Alonso, un asesor al límite

Alonso, un asesor al límite

Los 'pinchazos' telefónicos y otras pruebas recabadas por la Guardia Civil pueden ser demoledores para alguien a quien el juez ve como «cabeza de un entramado de tráfico de influencias». La imputación del exalcalde de Cartagena en la trama corrupta de la 'Operación Púnica' siembra dudas sobre sus negocios e intermediaciones en la Región

GREGORIO MÁRMOL

Corrían los vertiginosos años ochenta y un espabilado joven llamado José Antonio Alonso Conesa participaba en un curso de mimo y expresión corporal con otros muchachos de su quinta, en Cartagena. En un ejercicio práctico, el monitor pidió a sus alumnos que se taparan los ojos y se agacharan a buscar, palpando, un objeto que dejó rodar por el suelo. Anticipándose a todos, él se tiró en plancha, reptando y abarcando el máximo espacio posible con pies y manos, recuerda un antiguo compañero. Alonso le 'birló la cartera' a todos y sacó pecho de la triquiñuela entre chanzas. «No va a pasar hambre en la vida. Él es un superviviente», añade uno de los testigos de la anécdota.

Quizás por esa actitud vital, quien fuera alcalde socialista de Cartagena entre los años 1991 y 1995, José Antonio Alonso Conesa, no parecía sentirse muy abatido cuando el jueves por la noche abandonó la Audiencia Nacional tras declarar como imputado ante el juez Eloy Velasco, que investiga la trama de corrupción denominada 'Púnica' y que se ha cobrado como pieza principal a quien fue 'número dos' del Partido Popular (PP) en Madrid, Francisco Granados. Su gesto relajado, su amplia sonrisa y sus abrazos con los familiares que le esperaban en la puerta del juzgado central no eran precisamente los de una persona que había pasado tres días en unos calabozos temerosa ante los acontecimientos.

La procesión irá por dentro, porque tiene motivos para preocuparse. El magistrado considera a Alonso «cabeza de un entramado de tráfico de influencias», dentro de la supuesta trama de amaño de contratos públicos investigados por la Guardia Civil, y le imputa un rosario de presuntos delitos que, de confirmarse, le pueden llevar a prisión durante algún tiempo: cohecho, organización criminal, tráfico de influencias, malversación, falsedad documental y fraude. Aun así, recobró la libertad sin fianza.

Ante el juez Velasco, Alonso se habría mostrado tal y como es él: cordial, accesible y, sobre todo, colaborador con la Justicia, «porque él no tiene nada que ocultar», dicen personas de su entorno. Por ahora, él solo responde a llamadas de familiares y amigos íntimos.

Líder juvenil

La cercanía es la principal seña de identidad de este cartagenero de El Estrecho de San Ginés, nacido el 8 de julio de 1959 en el seno de una familia humilde (su padre era minero). Segundo de tres hermanos a los que está muy unido -Eduardo y Agustín-, ya en sus años de adolescencia tenía carácter de líder. Antiguos compañeros de clase en el instituto Isaac Peral recuerdan cómo, megáfono en mano, lideraba protestas estudiantiles en 1981 y 1982.

Su actividad política también fue frenética durante su etapa universitaria en la Escuela de Magisterio, carrera que completó pero nunca ejerció. No tuvo tiempo de ello. Con solo 23 años, concurrió a sus primeras elecciones municipales formando parte de la lista del PSOE al Ayuntamiento de Cartagena. Por entonces ya era popular como 'Camotín', término que en Cartagena se usa mucho para calificar a quien es cabezón, físico o de carácter.

Entre 1983 y 1987 fue concejal delegado de Cultura, Juventud y Deportes y uno de los principales apoyos del alcalde Juan Martínez Simón, al que considera su «maestro» y al que siguió muy unido cuando éste tuvo que dejar el cargo arrinconado por el escándalo que supuso el reparto de 27 millones de pesetas a todos los grupos municipales en un procedimiento aparentemente legal pero silenciado por todos.

