El combate de Chinchilla

Máquina de tren utilizada por los cantonales./
Máquina de tren utilizada por los cantonales.

LUIS MIGUEL PÉREZ ADÁNCartagena

Se cumplen 145 años del denominado combate de Chinchilla. Domingo 10 de agosto de 1873, estamos inmersos en la denominada Sublevación Cantonal de Cartagena, el enfrentamiento se produce entre las fuerzas cantonales, al mando del general Contreras, y tropas centralistas enviadas por el capitán general de Valencia, Arsenio Martínez Campos, al mando del general Federico Salcedo. Si tuviéramos que señalar un hecho de armas fundamental en el desarrollo de esta sublevación, sin duda diríamos este combate. Su resultado, fue crucial, pues significó el fin de la fase de expansión del movimiento cantonal iniciado en Cartagena.

Sin entrar en grandes detalles, la situación del 10 de agosto de 1873 es que, una vez sublevada Cartagena y con las tropas y fuerzas navales dispuestas, los cantonales iniciaron una serie de expediciones. Su objetivo era consolidar y extender a otras zonas del país la Revolución Cantonal, para instaurar en España una República Federal. Lorca, Orihuela y Hellín fueron las primeras ciudades en recibir la visita de las fuerzas cantonales por tierra, al tiempo que la escuadra cantonal hizo lo propio en Málaga y Alicante.

Fue en esos momentos cuando, desde Valencia, se recibieron noticias de que el movimiento federal estaba amenazado por el envió de tropas de Martínez Campos.El Gobierno Provisional de la República Federal, constituido permanentemente en Cartagena, decidió acudir en ayuda de Valencia, para lo que dispuso del general Contreras, jefe de las fuerzas cantonales. Éste dirigió la expedición, que lógicamente debería haberse realizado por mar. No se pudo hacer de esta forma, a causa de las capturas de dos fragatas cantonales por fuerzas internacionales. Y ante esta situación adversa, Contreras decidió dirigirse a Valencia en ferrocarril.

Para ello fueron movilizados, desde la estación de Cartagena, dos trenes. precedidos de una máquina exploradora. Deberían haber llegado a la estación de Chinchilla (Albacete), para desde allí enlazar con la línea que debería dirigir al cuerpo expedicionario cartagenero a la ciudad del Turia.

La disposición de las fuerzas cantonales en los trenes fue la siguiente: en el primer tren iba un batallón de Guardias de Arsenales del tercer regimiento de Infantería de Marina (unos 350 hombres), marineros de las fragatas Victoria y Almansa y soldados del tercer regimiento de Artillería (300 hombres). Al mando de estas fuerzas estaba el general cantonal Pozas Soler. En el segundo tren embarcaron tropas del batallón de Cazadores de Mendigorria y del Regimiento de Iberia, con otros elementos militares y voluntarios cartageneros, al mando del General Contreras, en un número aproximado de 850 hombres.

La noche anterior, Martínez Campos, pensando que las fuerzas cantonales podrían dirigirse a la reconquista de Valencia por tren y por esta ruta, envió a la estación de Chinchilla a un pequeño destacamento de carabineros. Lo mandó el coronel Escoda, para luego ser reforzado por una columna al mando del general Salcedo.

Revolución cantonal

La máquina exploradora que precedía a los dos trenes cantonales, al llegar a la estación de Chichilla, lo que hizo fue advertir al coronel Escoda de la llegada de estas fuerzas. Y éste, con unos pocos carabineros, tomó posiciones e interceptó las vías en la misma estación. Al llegar el primer tren al mando de Pozas, éste se ve sorprendido por el fuego enemigo. No tenía ni idea del número de efectivos que tenía en frente, y hubo varias escaramuzas. Entonces, detuvo el tren en espera de la llegada de Contreras, con lo que perdió un tiempo esencial, pues no continuar el viaje a Valencia propició la llegada del grueso de las tropas de Salcedo. Eso sí que igualó a los combatientes.

Esta falta de decisión por los mandos cantonales tuvo unas consecuencias desastrosas para éstos. Los trenes estuvieron parados en la estación, solo por la oposición de unos cuantos carabineros. Y el general Salcedo pudo emplazar varias piezas de artillería sobre posiciones elevadas y disparar sobre los trenes. Eso causó un total caos en los cantonales que, sorprendidos, iniciaron una desbandada por toda la estación.

El segundo convoy logró arrancar y dirigirse de vuelta en dirección a Cartagena. Contreras y el resto de oficiales lograron, con muchas dificultades, llegar a nuestra ciudad. La mayoría de los hombres del primero fueron hechos prisioneros. Fueron unos 500 individuos, para los que comenzó un auténtico calvario, que terminó con su deportación a Cuba.

Mandos negligentes

Esta derrota cantonal en Chinchilla, a manos del general Salcedo, acabó con todo intento de expansión del movimiento cantonal y dejó reducida su defensa a la plaza fuerte de Cartagena. Empezó el duro asedio y bombardeo de ésta durante los siguientes cinco meses.

La negligente actuación de los mandos cantonales, pese a tener superioridad numérica y el factor sorpresa a su favor, impidió dar un golpe de mano que posiblemente habría cambiado el rumbo de la I República Española. Podemos afirmar que, a partir de Chinchilla, la sublevación fue otra cosa.

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