«Mi ilusión es que en carnavales no haya libre una sola plaza de hotel»

Juan Martínez, en el estudio fotográfico que regenta. /
Juan Martínez, en el estudio fotográfico que regenta.

Juan Martínez Pregonero del Carnaval. «Hubo tiempos difíciles en los que esta fiesta era percibida como la 'oveja negra' entre las grandes celebraciones. No había costumbre en la ciudad»

EDUARDO RIBELLESCartagena

Fue presidente de la Federación del Carnaval durante 13 años. Antes estuvo en el grupito de personas que transformó una fiesta que se vivía especialmente en los barrios en una gran celebración urbana, con pasacalles, verbenas y los concursos que ahora le dan brillantez. Este año, Juan Martínez (Cartagena, 1950) tiene la responsabilidad de inaugurar las celebraciones, como pregonero. Será el próximo sábado a las diez de la noche, en el Pabellón Central de la calle Wssel de Guimbarda, en el transcurso de una gala en la que también será elegida la reina del Carnaval y tendrá lugar la presentación pública de Don Carnal y Doña Cuaresma.

¿Tiene ya preparado lo que dirá a la gran familia carnavalera?

Lo tengo en la cabeza, sí. Lo mejor es dejar salir lo que llevo dentro. Además, pretendo que sea una sorpresa.

¿Cómo recuerda los orígenes de estas fiestas y cómo fue su participación?

En el año 1981, un grupo de padres nos entreteníamos en engalanar a los niños en estas fechas. Luego creamos la primera comparsa, en Los Barreros. Se llamaba 'Alegría' y tuvo tanto éxito que al año siguiente empezaron a formarse más grupos en el seno de las diferentes asociaciones de vecinos.

Luego le tocó capitanear todo eso como presidente de las fiestas.

Fue en los últimos años de la década de los 80 y en los 90. Fueron tiempos difíciles en los que el Carnaval era percibido como la 'oveja negra' de la familia de las tres fiestas grandes de Cartagena. No había costumbre de sacar a la calle una celebración como ésta. Lo de siempre eran los actos religiosos y las fiestas relacionadas con los militares.

Pero esa situación ha pasado ¿Cómo lo han conseguido?

Con mucho diálogo y mucha paciencia. Mi consigna ha sido hablar, para poder avanzar. Y lo hemos hecho con la iglesia, con los militares, y con gobiernos municipales del Partido Cantonal, del PSOE y del PP. La disposición del Ayuntamiento ha sido cada vez mejor.

¿Le guardan algún rencor a la Semana Santa?

Al revés. El carnaval es parte de ella.

El final del carnaval es el principio de la Cuaresma. Pero me refiero a las relaciones con las cofradías.

La relación es buenisima. Repito que somos parte de ellas. Yo mismo fui diez años granadero californio. Y también somos parte de Carthagineses y Romanos. Yo participé en la fundación de una legión. Con el paso de los años hemos conseguido caminar unidos a las otras dos fiestas. Todos hemos entendido que si le va bien a uno le irá bien a los otros dos. El turismo necesita que todos crezcamos, que seamos motor de ese crecimiento, para conseguir que vengan más visitantes.

Sin embargo, parece que son ustedes los que crecen a más velocidad. ¿Por qué?

Probablemente porque las otras dos fiestas se basan en la fidelidad a la historia y nosotros somos la fiesta de la imaginación, de la novedad. Cada año, todo es nuevo, todo es una sorpresa. Claro que eso supone un gasto muy grande. Carnaval tiene que ser valorado también por lo que genera. Tanto vestuario nuevo da muchos puestos de trabajo y crea mucha riqueza.

¿Cuánto?

Es difícil de calcular, pero mucho.

¿El espaldarazo sería conseguir la declaración de Fiesta de Interés Turístico Nacional?

Seguro. Sé que la Federación trabaja intensamente para conseguirlo. Pero es necesario que nos ayuden desde los estamentos oficiales.

¿Echan en falta esa ayuda? ¿Es eso lo que le falta al Carnaval para despegar del todo?

A veces ha faltado voluntad política, pero estoy seguro de que ahora nos apoyarán en todo.

¿Es un sueño aspirar a equipararse con los carnavales de Cádiz y de Tenerife?

Las comparaciones son odiosas. Cádiz y Tenerife nos superan en muchos años de tradición. He vivido ambos carnavales y me enamoran. Hay que aspirar a eso, por supuesto, pero allí hay grandes inversiones y una influencia sobre la economía. Mi mayor ilusión sería que durante esos días, no hubiera en Cartagena una plaza de hotel libre, y los restaurantes estuvieran de vote en vote. El día que pase eso, podremos compararnos.

 

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