Buen presagio para la campaña de Aníbal

Sacerdotisas de Baal-Hammón suben por la calle Cañón, durante la marcha de las tropas hacia Roma. /
Sacerdotisas de Baal-Hammón suben por la calle Cañón, durante la marcha de las tropas hacia Roma.

Los druidas dan el visto bueno a la salida de las tropas y su caballería, tras la llegada al puerto

E. R. K.CARTAGENA

Las gradas y la platea del auditorio del puerto, pobladas por 1.300 personas, despidieron con aplausos a los cientos de guerreros que protagonizaron el desembarco carthaginés, la contratación de mercenarios y la partida hacia Roma, a la que se incorporó una cuadra de caballos, que la convirtió en más espectacular.

El acto tuvo un preludio más prolongado que otras veces, con los parlamentos del general Aníbal con otros generales carthagineses, en espera de los refuerzos de tropas navegantes, que llegaron en un remolcador portuario al filo de las ocho de la tarde, a la Escala Real. Est vez ni siquiera se pensó en hacer la singladura desde Santa Lucía en barcos de vela latina, tras los frustrados intentos de los años precedentes. Las negociaciones con aliados y mercenarios se vieron arropadas por los movimientos de las huestes, de un lado al otro del escenario. Después tuvo lugar la invocación de los druidas, con la escenificación de un sacrificio humano, para conseguir el beneplácito de los dioses a la campaña contra Roma.

Alrededor de 300 miembros de las tropas se concentraron alrededor de las nueve de la noche en la Plaza del Ayuntamiento, de donde partieron escoltados por varios mandos a caballo. La marcha subió por la calle Cañón, siguió por la del Aire, con lo que no pasó por la calle Mayor. Después continuó con el recorrido habitual (San Sebastián, Puerta de Murcia, Carmen, Plaza de España, Alameda y Soldado Rosique) para cruzar el puente del Cartagonova y llegar al campamento.