Enrique Rambal en Cartagena y el Día Mundial del Teatro

El gran Enrique Rambal, con chistera y monóculo, en una fotografía muy teatral./
El gran Enrique Rambal, con chistera y monóculo, en una fotografía muy teatral.

La escena teatral ha sobrevivido en la ciudad a siglos a crisis, censores, guerras... El Día Mundial del Teatro trae hoy al recuerdo nombre ilustres

LUIS MIGUEL PÉREZ

Esta semana se ha conmemorado el Día mundial del teatro. Cartagena se ha sumado a esta efemérides, que tiene lugar cada 27 de marzo, con una programación especial para sacar el teatro a la calle y que todos los vecinos y visitantes pudieran participar en estas actividades.

En Cartagena, el teatro ha sido siempre algo muy importante, que ha sobrevivido a todo: guerras, censores, penuria y cualquier tipo de crisis. En nuestra ciudad su proyección histórica es muy relevante, con presencia de locales y de actores de primera fila.

En 1625 fue inaugurado el llamado Corralón, para uso y disfrute de los cartageneros. Por su escenario pasaron los grandes ilustres de la escena teatral española, representando a todos nuestros clásicos. Allí, viendo actuar a su padre nuestro célebre actor, Isidoro Máiquez, nació a la interpretación. No fue el único, pues más tarde también lo hizo la actriz cartagenera Marta Chiquero, lo que convirtió este espacio escénico en un auténtico vivero de actores con proyección nacional.

Desde entonces, cientos de compañías y miles de actores han pisado nuestros escenarios. Hoy, en nuestra sección, rendimos homenaje a uno de ellos, en representación de otros tantos: Enrique Rambal.

Este artista y su compañía fueron asiduos visitantes de Cartagena durante de la segunda mitad del siglo XX. Nació Rambal el 21 de septiembre de 1889 en Utiel (Valencia), descubrió el teatro viendo a Julia Cibera, en 'Fedora', y a María Guerrero, en 'En Flandes se ha puesto el sol'. Formó una compañía de aficionados y fue contratado por primera vez en 1910 por el actor Manuel Llorens. Al disolverse esta compañía, creó Rambal la suya propia, incorporando un amplio y popular repertorio con el cual siempre estuvo presente en los teatros de Cartagena, a donde acudía siempre sabedor de la gran aceptación que tenía en esta ciudad.

A partir de ahí, su vida es una novela, llena de anécdotas increíbles: recorrió Hispanoamérica con su compañía una docena de veces, ganó y perdió millones y fue un ídolo popular.

Además de actor, fue creador de compañía, director de escena, adaptador de textos, empresario, innovador de la escenografía. Y fue, sobre todo, un empresario teatral en el más amplio sentido, que trabajó siempre de cara al público y que constituyó un verdadero acontecimiento popular. Su presencia en Cartagena era siempre un gran evento y sus funciones sentaban a cientos de cartageneros, un público entendido y difícil de complacer.

El 9 de febrero de 1945, en el Teatro Circo, Rambal y su compañía estrenaron un gran espectáculo: la obra Miguel Strogoff 'El correo del Zar'. Nunca antes se había visto en estos escenarios algo parecido. Su compañía incluía más de 80 actores, veinte toneladas de equipaje, un equipo de técnicos, un sastre francés y unos enormes talleres propios en Valencia. Para el estreno de esta obra, en Cartagena, se pusieron en escena 175 personajes.

Efectos en los 30 y los 40

En un viaje a Estados Unidos, en 1930, compró Rambal unos aparatos eléctricos muy nuevos, que le permitían presentar en escena efectos como un temporal de arena en el desierto, un tormenta en el mar, el arco iris... Se hizo famoso Enrique Rambal por sus trucos: los efectos escenográficos más espectaculares competían con éxito con lo que entonces ofrecía el cinematógrafo.

Sobre el escenario del Teatro Circo en 'Miguel Strogoff', por ejemplo, ardía un bosque gracias a unos árboles de hierro, huecos, dentro de los cuales se encendían bengalas; en otras representaciones estrenadas en Cartagena, como en 'Las mil y una noches', una batería, unas explosiones de pólvora y unos potentes ventiladores daban la impresión de un siroco en el desierto. En otras obras, el público veía estallar un volcán, se asomaba al fondo del mar o contemplaba cómo Rambal caminaba sobre las aguas, algo nunca visto hasta entonces en nuestros escenarios.

Murió Rambal en Valencia, atropellado por una moto, en 1956. Solo había realizado dos películas: la muda 'El crimen del bosque azul' (1920) y la sonora 'El desaparecido' (1934), pero había estrenado nada menos que 1.789 obras teatrales. Casi todas tuvieron presencia en Cartagena y su recuerdo vive entre las bambalinas de nuestros ya desaparecidos teatros. Sirvan estas letras como homenaje al teatro, que renace siempre de sus cenizas, mudando solo sus convenciones anteriores en sus nuevas fo rmas: así es como se mantiene vivo.