Antonio Vidal, poeta de la imagen

Antonio Vidal, en su taller de trabajo. / PABLO SÁNCHEZ / AGM
Antonio Vidal, en su taller de trabajo. / PABLO SÁNCHEZ / AGM

JOSÉ SÁNCHEZ CONESA

Antonio Vidal nació en Cartagena, en Los Dolores, hace 62 años. Por eso, va siempre uniformemente acelerado. Le obsesiona la falta de tiempo para poder desplegar todas sus posibilidades vitales y artísticas, aunque su verso brote de manantial sereno. Aprendió de su padre la afición a los pinceles, aunque el progenitor fuese un peculiar pintor de espátula y óleo, una de cuyas obras contemplamos en el taller dolorense de Antonio: representa un caserío entre el estilo que recuerda a Cézanne y un cubismo balbuciente. Le pone en contacto con José Jiménez Betanzos, otro pintor que gusta de organizar excursiones para pintar al natural por los campos de Cuesta Blanca, Tallante o Perín, localidad en la que su moto derrapó y «pilló una liebre».

Pudieron llevar al lienzo molinos que ya nunca volveremos a ver, casas en ruinas, enhiestas palmeras y en Mazarrón bravas marinas. Betanzos lo va corrigiendo, tanto en acuarela como con plumilla, técnica que se verá influida por la asistencia del joven Antonio Vidal a la gran exposición de Nicomedes Gómez en el Palacio de Aguirre, en los inicios de la Transición democrática.

Su primera exposición será en 1980 en el Aula de Cajamurcia, empresa en la que unos pocos años más tarde ingresaría como trabajador. Aunque con el título de Magisterio en el bolsillo, los niños le hicieron correr en la dirección contraria, asegura. Llegará a director de oficina, constituyendo en esos años el arte su alimento espiritual. El tiempo libre lo dedica desde muy pronto a la experimentación con el grabado, a pesar de la escasa información que logró reunir sobre el asunto. Se trata de una técnica escasamente conocida en nuestra tierra. Comenta jovial Antonio que ahora, en internet, uno encuentra tutoriales de todo hasta el infinito.

Pintor, grabador e ilustrador, preside el colectivo Art Nostrum y prepara una obra sobre cuentos folklóricos

Sus primeras clases las recibe en Murcia de Juan José Molina Villaescusa, siendo el único alumno en el aula, lo que muestra el desarrollo minoritario de la obra gráfica original en aquel año de 1995. Desde ese momento, pasa a ser una autoridad en la materia dentro de la Región, pues no serán pocos los artistas y alumnos de Bellas Artes que pasen por su taller del citado barrio cartagenero, para realizar sus grabados y formarse.

Lo que vivió de niño

Es un brillante ilustrador de espléndidos libros, como 'En noches de candangas' (2015), una selección de los centenares de cuentos de tradición oral que el autor Anselmo J. Sánchez Ferra recopiló en el término municipal. Al año siguiente, pone su ciencia al servicio de una peculiar colección de relatos procedentes de la lorquina sierra de La Almenara, titulada 'El caracol sin prisa', que firma Pablo Diez Moreno (2016). Tras estos renombrados éxitos sus lápices, tintas y acuarelas, precisan las características de diversas especies que surcan nuestros cielos en el texto 'Hablando de pájaros' (2017), obra fundamental en el estudio de la ornitología popular que debemos a Gregorio Rabal Saura.

Dentro de unos meses nos sorprenderá con las 70 ilustraciones que darán lustre a una próxima entrega de cuentos folklóricos de Sánchez Ferra. Antonio propone elementos realistas, como puedan ser los dibujos de aperos, enseres y otros objetos presentes hasta hace unas décadas en los campos, junto a unas figuras humanas esquemáticas que se asemejan a espíritus, al no poseer manos ni pies. Antonio Vidal gusta el conocimiento de la cultura tradicional, porque de niño vivió algunos elementos ya extinguidos que la constituyen.

Encuentro muy interesante sus últimas actuaciones y reflexiones recogidas en 'De lo profundo', sobre los explotados y las fronteras, bien sean las físicas, las bélicas o las económicas. Un cayuco, que yo encontraba pecio fenicio, simboliza la frontera en el mar. Donde otra ve plácidos juncos, Antonio nos muestra lanzas con las que se enfrentan dos bandos rivales, en una abstracción que no abandona la figuración de manera rotunda. Lo justo y necesario para denunciar un mundo que excluye a la mayoría. Parece como si alcanzase un lenguaje primigenio de formas geométricas, propio de los albores de la Humanidad.

Diálogo con la antigüedad

Unida a la faceta de pintor, grabador e ilustrador está la de coordinador del colectivo que componen los catorce artistas de 'Art Nostrum, artistas plásticos mediterráneos'. La preside Antonio desde su constitución en 2015, cuando fueron convocados por él mismo y Juanita Nieto Carrascosa.

Se trata de un grupo de pintores, escultores, fotógrafos y grabadores que desean llevar sus obras por toda la Región y más allá de las fronteras nacionales, pues han expuesto en Italia en dos ocasiones y en varias ciudades españolas. Recordamos en Cartagena la magnífica exposición 'Heryca. Los viajes de Sirus', en el Palacio Consistorial y en el Museo del Teatro Romano, dedicada a romanos y carthagineses.

Recientemente, han descolgado de las paredes de la Universidad Popular de Mazarrón 'Yared. Llegas y apareces', un viaje por el pasado fenicio y romano de este enclave, en el que contaron con el asesoramiento histórico de Elena Ruiz Valderas. Tal y como ha escrito en el catálogo Salvador Torres, uno de sus pintores: «Resulta fascinante plantear una interpretación artística a partir de los hallazgos arqueológicos que nos han llegado a través de los siglos, de forma fragmentada».

Es una reflexión sobre la antigüedad, en diálogo con la contemporaneidad, para rastrear en lo universal eterno, con lo enriquecedor que supone una propuesta colectiva. Lo es por la diversidad de sus planteamientos artísticos y materiales, la variedad de disciplinas, las percepciones personales y los plurales vocabularios. La próxima no se la pierdan.

 

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