Los cuentos maravillosos

El investigador y escritor Anselmo Sánchez Ferra. /
El investigador y escritor Anselmo Sánchez Ferra.

«La narrativa oral, a pesar de la televisión y de otros medios de comunicación más recientes, continúa siendo patrimonio de la Humanidad»

JOSÉ SÁNCHEZ CONESA

La palabra es vida y para los árabes en la palabra misma hay un alma. De hecho en una conversación se produce una transmisión de vida de una persona a otra y la transmisión oral de costumbres, leyes, poemas, canciones o leyendas, de generación en generación, no deja de ser una herencia en movimiento de experiencias e ilusiones. La medicina popular o 'folkmedicina' y la propia magia hace de ella un eficaz instrumento para curar porque las palabras pueden cambiar los estados de ánimo de los seres vivos, no solo de los seres humanos.

A pesar de la televisión y de otros medios de comunicación más recientes, la narrativa oral continúa siendo un trascendental patrimonio de la Humanidad y hoy nos adentraremos en una parcela concreta como son los cuentos maravillosos, en gran medida nuestra historia mágica. Este tipo de relatos aparecen protagonizados por hombres y por seres extrahumanos como dioses, ogros, gigantes, demonios, hadas, brujas, genios, duendes, magos, personas que resucitan o almas en pena.

Se ha venido proponiendo por parte de investigadores que el cuento maravilloso procedería de los antiguos mitos que trataban de explicar el origen de nuestro mundo tras un largo proceso en el que perdería su carga sagrada y se iría folklorizando o vulgarizando para transformase en un producto más asequible al pueblo llano. Baste repasar las mitologías, griegas, romanas, americanas o africanas para encontrar narraciones en las que el héroe se encuentra a un ser divino o semidivino que le explica cómo cazar, cultivar la tierra o construir. Quizá esa sea la razón de las fórmulas de entrada de un cuento como puedan ser los clásicos «érase una vez» o «hace mucho tiempo», o las de salida como la conocida fórmula «y fueron felices y comieron perdices, a mi no me dieron porque no quisieron». Estas célebres frases, que todos hemos escuchado en muchas ocasiones, servirían para preservar nuestro mundo humano de la acción e influencia de seres dañinos como las citadas brujas, ogros o genios malignos.

Anselmo J. Sánchez Ferra expuso en el I Congreso Etnográfico del Campo de Cartagena la relativa escasez de cuentos maravillosos en nuestra comarca, explicando las razones de tal preferencia por la dificultad de retener numerosos detalles y secuencias pues esta tipología es rica en todo ello, a lo que añadir el uso y abuso de la televisión que nos aparta de los relatos orales tradicionales y el gusto de nuestras gentes por argumentos y contextos realistas, apegados a la vida cotidiana de los narradores y sus escuchantes.

La Cenicienta del campo

Pondremos ejemplos de cuentos maravillosos recogidos en el Campo de Cartagena como puede ser una versión de la Cenicienta.

Una viuda y un viudo celebran segundas nupcias, aportando cada uno una hija a la nueva unión. La madrastra ordenaba realizar todas las tareas domésticas a su hijastra y en una ocasión la mandó al río a lavar pero la corriente se llevó una de las prendas, desgracia que lloraba la muchacha pensando en los azotes que le propinaría. Una anciana se le acercó pidiendo que le explicase la razón de sus lágrimas, tras lo cual le solicitó que fuese a barrer una casa cercana para asomar la cabeza por la ventana cuando acabase la faena al tiempo que escuchase el rebuzno de un asno. Así lo hizo la joven, surgiendo al instante una estrella de oro en su frente. Al llegar a su vivienda explicó el suceso y la madrastra envió a su hija para obtener el mismo premio. Realizó todo punto por punto pero le salió un rabo de burro en la frente y no la estrella que esperaba, por lo que se tuvo que colocar un pañuelo que tapara el horrendo apéndice. Un día pasó el príncipe por la calle y se enamoró de la chica con la estrella en la frente, mandando días después a su secretario a buscarla pues deseaba casarse con ella. La madrastra la escondió tras la artesa y le presentó a su hija con su pañuelo ocultador, quien subió a la carroza real, siendo seguida por el perrillo de la casa que ladraba repetidamente: «¡Gua, gua! La Estrellica de oro/ detrás de la artesa está/ y el Rabico del asno/ en el coche va». Ese mismo argumento lo repitió delante del príncipe, quien descubrió el engaño. Finalmente el príncipe se casó con Estrella, quien solicitó que no las castigase por urdir aquella trama ni por todos los maltratos.

Como todos los cuentos, hay numerosas variaciones sobre éste y sobre el siguiente, que titulamos el viejo y la luna o el leñador en la luna. Un anciano leñador fue sorprendido por la noche en el bosque cuando terminaba su faena, resbalando y cayendo al suelo. El viejo exclamó: «¡Ojalá me lleve la luna!». Y la luna descendió para llévaselo. Si miramos a la luna podremos ver al viejo con la gavilla de leña a la espalda.

Otros relatos son la asadura del muerto, el choto diabólico, Pulgarcito o las almas en pena que exigen una misa por su eterno descanso. Pidan a un abuelo o abuela que se los cuenten.