Alejandro contra la Legión francesa

Alejandro Ros con los papeles para alistarse en la legión.  /
Alejandro Ros con los papeles para alistarse en la legión.

Un cartagenero denuncia el desprecio del ejército galo tras intentar enrolarse en él

EVA GARCÍACARTAGENA

El sueño de Alejandro Ros, un vecino de San José Obrero de 19 años, de entrar en la Legión española no conocía límites. Por eso, tras llevar dos años intentándolo y de quedarse a las puertas por la nota de baremo, vio una alternativa y se marchó rumbo a Francia para alistarse en la legión extranjera. Una ilusión que se tornó en pesadilla tras pasar la primera fase de selección en Aubagne, una ciudad cercana de Marsella.

Alejandro, que eligió este cuerpo militar porque desde pequeño siempre lo ha admirado y lo ha considerado «luchador y de élite», se marchó el pasado 7 de febrero a esa ciudad francesa. El día 8 cogió un taxi desde el hotel en el que estaba alojado para ir al centro de reclutamiento, en Aubagne. Se presentó en el lugar a las 8.15 de la mañana, y acto seguido realizó las pruebas de la primera fase junto a las once personas que también se presentaban ese día. «La mayoría de los que estaban allí eran argelinos y suramericanos», relata este cartagenero. En el primer proceso, que incluía pruebas psicotécnicas, psicológica y un estudio médico, Alejandro obtuvo la calificación de apto.

Pero sin un motivo «lógico» su proceso de selección se paralizó. El joven explica que cuando estaba esperando en una sala para pasar a la segunda fase, un cabo primero le dijo que ya estaban todas las plazas ocupadas. «Me anunciaron que tenía que esperar en un hotel de Marsella a que me llamasen cuando tuviesen plazas libres. Yo les dije que no pasaba nada, pero que en ese caso, me tenían que pagar la estancia, porque así lo señalaba en los estatutos».

Lo echaron sin explicaciones

Alejandro denuncia que le echaron a la calle sin darle más explicación que un «no te lo vamos a pagar. Yo acato órdenes del jefe». En ese momento, se sintió abandonado con la desilusión de no haber logrado entrar en su legión. «Algo que no fue por mi culpa, porque yo estaba apto. Pero no quisieron cumplir con lo que habían difundido en su página web», afirma.

Tras esta negación, el camino de vuelta a casa se volvió más complicado. «Me tuve que volver andando por la carretera, a mi lado pasaban los trenes de alta velocidad y no tenía dinero suficiente para coger un taxi».

Y es que la legión extranjera establecía que los efectos personales que se tenían que llevar los reclutas eran: tres camisetas de color blanco, tres calzoncillos, tres pares de calcetines, unas zapatillas de deporte y cincuenta euros, como dinero máximo. Él, a pesar de estas instrucciones, se llevó 200. Pero lo invirtió casi todo en el hotel y en el taxi de ida a la base militar.

Después de andar más de dos horas, llegó a Marsella y fue a la policía a denunciar lo ocurrido. «Me dijeron que no podían hacer nada, solo me indicaron los autobuses que tenía que coger para llegar al aeropuerto».

Una vez allí, se puso en contacto con su familia, que le compraron un billete de autobús para volver a casa. «Fue la alternativa más económica. El viaje duró trece horas y después de todo lo que había pasado estaba deseando llegar a mi barrio».

A pesar de no haber conseguido su propósito, Alejandro no abandona su sueño de enrolarse en la Legión. «Me siento decepcionado por el ejército francés, pero es una experiencia más de la vida. Ahora lo intentaré con más ganas en la Legión española. Lo único que no quiero es que esto le pase a otra persona».

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