura, Conesa y Vizcaíno.

El juicio

Tras un año de instrucción, el juicio oral comenzó el 30 de mayo de 1890. Componían el tribunal el presidente la Audiencia, Pedro Espinosa, y los magistrados Mínguez y Nordenfels. Actuó como fiscal Huertas, y como defensores los letrados Andrés y Crisanto Lorente representando al 'Minero' y al 'Espadero'; Ángel Moreno, decano del colegio cartagenero, fue el encargado de la defensa de 'Gorro'; Juan Jorquera defendió a Salmerón; y el letrado José María de Porras hizo lo propio con Concepción Jiménez y Teresa Vizcaíno.

Numerosísimo público se concentró en la sede judicial, que se encontraba en la plaza de Castellini, llenando la sala de vistas. En los alrededores, cientos de personas que habían venido de otros municipios, como el de La Unión, atraídos por el morbo y la expectación.

Un jurado popular elegido por sorteo debería dictar sentencia a tenor de las pruebas presentadas por la fiscalía y las alegaciones de los defensores. Durante ocho maratonianas sesiones más de cuarenta testigos intervinieron quedando finalmente demostrada, por infinidad de pruebas, la autoría de los inculpados en este horrible crimen que tenía como móvil el robo de dinero en casa de los Olivares.

La prensa local transmitió pormenorizadamente todo el proceso y los cartageneros siguieron las deliberaciones como si de una novela por entregas se tratara. Finalmente el jurado dictó sentencia con la siguiente calificación: robo con ocasión del que resultó homicidio; autores los cuatro procesado y encubridoras las dos mujeres; circunstancias agravantes de alevosía, premeditación, reincidencia y ejecutarlo en la morada del ofendido.

Por dicha sentencia se condenó a la pena de muerte, a garrote vil, a los procesados Manuel Aznar 'Gorro', y a José Burillo 'Espadero' como autores materiales del robo y doble asesinato; a Juan Salmerón y Juan Saura, a veinte años como cómplices, mientras que a las dos mujeres a ocho años de cárcel como encubridoras.

Las sentencias de muerte debieron ejecutarse el 15 de julio de 1891. Desde Madrid llegó el verdugo para llevarlas a cabo en el penal de la calle Real, pero minutos antes se recibió un telegrama con el indulto firmado por la Reina Regente María Cristina, por el cual se conmutaba esta pena por la de cadena perpetua para 'Espadero' y 'Gorro'. Ambos terminaron sus vidas entre rejas.