El cronista Ginés García Martínez

Ginés García, con el almirante de la Zona Marítima, en un acto celebrado en 1970. /
Ginés García, con el almirante de la Zona Marítima, en un acto celebrado en 1970.

JOSÉ SÁNCHEZ CONESA

Anunciaban su presencia con gran solemnidad y cierto nervisiosismo: «¡Viene el inspector!» Entraba en el aula un hombre enjuto con gafas y bigotillo, tocado de sombrero, acompañado por el director don Ramón Morales. Se ve que era buena persona porque, según el protocolo escolar, debía formular algunas preguntas a los alumnos y las suyas eran de caridad, como cartagenero que era: «¿Quién descubrió América?»

Don Ginés García Martínez era inspector de Enseñanza Primaria. Años más tarde fui descubriendo más aspectos de su vida: autor de la obra 'El Habla de Cartagena: Palabras y Cosas. Notas para el estudio del castellano vulgar actual y de la propagación del aragonés y del catalán por el Sur'. Se editó en 1960, reimpresa en 1986, agotada desde hace años, por lo que apostamos firmemente por una nueva edición. Este importante trabajo filológico de nuestras formas dialectales, primera tesis doctoral leída en la Universidad de Murcia, obtuvo el premio Saavedra Fajardo de la Diputación Provincial en 1958. Un año antes don Ginés era mantenedor de la primera edición de los Juegos Florales de La Palma. Corriendo el tiempo lo sería también su hijo Javier García del Toro, profesor de Prehistoria de un servidor y de otros muchísimos alumnos.

El habla de Cartagena es algo más que una meticulosa investigación dialectológica, es la biblia de la etnografía comarcal por el abordaje de temas tales como la casa rural, la minera y la marinera. Se acompaña de dibujos y fotografías de la casa de la labor, sus porches, sus tejados a dos aguas, pajares y pozo. Otro capítulo trata el molino de viento en sus distintas tipologías como el de moler harina, el de sacar agua y el salinero. Contemplamos el de la colina de San José, con sus cuatro aspas antes del uso de la vela latina, en una fotografía del año 1874. Don Ginés, cronista oficial de Cartagena y columnista durante años en 'La Verdad', repasa las faenas, oficios tradicionales y herramientas del aperador y el talabartero, nos muestra las distintas piezas que componen el carrico atartanao, los aparejos de las bestias o un arao muy simple: el garabato. De los mineros nos cuenta faenas y útiles y de los pescadores, sus artes y tipos de embarcaciones.

El capítulo cuarto lo dedica a costumbres, creencias y tradiciones populares como los trovos, las comidas, los juegos infantiles tradicionales como el tataramusa y el calendario festivo tradicional, con la práctica de echar los años en Nochevieja o las hogaretas (fogaratas) de San Juan. En otro apartado se relatan coplas, danzas y refranes. Nos escribe don Ginés que el baile de las antiguas cartageneras se perdió pero fue fielmente recuperado por la Sección Femenina, aseguran los mayores. Añade que si en estas cartageneras, bailadas actualmente por el Grupo Folklórico de La Palma, reciben influencia de la huerta murciana, las malagueñas flamencas toman inspiración de Andalucía.

Una ocurrente copla que nos brinda: «Yo le pregunté a mi novia/ ¿Qué canto te gusta más/-Me gusta el canto de un duro/ sobre todo el cantonal».

La campana mora

La campana mora de la catedral es llamada así por su inscripción. Se encontraba en el campanario de la catedral de Murcia, donde era tañida de mayo a septiembre a las cinco de la tarde, todos los santos días. Se trataba de conjurar las acechanzas del Maligno, las epidemias, riadas, nubes y solicitar la benéfica lluvia. Lleva impresa una estrella de cinco puntos y la leyenda: «¡Huid facciones enemigas!, ha vencido el león de la tribu de Judá, vástago de David, aleluya». Databa del siglo XIV, la más antigua de las que se conservan en España, según el profesor García del Toro, quien considera que es un buen ejemplo de encuentro de culturas porque la diseñó un judío, fue fundida por un moro y repicada por un cristiano. Encontrándose rota o cascada fue trasladada a los talleres de calderería de la Bazán para fundirla, según decisión del obispo de Cartagena y del Cabildo Catedralicio.

Don Ginés, en una visita por aquellas instalaciones el día 17 de abril de 1968, la descubrió y paralizó dicha operación, advirtiendo de ello al alcalde de Cartagena y al Obispo. Pudo ser salvada de la destrucción y luce como una de las piezas más valiosas en el museo de la catedral.

Sabemos de este suceso porque lo narró Javier García del Toro con motivo de su apadrinamiento de los graduados de Historia que acabaron su carrera en el año 2005. Ejemplifica mejor que nada la labor que puede llevar a cabo un cronista oficial a favor del patrimonio cultural de la comunidad.

El doctor García Martínez murió en mayo de 1977. El coche que conducía cayó al mar cuando hacía una desgraciada maniobra junto al Muelle.

Y don Ginés García Martínez no tiene aún una calle o plaza a su memoria dedicada.

 

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