Diputado en 1989

El Ayuntamiento fue un trampolín para el joven Alonso, que en 1987 dio el salto a la política regional para ejercer durante dos años como director general de Juventud y Deportes de la Comunidad Autónoma. Aquel cargo le permitió seguir haciendo contactos y fraguarse un nombre en una esfera superior. En las elecciones nacionales de 1989 obtuvo el acta de diputado.

En las Cortes Generales permaneció hasta 1996, compatibilizando el cargo con la alcaldía de Cartagena entre los años 1991 y 1995. Un joven Alonso gobernó toda la legislatura en minoría y consiguió altas cotas de popularidad personal, pese a que la ciudad vivía por entonces los peores años de la reconversión industrial y minera, con numerosas protestas en la industria química de Escombreras y en los astilleros de Bazán, cuyos obreros incendiaron la Asamblea Regional. Todos esos problemas intentó contrarrestarlos con insuficientes ayudas de Madrid y muchas horas de calle, cerca de los ciudadanos. Su presencia en actos públicos era constante: de una ofrenda en la iglesia de la Caridad iba al palco del estadio Cartagonova en diez minutos, previo paso por la sede de alguna combativa asociación de vecinos. En Navidad visitaba las instituciones benéficas de la ciudad y hasta las redacciones de los medios de comunicación para felicitar la Pascua.

En ocasiones se sobreexponía y de él decían que era un 'abrazafarolas'. «Entonces, claro, me molestaba, pero después lo he pensado muchas veces: lo que yo mejor sé hacer es darle cariño a la gente», reconoció años más tarde.

Sin embargo, su popularidad fue superada por una deslealtad que muchos cartageneros aún no le han perdonado. En el momento más crítico de la crisis se negó a encabezar una gran manifestación que recorrió las calles de la ciudad contra la reconversión industrial que, auspiciada por el PSOE, tuvo efectos desoladores entre sus votantes. «Prefirió estar con su partido antes que con su pueblo y eso le costó el puesto», recuerda un funcionario municipal muy cercano a él en aquella época.

En mayo de 1995 fue derrotado estrepitosamente en las urnas por una desconocida profesora universitaria interina llamada Pilar Barreiro, que había tenido su discreto bautismo político como parlamentaria regional a la sombra de Juan Ramón Calero. Al exalcalde solo le quedó la posibilidad de representar durante una legislatura el papel de líder de la oposición, porque en realidad mantenía la vista puesta en los foros políticos en Madrid. Alonso siempre aspiró a grandes cotas. Ya separado de su esposa (no tiene hijos ni ha vuelto a casarse), allí siguió tejiendo con gran habilidad una tupida red de contactos que le permitieron entrar en el círculo del exministro José Borrell, a quien acompañó por casi toda España cuando el catalán quería ser presidente del Gobierno.

Pero la dimisión de Borrell, meses antes de las elecciones, también se llevó por delante a un Alonso que aún no había cumplido los 40 años. Descolocado por su nueva situación, dejó la primera línea política y probó fortuna en el mundo de los negocios. Lo hizo con una empresa dedicada a la venta de hortalizas. En aquella aventura contó con el apoyo de sus hermanos. El mayor, Eduardo, periodista de dilatada trayectoria en TVE y Telefónica, entre otras compañías, le procuró contactos en la capital de España. Agustín, funcionario regional en excedencia y jefe de gabinete durante sus años de alcalde de Cartagena, fue su peón de brega. La empresa tuvo escaso recorrido, aunque abrió nuevos horizontes a José Antonio.

Con el cambio de siglo, el exalcalde trasladó su domicilio a Madrid, donde comenzó a tirar de la extensa e influyente agenda construida durante años. Volvía a Cartagena para ejercer una poderosa influencia interna en el PSOE y contaba que trabajaba como consultor, asesor y promotor de negocios: lo mismo hacía informes para medios de comunicación que participaba en desarrollos urbanísticos en municipios como Aranjuez. En su círculo de amistades estaba quien fue primer gerente de Urbanismo de Madrid, Jesús Espelosín, y el expresidente de Caja Castilla-La Mancha, Juan Pedro Hernández Moltó.

