Arde la Asamblea Regional

Incendio de la Asamblea, en una imagen de Paqui Fernández ('La Verdad').
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Incendio de la Asamblea, en una imagen de Paqui Fernández ('La Verdad').

El incendio de la Cámara autonómica, del que se han cumplido 23 años esta semana, es un capítulo destacado en la crónica negra más reciente de la ciudad

En aquella jornada del 3 de febrero de 1992 se llegó al momento más intenso de la desesperación de muchos cartageneros que vivían en una situación extrema, provocada por una gran crisis económica en Cartagena y su comarca. Crisis económica, cierre de instalaciones militares y reconversión industrial acabaron con el modelo de ciudad existente hasta ese momento; Cartagena se derrumbaba en todos los aspectos: económico, social, cultural y anímico.

Lo que a nivel nacional y regional era crisis, en nuestra localidad se había convertido en crispación, paro, cierres, emigración, pobreza e incluso hambre. Empresas como Metalúrgica Peñarroya, Fesa-Enfersa y hasta Bazán, se derrumbaban o parecía que podían hacerlo. Mientras tanto, los políticos nacionales y regionales gobernantes se perdían en palabras y no arbitraban las soluciones de emergencia que aquella situación requería.

Como consecuencia de ello, la indignación ante la pasividad de la clase política, confluyó en un largo proceso de huelgas generales masivas y manifestaciones multitudinarias que se repetían cada vez con mayor frecuencia y virulencia por gran parte de la población, que percibía un incierto futuro. En este contexto, se desarrollaron los hechos que a continuación relataremos, apoyándonos, como siempre, en las instantáneas fotográficas.

En la sede parlamentaria del Paseo de Alfonso XIII, para aquel día, estaba programada la comparecencia del presidente regional, el socialista Carlos Collado. Se trataba de explicar la compra por parte de la Comunidad Autónoma y posterior cesión gratuita a la multinacional norteamericana General Electric, de los terrenos de la finca Casa Grande, en la diputación cartagenera de La Aljorra; las promesas de poder paliar con esta inversión algo del acuciante paro no era razón suficiente para solventar las dudas que generaba esta operación.

Los sindicatos, que mantenían desde hace meses una postura de lucha ante la pérdida de más de 15.000 empleos en la comarca de Cartagena, no quisieron dejar pasar esa ocasión para manifestarse ante la Asamblea, aprovechando la comparecencia del presidente.

Una vez convocados ante el edificio de la Asamblea Regional, el temor por parte de la delegada del gobierno, Concepción Sáenz, a que pudieran producirse graves altercados, llevó a solicitar la presencia de dotaciones de antidisturbios acuarteladas fuera de la Región, decisión desproporcionada y que acrecentó notablemente la crispación de los manifestantes ante aquel despliegue de fuerzas de seguridad.

Hubo una última mediación con los sindicatos por parte del alcalde socialista de la ciudad, José Antonio Alonso, para evitar cualquier incidente; los manifestantes llegarían a la Asamblea, pero se situarían en la acera de enfrente al edificio sin entrar en él.

Cuando parecía que todo transcurría según lo acordado, la delegada del Gobierno, Concepción Sáenz, ordenó a la Policía Nacional el bloqueó de los manifestantes antes de llegar al edificio parlamentario; esto, que se hizo sin contar con los interlocutores del acuerdo, el alcalde y el presidente de la Asamblea, Miguel Navarro, fue considerado como una última provocación y dio lugar a que los ánimos se crisparan todavía más.

En este momento muchos ciudadanos se unieron a las protestas y Sáenz ordenó al comisario al mando, la carga policial. Pelotas de goma y botes de humo hicieron su aparición, los manifestantes reaccionaron violentamente rompiendo en primera instancia el cordón policial, llegando al edifico en donde todos los parlamentarios se encontraban en sesión.

Se iniciaron las carreras por las calles aledañas, los cristales de la sede fueron apedreados y el caos se apoderó de todo el mundo, volaron bolas de hierro, tornillos soldados, piedras y bengalas desde la acera de los edificios universitarios. Unos cuantos manifestantes pretendieron asaltar el edificio, blindado por los antidisturbios. Se arrancaron marquesinas, papeleras, señales de tráfico y semáforos. Milagrosamente, no se produjeron muertes, aunque sí cuarenta heridos entre civiles y agentes. Ocho vehículos aparcados en la zona resultaron calcinados así como treinta contenedores de basura.

Máxima tensión. Los manifestantes pedían la comparecencia del presidente Collado y varios diputados negociar algún tipo de declaración institucional que calmara los ánimos; mientras tanto la delegada de gobierno reclamaba insistentemente refuerzos policiales a Valencia.

Sobre las cuatro de la tarde, la situación comenzó a normalizarse y los diputados pudieron evacuar la sede parlamentaria, y el dispositivo policial se redujo considerablemente.

Pero solo una hora más tarde, una vez que la Policía prácticamente se retiró, alguien no identificado, desde un grupo incontrolado de manifestantes y burlando el retén policial, lanzó un cóctel molotov por una ventana rota del salón de actos del edificio, que comenzó rápidamente a arder en distintos puntos de la primera planta, justo bajo el despacho del presidente de la Cámara. Columnas de humo negro se alzaron y pudieron ser vistas desde varios puntos de Cartagena. La Asamblea Regional estaba en llamas.