Mercado rico, mercado pobre

Arriba, la fachada del Mercado Gisbert y abajo, un vendedor atiende a sus clientes en el de Santa Florentina. /
Arriba, la fachada del Mercado Gisbert y abajo, un vendedor atiende a sus clientes en el de Santa Florentina.

Mientras que el de Santa Florentina espera mejoras, el de Gisbert prolonga su agonía. Los comerciantes de la plaza situada frente a las Escuelas Graduadas reclaman reformas y más promoción para evitar la pérdida de más clientes

RAQUEL SÁEZCARTAGENA

Persianas cerradas, escasos clientes y un aspecto envejecido. Ésa es la estampa habitual en los pasillos del mercado de la calle Gisbert, una emblemática plaza de abastos que día tras día pierde clientes y comerciantes. En el recinto solo quedan los puestos de alimentación básica: carnes, pescados, frutas, además de una cantina para los vecinos de la zona que se acercan hasta allí.

«Es difícil, pero aguantamos como podemos la falta de compradores y el poco interés que muestra la administración local por mejorar el estado del mercado», denunció ayer a 'La Verdad' el presidente de la asociación de comerciantes, Francisco Luis Martínez. Sobreviven por su clientela fiel, «la de toda la vida, la del barrio, pero esa gente también va cumpliendo años y es otro problema al que hay que buscarle solución», explicó.

A su juicio, para que las persianas no sigan echadas y para que vuelva el sonido de cajas, carros y clientes, es imprescindible la colaboración del Ayuntamiento. «El remedio pasa porque el gobierno municipal arregle y acondicione las casetas. Ahora, el nuevo comerciante tiene que encargarse de reformar el espacio y cargar con el gasto. Estamos convencidos de que si no fuera así, más gente se animaría a abrir nuevos puestos», argumentó.

Este pequeño empresario no comprende por qué este mercado no recibe la misma atención que la otra plaza, la de Santa Florentina. «Lo miman mucho más, y no lo entendemos. El poco dinero que hay lo invierten allí. Parece que no existimos, que somos invisibles para el Ayuntamiento. Si se rompe una bombilla, o cualquier trabajo de mantenimiento, lo tenemos que solucionar nosotros. Nos sentimos abandonados», reprochó Martínez.

Un portavoz municipal confirmó a este periódico que están estudiando propuestas para mejorar los dos mercados y que la concejal de Comercio y vicealcaldesa, Ana Belén Castejón, prepara una reunión en septiembre para escuchar las propuestas de todos los agentes.

La cara y la cruz

Mientras el Mercado Gisbert continúa su prolongada agonía, el de Santa Florentina coge aire con una inversión de 77.872 euros, gracias al acuerdo alcanzado el pasado mes por la Cámara de Comercio y el Ayuntamiento, para la modernización y remodelación de esta plaza de abastos. El dinero servirá para continuar con las reformas que ya se han realizado sobre un tercio de la instalación, y supondrán el arreglo de la pavimentación, iluminación y fontanería.

Además, se incluirá dentro de la oferta turística de la ciudad, para que sea un atractivo como el Mercado Central de Valencia y La Boquería de Barcelona. «Hemos mantenido reuniones con el gobierno municipal y se han comprometido a recuperar el parking e instalar aire acondicionado. Son nuestras principales reivindicaciones, sobre todo el aparcamiento. Para nosotros es esencial si queremos recuperar la clientela perdida», dijo el presidente de la asociación de comerciantes, José García.

Son dos realidades del comercio tradicional. Ambas intentan sobrevivir a la irrupción y supremacía de las grandes superficies. Una con más fortuna que la otra.