La antigua guardesa del Huerto de las Bolas se salva de nuevo de ir a la calle

Antonia, ayer ante su casa del Huerto de las Bolas. / J. M. RODRÍGUEZ / agm
Antonia, ayer ante su casa del Huerto de las Bolas. / J. M. RODRÍGUEZ / agm

Un juzgado suspende el desahucio a 36 horas de la ejecución y permite a la mujer y a sus hijos buscar un piso de alquiler en el que realojarse

Eduardo Ribelles
EDUARDO RIBELLES

Antonia Fajardo, antigua guardesa de la Torre Llagostera en la finca municipal del Huerto de las Bolas (Los Dolores), se ha salvado de nuevo, siete años después, de la maldición que en 2012 ya estuvo a punto de dejarla en la calle. Ayer recibió una buena noticia, a 36 horas del límite para dejar el que ha sido su hogar desde 1997, sin tener otro lugar al que ir. El Juzgado de Lo Contencioso Administrativo número 1 de Cartagena suspendió cautelarmente la ejecución del desahucio y le dio más tiempo.

«Solo pido que alguien se fíe de mí y me alquile una casa, para poder rehacer mi vida», explicó ayer Antonia, en declaraciones a 'La Verdad'. «Con 54 años y limpiando casas, tres días a la semana, tengo el dinero justo para comer y para mis hijos, que están en el paro», añadió.

Su pelea por no quedarse sin techo comenzó cuando estaba casada con Antonio Infante. El matrimonio de guardeses había trabajado para la familia Martínez Balsalobre, antigua propietaria de la Torre Llagostera. Pero hace una década, los dueños cedieron la propiedad al Ayuntamiento, que asumió su conservación. Además de restaurar la finca como jardín botánico, mantenido por el Servicio Municipal de Parques y Jardines, también el edificio fue recuperado. Salió a concesión como restaurante y la familia de Antonia se quedó sin trabajo. Asimismo, el gerente del establecimiento hostelero exigió su salida, porque quería hacer un salón de banquetes, en los barracones anexos que ocupa la vivienda del matrimonio. «Esa idea se le quitó de la cabeza muy poco después», apuntó Antonia.

Más tiempo

Todo esto llevó a una reclamación en los juzgados, cuyo resultado fue desfavorable para Antonia. El Juzgado de lo Contencioso Administrativo le informó este verano del desalojo, previsto para mañana. La suspensión cautelar comunicada ayer por la tarde mitiga por ahora su situación. En el escrito recibido por su abogado, el tribunal le concede más tiempo, sin un plazo concreto. Ahora, Antonia está divorciada, pero sigue viviendo con tres de sus cuatro hijos, de 24, 19 y 18 años. Además, en esos siete años la casa de dos dormitorios, cocina, baño y salón se ha deteriorado considerablemente, según indicó. «En ella ya no podemos vivir. Por eso, no me angustia que me desahucien, sino que lo hagan cuando todavía no tengo un sitio al que trasladarme», dijo.

Nada más recibir la notificación de su abogado de que iba a perder y de que el desahucio no iba a tardar en tener lugar, Antonia se puso en movimiento. Contactó con la Concejalía de Bienestar Social. «No tengo queja, porque me han asegurado que tengo garantizados tres meses de alquiler subvencionado y una ayuda que cubrirá parte del coste durante un año. Pero para eso tengo que encontrar a alguien que me alquile el piso. Y en todos los sitios me piden una nómina que no tengo. Me preguntan quién me avala y en cuanto digo que dependeré de una ayuda social del Ayuntamiento, todos me cierran la puerta», explicó Antonia.

El aplazamiento otorga algo de aliento a la familia de Fajardo. «Ahora que sea lo que Dios quiera y que tenga muchas llamadas para conseguir un alquiler», comentó ilusionada. «Solo pido un poco de fe en que saldremos adelante, en que alguno de mis hijos logrará un empleo y en que podremos pagar el alquiler», concluyó esta mujer.

Asuntos Sociales: «No podemos meterla en una casa social; no está registrada»

La concejal delegada de Asuntos Sociales, Mercedes García, subrayó, en declaraciones a 'La Verdad', que su departamento tiene un protocolo muy estricto en la distribución de ayudas al alquiler y en el realojo de personas en las viviendas sociales. En este último caso, «las tenemos todas ocupadas y tampoco podemos meter en ellas a alguien que no esté registrado como demandante», explicó García. Por lo que respecta a las subvenciones a los alquileres, son los perceptores los que tienen que encontrar una vivienda para recibir la ayuda.