De los trajines de Madrid desconectaba en el piso de La Manga, que sustituyó a la modesta casita familiar de Los Nietos donde pasó parte de su infancia. De vez en cuando sale a pasear en flamantes automóviles valorados en muchos miles de euros y a navegar en su velero 'Zulú'.

El negocio de Puerta Nueva

No hay duda de que su suerte cambió en Madrid. En plena bonanza económica y con el sector del ladrillo cotizando al alza, decidió apostar por Cartagena: en 2002 representó a una serie de sociedades y empresarios que ganaron el concurso municipal convocado para construir 350 viviendas, bajos comerciales y un aparcamiento de 560 plazas en el casco antiguo de la ciudad. Es el llamado barrio universitario. Residencial Puerta Nueva de Cartagena SA, constituida por Promociones Alumbres y Sethome, se hizo con ese negocio tras ofrecer al Ayuntamiento un puesto en el consejo de administración para fiscalizar el desarrollo del proyecto y el 30% de los beneficios de las ventas.

Alonso fue hasta 2007 la cabeza visible de Puerta Nueva, a cuya gestión sigue vinculado su hermano Agustín. De manera paralela fue ampliando el abanico de negocios a través de distintas sociedades (como Atalia, de la que es socio uno de los presuntos cabecillas de la 'Púnica', David Marjaliza) y logró involucrarse en casi todas las grandes operaciones urbanísticas realizadas en Cartagena durante los últimos años. Según él, lo hacía de manera desinteresada, por sus conocimientos como exalcalde.

Pero hay quien le acusa de ganar al menos 5 millones de euros como supuesto intermediario en la venta de los terrenos que ocupaba la fábrica de Española del Zinc (Zinsa) en el barrio de Torreciega y otros 12 millones por la compraventa de los terrenos de Frigoríficos Balsalobre, en esa misma zona de la ciudad. El suelo fue recalificado por el Ayuntamiento para que pasara de industrial a residencial. El concejal de Movimiento Ciudadano (MC), José López, sostiene que todas esas operaciones están apoyadas por la alcaldesa, Pilar Barreiro, del PP. La regidora y su predecesor no ocultan una estrecha amistad que les lleva a salir a cenar juntos, quedar en La Manga los fines de semana y verse en Madrid.

López también le atribuye otro ingreso millonario compartido con su hermano Agustín por la compraventa de suelo en el Ensanche Norte, así como haber «enchufado» a la hija de Barreiro en la empresa Sonora para trabajar en el festival municipal La Mar de Músicas y en Telefónica, gracias a la mediación de su hermano Eduardo.

No se queda ahí la sombra de la duda. El edil de ese pequeño partido independiente ha animado a investigar la veracidad de la declaración que un promotor, Gerardo de la Torre, hizo ante un juez sobre las supuestas presiones que recibió de la alcaldesa para venderle terrenos a José Antonio Alonso en el Ensanche Norte y de una petición de 600.000 euros por parte del exalcalde, para él y Barreiro. Los hechos fueron negados por los aludidos.

Por todo ello, los Alonso y el concejal de Movimiento Ciudadano se han visto las caras en los juzgados varias veces en los tres últimos años. López está imputado por presuntas injurias, aunque sus abogados esperan un giro radical del caso con las nuevas revelaciones sobre la forma de proceder del socialista en sus actividades mercantiles.

Ahora más que nunca, el exalcalde está en el ojo del huracán. El presidente de la Diputación de León, Marcos Martínez, encarcelado por adjudicar presuntamente contratos a empresas de la trama para afianzarse en el puesto, ha reconocido conversaciones con él. Los pinchazos telefónicos y otras pruebas recabadas por la Guardia Civil pueden ser demoledoras para alguien que declaró en estas páginas: «Estoy harto de la corrupción y de la calumnia». Alonso está acostumbrado a caminar sonriente por la línea que separa la ética y la justicia.

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