Vuelta a la 'Edad de Plata' con una joya modernista

Tres actores, interpretando a empleados del Gran Hotel, ayer en el balcón central. /
Tres actores, interpretando a empleados del Gran Hotel, ayer en el balcón central.

Teatro y pasodobles recrean la apertura del Gran Hotel y la Cartagena de 1916

JOSÉ ALBERTO GONZÁLEZCartagena

«Este edificio tiene forma de barco, tal y como se me encargó. Justo ahora estaríamos en la proa de ese barco», explicó Víctor Beltrí a Basilio Irureta. Y éste le dejó claro que su 'hijo' de ladrillo y piedra artificial iba a ser más que una metáfora, en una ciudad ligada al mar; iba a ser el símbolo de su renacer económico, tras varias décadas sufriendo las consecuencias de los sucesos cantonales (1873-74): «Éste es el barco que va a ser la imagen de la modernidad en Cartagena y que va a devolverle a sus mejores años». Este fragmento del diálogo entre el arquitecto catalán Beltrí y el empresario vasco Irureta, interpretados por dos actores, permitió ayer por la tarde ilustrar, ante las varias decenas de personas que llenaron la Plaza de San Sebastián, el espíritu con el que hace un siglo fue inaugurado el edificio del Gran Hotel.

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Con un guion en clave de humor y didáctico del director teatral de cartagena Enrique Escudero, cinco actores recrearon los momentos previos a la apertura de uno de los inmuebles señeros del modernismo local, un movimiento nutrido por la burguesía que explotaba la Sierra Minera de Cartagena y La Unión y que dejó otros hitos como el Palacio Aguirre y el Palacio Consistorial.

Precisamente, la conmemoración del mismo día («un lunes corriente» de un año bisiesto) en que el mismo empresario que hasta entonces había impulsado el Balneario de Archena puso en marcha el hotel, fue impulsada desde el Ayuntamiento. Y a ella no faltó el alcalde, José López, quien interpretó el papel de quien le precedió en el cargo cien años antes, José García Vaso. Para ello, se valió de un coche de época que le dejó en la misma puerta del inmueble y vistió chistera, capa y chaqué.

López, con capa y chistera

«El esfuerzo siempre es recompensado, ésa es mi convicción. Y fue la de los hijos de Celestino Martínez [el empresario que inició el proyecto], la de Basilio Irureta y la de Víctor Beltrí, quienes un 29 de febrero de hace cien años inauguraron un hotel a la altura de los mejores, por el que pasaron grandes personalidades de la época y que supuso un importante salto de calidad en el sector para Cartagena. Hoy nuestro municipio es una de las capitales turísticas del Mediterráneo; entonces era una ciudad llena de vitalidad, que se sobrepuso a su destrucción en la Revolución Cantonal y vivió esa Edad de Plata que nuestros cronistas nos recordaban el pasado viernes en el Palacio Consistorial», afirmó José López en su discurso desde el balcón central, haciendo un paralelismo histórico ya en su faceta de regidor actual.

El regidor, aplaudido entre otros a pie de calle por miembros de su equipo de gobierno (concejales de Movimiento Ciudadano y del PSOE), así como por ediles de Ciudadanos, no dejó de subrayar que el alcalde que dio por abierto el hotel en 1916 «participó de este acto, luchando por las necesidades de su tierra y celebrando que en ésta se emprendían proyectos como el del Gran Hotel».

En la recreación de aquella jornada histórica no solo tuvo importancia la trama argumental, que llevó al balcón central al alcalde, tras el diálogo entre el arquitecto y el empresario, y uno previo entre dos sirvientas de escasa formación y modales poco refinados y otro empleado (novio 'ilustrado' de una de ellas). También tuvo un espacio clave la música, interpretada por la Banda de Infantería de Marina en forma de tres pasodobles y un vals de finales del siglo XIX y principios del XX compuestos en Cartagena por músicos afincados en ella y con vínculos militares. Fueron 'La gracia de Dios', de Ramón Roig; 'El Abanico', de Alfredo Javaloyes; y 'Suspiros de España', de Antonio Álvarez Alonso; y 'El vals de Peral' (homenaje al ingeniero de la Armada y «cartagenero ilustre Isaac Peral). La pieza de Álvarez Alonso arrancó unas espontáneas palmas solo con ser anunciada, tras una explicación de cómo su autor la fraguó en 1902 a poco metros del futuro hotel, en la calle Mayor, inspirado en unos dulces de nombre suspiros. En realidad fueron cinco los temas que brindaron tablas los marinos, ya que entregaron una propina con 'Banderita', de Francisco Alonso, cuya letra cantó la gente animada por el director.

Y quedaron los focos dando un realce singular a la fachada a tres calles (Jara, San Sebastián y Aire) del célebre hotel reconvertido en sede de oficinas. Quedó esa obra maestra de la que los figurantes se habían maravillado: «¡Vaya trabajazo han hecho los Hermanos Carvajal!».

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