El cantor de la piedra

Jorge García Aznar, con su marinero. / JUAN CARLOS CAMPOY
Jorge García Aznar, con su marinero. / JUAN CARLOS CAMPOY

JOSÉ SÁNCHEZ CONESA

Cursaba su segundo año de carrera en Bellas Artes (Valencia) cuando Jorge García Aznar ganó el concurso convocado por el Ayuntamiento, irrumpiendo con 'Marinero de reemplazo', que fue inaugurado en diciembre de 1999. Se eliminaba el CIM y la institución municipal no quería perder para siempre una estampa típica de la ciudad. Lo vemos avanzar costosamente, entre avecindados y turistas, debido al enorme petate que carga sobre sus espaldas. Posiblemente le falte ilusión por entrar al cuartel.

A escasos metros del bronce, sobre el césped de la Muralla de Carlos III, encontramos la cabeza de Escipión que realizó para el festival Mucho más Mayo (2002). Le gustan los bustos porque exigen voluntad realista, el reto de la fidelidad al modelo para plasmar en el personaje las huellas del alma.

Dirigimos nuestros pasos hacía la Facultad de la Empresa, antiguo CIM, para observar el escudo de la UPCT sobre la rotonda debido a Jorge. Frente al Arsenal Militar otra obra icónica como es su 'Soldado de Infantería de Marina', eternamente desfilando. La adjudicación del Infante la ganó mediante el concurso convocado por la Federación de Asociaciones de Veteranos de Infantería de Marina. Hay quienes reconociéndose nada militaristas ven en estos personajes memoria personal e historia colectiva de Cartagena.

Un paseo por lugares emblemáticos de la ciudad permite descubrir la obra de Jorge García Aznar

Proseguimos nuestro paseo por la ciudad descubriendo a Aznar. Nos dirigimos al Rectorado de la UPCT hasta dar, como en los otros casos, con figuras escultóricas a nuestra misma altura. Nada de pedestales solemnizadores que nos distancian de este grupo de Profesores y Alumnos de la UPCT (2008). Se trata de un conjunto concebido como homenaje a la comunidad universitaria.

Pasamos del bronce al mármol en la Plaza de San Francisco con la figura de Augusto (2014), bajo cuyo mandato tanto prosperó Cartago Nova. Entrevemos el musculoso esfuerzo de esculpir túnica y manos en una reproducción a escala 1.1 de la mismísima figura imperial hallada en excavación cercana. Escribía Giulio Carlo Argán que la escultura traspone el objeto a «una dimensión metafísica: la historia, la alegoría o el mito». Presencia perenne en la calle de un hombre convertido en dios por los romanos.

Me cuenta Jorge que en el año 2016 realizó labores de cantería en el templo de Isis, cerro del Molinete. Una auténtica paliza porque iba a contrarreloj para cumplir con el plazo pactado. De ese derroche de esfuerzo físico salían columnas, escalones, cornisas. Qué le vamos a hacer, le gusta dar porrazos, lo que resulta una eficaz terapia anti estrés tras impartir clases como profesor de Dibujo en la Escuela Superior de Diseño de Orihuela. Se diga lo que se diga, el arte sigue unido a métodos de producción artesanales por mucho que avance la civilización tecnológica y se hable del arte generado por ordenadores.

A las afueras de Galifa ubica el taller, en unas antiguas cuadras, donde nadie se puede quejar del golpeteo vigoroso que perfila formas en medio de uno de los paisajes más bellos de la comarca. Veo el San Agustín que realizó para la fachada de la iglesia de Fuente-Álamo, parroquia en la que cuelgan a ambos lados del altar mayor dos cuadros suyos. Jorge es pintor, exponiendo en la familiar galería Gigarpe sus impresiones de Venecia, ciudad en la que residió dos años. Fue su padre, Ginés García, quien le descubrió las bellezas del Prado y de otras pinacotecas, abasteciéndolo de una nueva realidad.

Ricardo Codorníu

Admira a Mariano Benlliure, Sorolla, Velázquez, Antonio López, Rodin y Miguel Ángel. De este último su concepción del movimiento, el desequilibrio, los cuerpos contorsionados, la fuerza hercúlea. Muy especialmente los célebres 'Esclavos', estatuas inacabadas a medio salir de la piedra madre como criaturas no natas. Quizá sean ellas las que no deseen emanciparse del seno primigenio, prefiriendo ocultarse para siempre en el silencio mineral. Jorge Aznar piensa en el homenaje que rinde el gran Miguel Ángel a la materia, a la piedra misma; lo que me hace recordar los versos del cartagenero Perico Beltrán: la guitarra guarda los pájaros del árbol con que la hicieron.

Me muestra el catálogo de la exposición 'Esculturas' (2006), que tuvo lugar en la ermita de San Roque de Fuente Álamo, pudiéndose apreciar su expresión artística en piedra, alabastro, mármol, poliéster, bronce o madera. En muchas de estas magníficas obras comprobamos el canto nerudiano al material, el respeto reverencial al origen. La sombra de los Esclavos es ciertamente alargada

Estos días de Semana Santa hará que la figura del ingeniero de montes Ricardo Codorníu (Cartagena, 1846-Murcia, 1923), conocido como el apóstol del árbol, franquee el umbral de un tronco de ciprés para estar con nosotros a tamaño natural en la Plaza de España. Se trata de un proyecto promovido por el colectivo ecologista Creect en memoria del conocido repoblador de Sierra Espuña.

En su estudio cuenta con un piano al que puede dedicar de seguido cuatro horas, desprovisto de toda prisa para versionar canciones de Queen o Los Beatles. Me muestra uno de los dos discos de Deus ex Machina, un grupo cartagenero de música tecno del que formaba parte a finales de los 80 y comienzos de la siguiente década.

Uno tiene la sensación con Jorge de que le viene un poco grande todos esos rituales de presentaciones de exposiciones, discursos y etcéteras. En cambio, es feliz al otro lado de la frontera, en el pequeño reino del estudio donde se ajusta con la vida. A veces el mundo de todos los días se eleva a categoría de paraíso.