El Algar y su camino hacia un ayuntamiento

Vecinos de El Algar en manifestación, en 1998, camino de la autovía para cortarla. / LV
Vecinos de El Algar en manifestación, en 1998, camino de la autovía para cortarla. / LV

JOSÉ SÁNCHEZ CONESA

Cuando estamos aún celebrando las fiestas patronales de El Algar en honor de la Virgen de los Llanos, recordamos algunos episodios de la historia de esta localidad tan ligada a los anhelos de autogestión.

La catedrática de Historia de la Economía María Teresa Picazo escribió en más de una ocasión que esta región contó con extensos términos municipales como los correspondientes a Murcia, Lorca y Cartagena en el contexto de una comunidad sin sentido de la identidad regional y con una fuerte insuficiencia de instituciones que vertebraran los intereses de los campesinos, el grupo social más numeroso hasta mediados del siglo pasado. De esta manera grandes masas de población quedaban al margen de instituciones que les representaran, sin una escuela de ciudadanía activa y debilitados además por el poder de los grandes propietarios rurales.

La primera Constitución liberal de 1812 trató de paliar esta situación con la creación de nuevos municipios en aquellos núcleos que así lo desearan, siempre que sobrepasasen las mil almas. Una manera de 'democratizar' la vida de los habitantes del medio rural a la que accedieron Pozo Estrecho, Alumbres y La Palma. El día 15 de abril de 1821 se suma El Algar a la nueva con su propio municipio segregado de Cartagena y su alcalde José Nondedeu al frente. Así sucedió en numerosas pedanías de huerta y campo pertenecientes al término municipal murciano. Al calor de la legislación local liberal progresista lograron posteriormente la independencia de la capital los enclaves de Torre Pacheco, San Javier y San Pedro del Pinatar. Y lo bien que les ha ido.

A principios del siglo XIX, la diputación estuvo segregada del municipio cartagenero

El convulso siglo XIX estuvo atravesado por las luchas entre los partidarios del progreso y la reacción, triunfando en la mayoría de las ocasiones las fuerzas absolutistas o conservadoras. En estos últimos periodos eran disueltos muchos de los nuevos ayuntamientos retornando a su condición de pedanías o diputaciones.

Época minera

La minería transformará desde 1840 la estructura socioeconómica de Cartagena, provocando un aumento de población espectacular. No quedará ciertamente al margen la población algareña, que formaba parte de la Sierra Minera, solicitando en 1859 el regreso a su estatus anterior. Argumenta el vecindario que ahora son mayores sus razones como consecuencia del crecimiento demográfico experimentado, lo que precisa una administración más cercana a sus moradores.

No consiguen el retorno a la extinguida municipalidad y lo vuelven a intentar durante la I República, elevando la petición con el aval de mil firmas de cabeza de familias, lo que nos aproximaría a un total de seis mil habitantes. El escrito es enviado a la Diputación de la provincia con fecha 23 de febrero de 1873. Se esgrime, entre otras razones, las largas distancias que deben recorrer para solventar cualquier trámite en la ciudad marítima. El levantamiento cantonal y el consiguiente fin de la experiencia republicana acabará nuevamente con el sueño.

El golpe de Miguel Primo de Rivera acabará otra vez con los intentos de una nueva articulación de la organización local, hasta la llegada de la II República en 1931. Durante una asamblea vecinal que tendrá lugar el 6 de diciembre de 1936 en el Teatro Circo Apolo serán los sindicatos UGT y CNT los que reclamen la institución municipal para El Algar y sus caseríos circundantes. No olvidemos la existencia de un movimiento obrero organizado como consecuencia de la actividad minera.

El Ayuntamiento de Cartagena rechaza razonadamente la petición, entre varios motivos se indica que deben reclamarlo la mayoría de los ciudadanos de todos los núcleos incluidos y ciertamente los avecindados en San José del Lentiscar y Los Beatos elevaron un escrito en contra de su pertenencia a la proyectada institución local.

El estallido de la Guerra Civil hará que se trunque cualquier atisbo de solución negociada, aunque existe una información oral que nos llega por dos testimonios de personas distintas que indica que el general Franco, conocedor de la situación, planteó la constitución del municipio a Rafael Garcerán, un abogado algareño afincado en Madrid, líder de la Falange, colaborador estrecho de José Antonio y algo crítico con el franquismo. Una manera de congraciarse con el díscolo Garcerán, quien respondió negativamente a la proposición ya que en aquellos años sórdidos de posguerra la tarea urgente era comer. El dictador no se oponía en principio a la instauración de nuevos términos municipales.

Una vez muerto éste, y aunque no se había iniciado aún la reforma democrática, el aperturismo hizo posible la publicación de la carta abierta de un vecino en 'La Verdad', con fecha 31 de agosto de 1976. En ella expresaba la opinión favorable a la segregación de una amplia mayoría congregada en la asamblea convocada a tal efecto por la asociación de vecinos.

La movida democrática

Cartagena seguía sin dar respuesta a los numerosos problemas de infraestructuras y servicios públicos, por ello se sucederán diversas intentonas, destacando el año álgido de 1998. Se ensayaron diversas vías como las negociaciones políticas con el gobierno de Valcárcel, (que a punto estuvieron de prosperar), los estudios de viabilidad económica, la recogida de firmas, la vía judicial, las manifestaciones multitudinarias, los sonados cortes de la autovía de La Manga, la quema de la OMITA, las fiestas históricas de la Jara, la fiesta de la Trashumancia, la creación del Partido Independiente del Mar Menor (PIMM), que resultó ser el más votado allí en todas las elecciones municipales a las que concurría. Finalmente es en 2001 cuando el Tribunal Superior de Justicia de Murcia falla sentencia en contra de la asociación de vecinos.

Los líderes de esta época fueron, entre otros, el presidente vecinal Narciso Fernández, los hermanos Pilar y Ángel Sánchez Álvarez y el profesor universitario Juan Antonio Fernández.

¿Habrá una nueva etapa en esa larga marcha hacía al autogobierno y la reafirmación de la identidad local? ¿Estas reivindicaciones sostenidas en la historia revelan un problema estructural sin solventar?