La Mussona pierde la cabeza

La Mussona, anoche, durante su aparición en la explanada del castillo de San Juan. /
La Mussona, anoche, durante su aparición en la explanada del castillo de San Juan.

Ginés Parra encarnó a la bestia con un traje con la forma de un alacrán mitológico

JUAN RUIZ PALACIOS

La lluvia amenazó hasta última hora, pero no evitó que se realizara el tradicional rito de invocación de la Mussona, el personaje más enigmático, mitológico y salvaje del Carnaval, representada este año por Ginés Parra. Como es habitual, la primera parte del acto se llevó a cabo en la explanada del castillo. Sobre las diez y media de la noche, la Mussona, encarnada esta vez en un mitológico alacrán sin cabeza, salió enjaulada y cuando quedó suelta comenzó a descender junto a un ruidoso séquito de más de 60 acólitos, todos ellos ataviados de cuero y cuerdas de esparto. Desde ahí, arrancó un recorrido que consiguió amedrentar y asustar a algunos niños y recordar a todo un pueblo el origen pagano de su mayor fiesta.

El traje que vistió Parra era más voluminoso que el que lucieron muchos de sus antecesores en otros años. Además, fue confeccionado -como manda la tradición- con material de la tierra: cáscaras de castañas y bellotas, esparto, estopa y esponjas de mar. El enorme trabajo de maquillaje que lució Parra camufló aún más su identidad, y además le difuminó la cabeza, integrándola en su cuerpo como si fuera un alacrán real.

A cuatro patas

Las calles se quedaron pequeñas ante la masiva afluencia de vecinos y turistas que no quisieron perderse este simbólico desfile. Muchos gritaban cuando pasaba entre la oscuridad la Mussona, que caminó la mayor parte del tiempo a cuatro patas. De hecho, se subió como una bestia en repetidas ocasiones a las ventanas de las calles bajas para asustar aún con más fiereza a quien se le pusiera por delante.

La Mussona y su séquito llegaron a la plaza de España, donde se celebró la última parte del espectáculo. Allí esperaban el alcalde, Bartolomé Hernández, y las mussonas de años anteriores. El mitológico alacrán fue el protagonista de un ritual enigmático, que dejó atónito al público asistente con varios efectos, que finalizaron con la simulación de su quema con antorchas, como mueren los alacranes acorralados. Pero tranquilos, que la Mussona volverá a recorrer las calles los próximos días con el objeto de volver a meter el miedo en el cuerpo.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos