La actividad inmobiliaria ligada al comercio y la vivienda crece casi un 25% en un año en Cartagena

Obreros, en la construcción de un edificio de dos plantas, en la calle Sor Francisca Armendáriz. / pablo sánchez / agm
Obreros, en la construcción de un edificio de dos plantas, en la calle Sor Francisca Armendáriz. / pablo sánchez / agm

Los proyectos se centran en el casco histórico y en parte del Ensanche, mientras los barrios periféricos quedan al margen

Eduardo Ribelles
EDUARDO RIBELLES

Un equipo de obreros trabaja desde hace algunos meses, con ahínco, en levantar un edificio de dos plantas y un bajo en la calle Sor Francisca Armendáriz. «Es para dos viviendas en venta y un bajo comercial», comentaba, el jueves pasado, uno de estos operarios. Días atrás, otro grupo de albañiles colocaba con mimo las piezas de un mirador en el primer piso de un edificio en restauración en la Puerta de Murcia, sobre el local que ocupa un bar de reciente instalación. «Es para doce apartamentos turísticos en alquiler», comentaba uno de sus artífices. Estas promociones inmobiliarias son solo dos de las muchas que puede ver cualquier peatón que pasee por el casco histórico y sus aledaños. El año pasado, hubo un incremento del 12% en las licencias de obra mayor respecto a 2017, con 358; prácticamente una al día. El aprovechamiento de los bajos como locales comerciales generó un incremento aún mayor de permisos de actividad, con un 51,16% de declaraciones responsables, lo cual incluye la reforma interior. El aumento global es del 25%.

PERMISOS CONCEDIDOS

534
licencias otorgaron los servicios municipales en 2017 para obras y actividades en inmuebles.
683
autorizaciones dio el Ayuntamiento, en 2018. El aumento es del 25%

A pesar de que el Plan General Municipal de Ordenación Urbana (PGMOU) lleva anulado tres años, en los últimos 18 meses los proyectos de reforma integral de edificios en el casco histórico han experimentado un florecimiento notable. También algunos solares que llevaban incluso décadas afeando su entorno están ahora llenos de andamios adosados a nuevos edificios en construcción o tienen vistosos carteles que anuncian nuevas promociones inmobiliarias.

Las limitaciones que impone volver al planeamiento de 1987 son mucho menores entre la calle Carlos III (sobre la antigua muralla de tierra) y la fachada marítima, que en el resto del municipio. Las restricciones en el Ensanche acabaron con el proyectó de un edificio de once plantas para viviendas en el patio del Colegio de Adoratrices. Mientras, el plan especial que regula el casco histórico permite que sus principales calles tengan obras en marcha de un rango similar.

INGRESOS

4,02
millones de euros supuso la recaudación por tasas urbanísticas (trámites y licencias de obra y actividad) en un año 2017.
4,96
millones de euros ingresaron las arcas municipales por permisos urbanísticos el año pasado. El incremento es del 23%.

Muchas rehabilitaciones

Entre las iniciativas destacadas en el casco antiguo hay dos en la calle Real (una con mantenimiento de fachada y la otra no); una en la Plaza de San Sebastián, con la calle Mayor; y otra en el número 4 de la calle Santa Florentina. Asimismo, avanzan las remodelaciones de fachadas e interiores en al menos dos bloques de la calle Carmen. En la Puerta de Murcia, la recuperación de un edificio de dos alturas, con un bar en el bajo y una azotea aterrazada, está a la espera de la colocación de los cristales de los miradores. Al lado, sobre el bajo que alberga una tienda de telefonía, los andamios revelan que todavía queda mucho que hacer. El repiqueteo de la maquinaria es constante en gran número de arterias peatonales.

En la calle Juan Fernández, junto a la plaza de abastos, hay un edificio con el alzado casi completo. Enfrente hay otro cuyo arquitecto tramita la licencia para comenzar. Este último, además, incorporará la recuperación de un baluarte de la muralla de Carlos III, que será cedido al Ayuntamiento para que lo conserve y lo convierta en visitable cuando lo desee, con una entrada independiente. Es solo una muestra de que incluso la obra nueva ha de hacerse respetando lo antiguo.

Esto incluye las fachadas catalogadas y los elementos interiores de valor. Para la historia quedan hitos como el derribo del Convento de Las Siervas, en la calle Ángel Bruna, en una de las últimas demoliciones de edificios considerados valiosos. El derribo tuvo un permiso municipal muy discutido. El solar que dejó fue reservado para construir un hotel, pero la obra nunca llegó a comenzar. En cambio, los edificios en los que la conservación de la fachada ha revalorizado los proyectos inmobiliarios son numerosos.

