Excelente

Pedro, con dos hermosas piezas de carne, ante la barbacoa de su establecimiento. /
Pedro, con dos hermosas piezas de carne, ante la barbacoa de su establecimiento.

TOMÁS MARTÍNEZ PAGÁN

El adjetivo que mejor define este verano es el que designa el máximo grado de excelencia. El lleno hasta la bandera en hoteles, apartamentos, restaurantes, chiringuitos, espectáculos y comercios ha podido con todo salvo con el problema del Mar Menor, que afectó a todas sus playas. El 'equipo médico' de la Comunidad ya estudia su enfermedad para ponerlo en tratamiento. Pero hablemos de lo positivo y del buen recuerdo que queda entre amigos, veraneantes y comerciantes sin olvidar que, cuando nos vengamos a dar cuenta tras la Navidad, tendremos de nuevo encima las vacaciones.

Uno de estos últimos días, varios amigos tomamos un aperitivo en el Chiringuito El Cubano, a orillas del Mar Menor. Allí Romualdo Cienfuegos, nativo del país de los hermanos Castro, contaba la siguiente historia, con su gracia caribeña: «Un joven naturalista de excursión por un río subió a la balsa de un viejo marinero que se conocía el lugar como nadie. Llevaba toda su vida navegando por el mismo curso, que no tenía secretos para él. Cuando llevaba un rato río abajo, el joven le preguntó: '¿Sabe usted cómo se llaman esas piedras de la orilla?'. El buen hombre respondió: 'No señor, no lo sé. Disculpe que no sepa contestarle'. Entonces, el aprendiz de naturalista dijo: 'Pues ha perdido usted gran parte de su vida por no conocer la variedad de piedras hermosas de este río'. El muchacho hizo comentarios similares cuando el anciano reconoció que desconocía también el nombre de los peces y de las plantas del ecosistema fluvial. La conversación se interrumpió cuando el anciano vio que la balsa se hundía. '¿Sabe usted nadar?', le pregunto al joven. 'No, nunca pude aprender', contestó éste. Y el balsero concluyó: '¡Pues sepa usted que va a perder toda su vida!'. A veces las cosas más simples son las más útiles, pues nos pueden sacar del apuro e incluso salvarnos la vida.

Mientras tomábamos el último sorbo de sangría, elaborada al estilo cubano, Emilio nos invitó a conocer la brasería Excelente, junto al Upper El Paso de Cabo Palos, regentado por los hermanos Sánchez Fructuoso: Juan, Antonio y Rafael. Entre la clientela de este buen comercio te encuentras a media Cartagena y a muchos veraneantes de la Región y de Madrid, que repiten año a año. Pero dejando el súper a un lado, me centraré en esa brasería que regenta el jienense de Villanueva del Arzobispo, Pedro Rodríguez Lozano, que vino a hacer la 'mili' y se quedó aquí.

Primero estuvo de repostero en Marina. De allí pasó al antiguo Upper del interior de Cabo de Palos y al restaurante Almería, ahora llamado Mediterráneo. Y así hasta la fecha de hoy, en la que ya suma 28 años en la Trimilenaria. Su gran afición son las 'palomas de belleza', en cuyas competiciones avícolas ha conseguido medallas de oro nacionales y de plata en Europa. Por todo ello, tiene el Excelente decorado con imágenes de ellas.

Cinco comensales nos reunimos en su espléndida terraza. Y Pedro vino a hacernos su recomendación: chuletón vasco de Txogitxu, su carnicero de San Sebastián, y ternera hembra, hecha a la brasa y un poco menos que al punto. Cada pieza de 800 gramos, 'regada' con un Ribera del Duero reserva de Valtravieso, estaba redonda. Antes tomamos unos chorizos criollos, un plato con virutas de pata negra de Guijuelo, tacos de palmesano y una parrillada de verduras realmente buena. A pesar de que nos recomendó su conejo de granja a la brasa, repetimos dos chuletones más. De allí les recomiendo la carta de carnes, aunque el local les ofrece también arroces y pescados, aparte de buenos desayunos con una atención desala inmejorable.

Ya entrados en el 'mundo del hielo', César nos comentó que comer pistachos es muy bueno para controlar el estrés. «Después de una jornada estresante, no hay nada mejor que un buen puñado de pistachos, incluso contra el síndrome postvacacional», dijo. Su alto contenido en potasio y magnesio modera la presión arterial. Aunque, no hay que abusar, nos advirtió

En el mismo plan gastronómico, Ismael nos reveló algunos secretos de la nutrición. Para potenciar la alegría, tomar anacardos. Son ricos en zinc, que aleja la depresión. El chocolate negro potencia la producción de serotonina, que reequilibra la mente. La manzanilla es un gran remedio anti-estrés. Los carbohidratos de la avena tienen un efecto similar. Los pescados azules, con sus ácidos omega-3, son antiinflamatorios y favorecen a las neuronas» Y así un largo etcétera.

'Cócteles de luz'

Álvaro nos invitó a probar entonces un nuevo producto que pide paso frente al gin-tonic y el vodka-tonic. Se trata de los 'cócteles de luz', con y sin alcohol. Se elaboran con 'ginger ale' y un buen whisky. El nuestro fue un 'etiqueta negra' con un hielo de muy buena calidad. A petición de Nicolai, que nos invitó a tomar una copa, nos trasladamos hasta Vivero 55, justo al lado del Parador del Mar Menor. En ese ambiente agradable, en tertulia, se disfruta de la puesta de sol a menos de diez metros de la orilla del Mar Menor acariciada por el agua. Los mojitos que allí preparan de gloria ayudan a llegar al paraíso.

En la tertulia intervino el hostelero Chencho, que nos informó sobre el licor que reina en las sobremesas últimamente. Es el «Jägermeister», una licor alemán que contiene 56 tipos de hierbas. Con sus 35% de alcohol, fue utilizada como desinfectante y anestésico entre las tropas nazis en la Segunda Guerra Mundial. Esta histórica bebida, hecha con tanto mimo conserva la botella y la imagen originales. Curiosamente, hoy día salta a la vista como algo distinto, de otra época.

Y doy así por cerrado el verano con esta cita de Marco Tulio Cicerón y que a pesar de tener 2068 años de antigüedad, parece que hubiera salido ayer de la boca de la mismísima Ángela Merkel: «El presupuesto debe equilibrarse, el tesoro debe ser reaprovisionado, la deuda pública debe ser disminuida, la arrogancia de los funcionarios públicos debe ser moderada y controlada, y la ayuda a otros países debe eliminarse, para que Roma no vaya a la bancarrota. La gente debe aprender nuevamente a trabajar, en lugar de vivir a costa el Estado».