El acoso de los gorrillas desata la indignación de los conductores y escapa al control policial en Cartagena

Un gorrilla de la zona de solares del Monte Sacro indica a un conductor dónde puede aparcar su vehículo. / antonio gil / Agm
Un gorrilla de la zona de solares del Monte Sacro indica a un conductor dónde puede aparcar su vehículo. / antonio gil / Agm

El Ayuntamiento se centra en los pedigüeños que merodean por bares y restaurantes y sigue sin atajar esta práctica irregular

Antonio López
ANTONIO LÓPEZ

Juani Máiquez, una autónoma de 35 años, se ve en la obligación de vérselas cada semana en varias ocasiones con los gorrillas de los solares del Monte Sacro. Es en esta zona donde, tras buscar sin éxito un estacionamiento libre por las calles y plazas del centro y ante su negativa de pagar en un parking subterráneo, se ve en la obligación de aparcar su vehículo, para «hacer papeleos de mi empresa», en el Ayuntamiento y en la Delegación de Hacienda. Llega por la mañana y una vez que recibe las indicaciones de uno de los 'aparcacoches', sin pedirlas, deja su turismo entre las decenas de turismos que allí se acumulan cada día. Al bajarse, en ocasiones con su niña pequeña, dice sentirse «intimidada», por lo que saca del bolso un euro y se lo da al gorrilla.

«Esta práctica debería ser erradicada por la Policía Local. Por mi trabajo, me veo en la obligación de venir muy a menudo al centro. Como no hay aparcamiento tengo que dejar mi coche aquí y pagar si no quiero encontrarlo rayado. Para evitarlo, siempre les doy algo», cuenta esta empresaria.

La queja de Juani Máiquez es similar a la de muchos conductores que eligen aparcar sus vehículos en zonas como esa u otras. Entre las más conflictivas están las inmediaciones de la Casa del Mar y las explanadas de Antiguones, de la Muralla del Mar y del Cartagonova. Algo similar ocurre en el aparcamiento del centro comercial Cenit, en la zona que no es de pago, en la Plaza de los Tres Reyes, frente a la puerta principal de la Cofradía de Pescadores, a la entrada de los edificios de talleres de la Autoridad Portuaria de Cartagena y en el estacionamiento que hay frente al restaurante Techos Bajos.

Las zonas más conflictivas son Monte Sacro, Antiguones y la Casa del Mar

Con impunidad

También en las inmediaciones de la Escuela Oficial de Idiomas (EOI) hay ahora, de vez en cuando, presencia de estas personas que antes no aparecían por allí. Incluso los hay apostados frente a la estación del ferrocarril, junto a a la Plaza de México. Normalmente son personas conocidas por Servicios Sociales, ya que siempre están en las mismas zonas. Pese a ello, escapan al control de la Policía Local. Aunque este cuerpo realiza batidas de manera periódica por las principales zonas donde están los pedigüeños, estos continúan su actividad con impunidad.

Su presencia incomoda sobremanera a los cientos de conductores que encuentran en esos lugares un refugio para estacionar sus vehículos, sin tener que pagar las tarifas de los subterráneos y de la ORA. Este diario pidió al Gobierno local conocer qué medidas va a adoptar para atajar esta situación, pero no obtuvo respuesta.

Pepi Mendoza, una trabajadora de una empresa logística, también deja su turismo varios días a la semana en el Monte Sacro. La presencia de los gorrillas es «peligrosa», opina, ya que confiesa que ha sentido «miedo» en algunas ocasiones. Para acabar con esta práctica, Mendoza propone que se encargue de ellos Servicios Sociales. «Si se les busca un trabajo estoy segura de que no estarían cada día aquí y que este problema se podría erradicar por completo», añadió.

Los dueños de coches denuncian sentirse «intimidados» y en ocasiones coaccionados

En esa misma zona también aparca su coche cada día María del Carmen Blaya. Aunque entiende el problema que hay con estos transeúntes, confiesa que no le importa que estén en los solares pidiendo dinero. «Soy dependienta en una tienda y aparco aquí todos los días. No me siento intimidada, porque no hacen mal a nadie. Eso sí, aquí no dejaría el vehículo por la noche, porque eso sí que me da miedo», aclaró.

Otra de las zonas más conflictivas es la Casa del Mar, donde llegan a juntarse por las mañana hasta cinco 'vigilantes'. Entre ellos, se reparten el área de aparcamiento inicialmente y, en ocasiones, terminan peleando por ganar terreno. A veces, son los mismos que también controlan la zona de Antiguones y de la Muralla. Los estudiantes han solicitado de manera formal a la Universidad Politécnica de Cartagena (UPCT) una solución para disuadir a estas personas. «Aunque no son peligrosos, alguien debería ponerles coto, porque no descansan ni en verano», explicó a 'La Verdad' un estudiante llamado Jesús Buendía.

Ordenanza de mendicidad

Los aparcacoches aseguran no meterse con nadie y aceptar el dinero que les dan. «Llevo poco tiempo aquí trabajando pero me gusta mucho, porque me saco entre diez y quince euros diarios. Yo no soy de esos de los que si no les das dinero te hacen algo. A mí si me dan bien y si no, también», dijo a 'La Verdad' un inmigrante que pide en la zona del puerto.

Los conductores exigen la aplicación de la Ordenanza sobre Prevención y Erradicación de la Mendicidad. En ella se califica como mendicidad «la prestación de servicios no requeridos sin autorización ni licencia, tales como (...) el aparcamiento y la vigilancia de coches». En su artículo cuarto se establece como ingrediente sustancial, aunque no único, la «coacción, de palabra y de obra, la violencia y la intimidación».

Quienes dan ese perfil se exponen a ser puestos en manos de Servicios Sociales, como primera opción, a entregar lo obtenido con su actividad y, en los casos más graves, a pagar multas de entre 30 y 300 euros.

Pese a ello, las personas que se dedican a esa actividad en solares y zonas de aparcamiento libre de la ciudad también escapan al control del Ayuntamiento, el mismo que estos días se centran sobre los pedigüeños que merodean por las terrazas de bares y restaurantes del casco antiguo, tras las quejas de vecinos y hosteleros.