En el Ensanche, los progresos son más tímidos. Hay proyectos en marcha, como el de un edificio nuevo en la calle Carmen Conde, entre Reina Victoria y Alfonso X. Pero, sobre todo, hay grandes propietarios, como Tomás Olivo, que han mostrado interés en darle un aprovechamiento a solares que llevan décadas abandonados. Así ocurre, según confirmó este promotor a 'La Verdad' hace un par de meses, con el que ocupa casi una manzana completa entre la calle Ramón y Cajal y la Alameda de San Antón. También con el que está entre esta arteria urbana y Sebastián Feringán.

Las arcas municipales sacan provecho del incremento del número de autorizaciones. La falta de acuerdo impide aplicar beneficios fiscales a la construcción en zonas deprimidas

Tasas millonarias

No todos los proyectos que hay en marcha corresponden a licencias concedidas el año pasado, pero las obras a que han dado lugar confirman el empuje del sector inmobiliario en el centro urbano, para satisfacción del Ayuntamiento.

De ello se benefician las arcas municipales, que pasaron de recibir algo más de cuatro millones de euros por tasas de todas las licencias de obra, en 2017, a superar los cinco millones, el año pasado. Las dificultades con el planeamiento urbanístico, a nivel local, no han hecho tanta mella como se esperaba. Y el temor a una posible ralentización de la economía no ha influido negativamente, al menos por ahora.

Hay un millón que se debe a tasas por procedimientos urbanísticos de menor rango. El aumento del 32,36% demuestra el dinamismo existente. Pero lo más destacable es que los permisos de obra mayor propiamente dichos subieron en un 21%, al pasar de 3,1 a 3,8 millones.

Fuentes municipales atribuyeron parte del incremento de las licencias a la rebaja fiscal aplicada el año pasado en el Impuesto de Construcciones, Instalaciones y Obras (ICIO) para hoteles, que llevó a que los proyectos de este tipo pasaran de 1 en 2017 a 4 el año pasado. Entre ellos está un gran complejo en construcción en Los Urrutias, cuya inauguración está prevista para el próximo verano.

En la parte negativa de la balanza se encuentra la situación que vive en barrios periféricos como Los Mateos, San Antón, la barriada Virgen de la Caridad, Villalba y Lo Campano. Allí, los inmuebles antiguos no están corriendo la misma suerte que en el casco histórico (sobre todo en la zona más transitada). Paradigmático es el caso del enorme solar que dejó tras de sí la fábrica de Licor 43, en la calle Colón.

El grupo de empresas de Diego Zamora instaló su factoría en el Polígono de Los Camachos, hace más de diez años. Procedió a la demolición de la antigua y vetusta nave y obtuvo una recalificación para ubicar allí en un complejo residencial, cuando San Antón estaba incluido en un plan especial urbanístico que iba a otorgar ventajas quienes acometerían allí iniciativas que modernizaran la fisonomía del barrio. El plan fue aplazado y guardado en un cajón. Lo mismo sucedió con uno similar ideado para desarrollar Santa Lucía.

Más

Bonificaciones pendientes

El Ayuntamiento ha intentado paliar la situación de deterioro urbano de las zonas más desfavorecidas, con la inclusión de una bonificación del 30% en las tasas de las licencias de obra. Esa rebaja fiscal formaba parte una propuesta de ordenanzas para este año, diseñada hace seis meses. Sin embargo, el equipo de gobierno no la llegó a presentar, porque no cuenta con mayoría ni apoyos estables. Con solo seis concejales de 27 y con las elecciones municipales a las puertas, su iniciativa habría sido tumbada con toda seguridad.

«Los datos mejoran, pese a no tener un Plan General»

El ritmo de funcionamiento de las grúas, el trabajo de los obreros y el rodar de los mecanismos de las hormigoneras fluye ligero e indiferente, al menos en el casco urbano, a los vaivenes políticos. «La actividad económica no solo se mantuvo, sino que se incrementó el año pasado. Los datos mejoran», indicó la alcaldesa, Ana Belén Castejón. «Todo ello pese a no haber podido contar con las normas transitorias, que nos habían prometido desde la Comunidad Autónoma», añadió Castejón. La primera edil contaba con tener en vigor, antes de acabar el mandato, un marco que le permitiera extender el aumento de licencias que experimenta el casco urbano a otras partes del municipio. Tras descafeinar el contenido de esa reglamentación urbanística, atendiendo al dictamen del Consejo Jurídico Consultivo, el Gobierno regional ofreció una alternativa que no satisface a Castejón. Ella ha preferido seguir adelante con la tramitación inicial de un nuevo Plan General, al que aguarda una larga tramitación. La única preocupación real que transmiten promotores y arquitectos es que las licencias de obra necesitan un plazo de tramitación de varios meses, que a veces se prolonga hasta un año.