Arrecian las quejas de comerciantes y vecinos por la suciedad del Ensanche

Dos personas caminan por una acera de la calle Pintor Balaca, ennegrecida por la suciedad. / ANTONIO GIL / AGM
Dos personas caminan por una acera de la calle Pintor Balaca, ennegrecida por la suciedad. / ANTONIO GIL / AGM

Los residentes piden un mejor servicio y los empresarios denuncian que Lhicarsa deja esta zona desatendida durante semanas

Eduardo Ribelles
EDUARDO RIBELLES

«Cada día que abro la persiana de mi establecimiento, me encuentro la acera tan sucia que parece que esté debajo de tres o cuatro nidos de paloma». Esperanza Bermejo, comerciante y presidenta de la asociación La Milla, que agrupa al sector en la zona entre la Alameda de San Antón, el Ensanche y Ciudad Jardín, se encontró ayer con que «por primera vez en varias semanas», dos operarios con una cuba de agua y otros dos con una sopladora y una escoba y un recogedor pugnaban por remediar la situación. «Pero la porquería está tan incrustada que no lo consiguen», indicó. La queja de los comerciantes es compartida por las asociaciones vecinales, aunque el listón de sus exigencia es tan bajo que no manifiestan un desencanto especialmente acusado.

La limpieza con manguera de agua dejó algo menos sucia la calle Ramón y Cajal. Sin embargo, a primera hora de la tarde Pintor Balaca, Príncipe de Asturias, Juan Fernández, Ramón y Cajal, Wssel de Guimbarda, Ángel Bruna y Cartagena de Indias seguían cubiertas por una capa de suciedad ennegrecida. «Es por los árboles, sobre todo las plataneras, que están enfermos y sueltan un liquidillo», indicó Esperanza Bermejo. «Es una resina que mancha instantáneamente las baldosas y que parece muy difícil de eliminar», dijo Juan Francisco Saura, representante vecinal de la zona de la Alameda. A ello se unen «las flores de las otras especies que han puesto. Si caen sobre las aceras y no las limpian enseguida, las ensucian todavía más», indicó Bermejo.

La suciedad es todavía más evidente en la base de las farolas y de los parquímetros de la ORA. Allí se notan los rodales que han dejado los orines de decenas de perros. Al no limpiarlas durante días, a veces semanas, sería necesaria una labor concienzuda, no solo rociar con agua.

Los operarios cuentan con pocas cubas y fregadoras y no han recibido aún la maquinaria pesada nueva

«El servicio tendría que ser mucho mejor. Así, además, fomentaríamos el civismo ciudadano, porque no es lo mismo ensuciar una calle limpia que tirar algo en una que ya está hecha un asco», indicó el representante vecinal del entorno del parque Sauces.

Empleados de Lhicarsa, que ayer trabajaban en Príncipe de Asturias y Ramón y Cajal reconocieron la falta de equipos. Solo cuentan con cuatro cubas para todo el centro de la ciudad. Las fregadoras nuevas que deberían estar ya en activo todavía no han llegado. Y entre las que llevan tiempo en servicio, hay alguna que ha tenido que ser retirada de la calle, porque no funcionan correctamente. Lhicarsa acordó hace tres meses una mejora de la maquinaria que supondrá sustituir los aparatos que tienen más de diez años. Para ello, el Ayuntamiento acordó con su socio en la empresa mixta, FCC, el adelanto de 1,5 millones de euros de la inversión que estipula el contrato, a partir del año que viene. Las máquinas sopladoras y una de las barredoras han llegado, pero faltan vehículos pesados como las fregadoras y los camiones cuba y de limpieza de contenedores. Además, Lhicarsa arrastra un déficit estructural de al menos veinte trabajadores, como puso de manifiesto un estudio hecho por el Ayuntamiento en verano de 2017. En los primeros meses de 2018 y 2019, el remedio fue aplicar planes de choque, que no han solucionado el problema. El edil de Servicios en funciones, Juan Pedro Torralba, aseguró que la limpieza se hace como está previsto.

La ubicación de los depósitos de residuos es causa de otra de las quejas de la asociación de comerciantes La Milla. «Me pregunto por qué muchos de ellos están frente a los escaparates de muchos comercios, en calles en las que las aceras no son especialmente anchas», indicó Bermejo. A su juicio, se podrían aprovechar las zonas frente a los chaflanes.