«Los bomberos me sacaron en andas»

Efectivos de la Unidad Militar de Emergencias (UME) rescatan a una vecina de la urbanización Bahía Bella de Los Alcázares. / Pablo sánchez / AGM
Efectivos de la Unidad Militar de Emergencias (UME) rescatan a una vecina de la urbanización Bahía Bella de Los Alcázares. / Pablo sánchez / AGM

La impotencia y la desolación se adueñan de Los Alcázares tras la segunda riada en menos de tres años: «Nada han hecho para evitar la ruina»

Alexia Salas
ALEXIA SALAS

Nunca se les fue el susto del cuerpo a los vecinos de Los Alcázares desde aquellas Navidades del lodo de 2016, aunque en realidad Mercedes Lloret, a sus 80 años y ya viuda, no pensaba que volvería a salir de su casa de madrugada y escapando de un enemigo tan atroz que ya le arrebató todo hace tres años. Solo le dejó el álbum de fotos de su boda, cubierto de verde moho y de añoranzas pasadas por agua, pero que rescataban el único testimonio material de toda una vida. Ni siquiera eso pudo llevarse consigo cuando en la madrugada del jueves al viernes la tuvieron que sacar de su casa en la calle Manuel Acedo, en la 'zona cero', porque el agua ya sobrepasaba su cama.

A sus 80 años, Mercedes Lloret tuvo que ser evacuada por segunda vez de su casa, junto a otros 220 vecinos de la comarca del Mar Menor

Su hijo Antonio no se había separado de ella, porque hace apenas una semana a Mercedes le dieron el alta tras sufrir un ictus asociado a una angina de pecho. «Me sacó un bombero en andas», contaba ayer la anciana desde su habitación asignada en el Centro de Tecnificación Deportiva de Los Narejos. «Ahora estoy bien, pero cuando bajé de la cama pasé miedo porque el agua estaba helada», recordaba Mercedes de su segundo rescate nocturno por culpa del agua. Ayer se decía a sí misma: «Tienes que ser fuerte». Nunca antes había vivido una embestida similar del agua en su pueblo. «Recuerdo que antes bajaba por la rambla, pero nunca llegaba a meterse en casa», señala de lo que ha cambiado en el camino de la riada, que nadie se explica.

No tiene explicación tampoco para Raúl Vera, quien ayer tuvo que subirse a las camas junto a su mujer y su hijo cuando el agua les subía por las rodillas en su casa del barrio de Los Cacharros, al sur del casco urbano. «La vez anterior tuvimos que dejar la casa porque el dueño no quiso arreglar los daños del agua, y ahora vivimos la misma situación», cuenta Raúl, quien vivió de pequeño en plena rambla y asegura que «nunca había visto nada igual».

La presidenta de los afectados necesitó la ayuda de un vecino para no ser arrastrada por la corriente

Para la vicepresidenta de la Asociación de Afectados por las Inundaciones, Ana Cari Zapata, esta tragedia repetida no tiene justificación.

Ola de barro

«Nadie se imagina la impotencia que se siente al ver todos los comercios y casas de Los Alcázares de nuevo inundadas, después de haber pasado tres años llevando proyectos y planos a los políticos para poner soluciones y evitar que pase de nuevo esto», asegura. Tres años de llamar a la puerta de los despachos para dejarles propuestas que eviten la ruina de cientos de familias, y todo costeado «con fondos propios, incluso la gasolina», recuerda Ana Cari Zapata. «¿No les da vergüenza, no haber hecho nada en tres años para evitar de nuevo la ruina?», pregunta la representante de los afectados.

Ella misma vivió de nuevo anoche el temor de la ola de barro. «Llegó más agua, más violenta y más dañina», contó ayer tras una madrugada difícil de olvidar. Pasada la medianoche decidió bajar a la tienda que su familia regenta desde hace 46 años en el Paseo de la Feria porque estaba intranquila. Ya tenían material recogido en previsión de las riadas, pero no sirvió de nada. «En 10 minutos el nivel del agua me dobló y no me daban las manos para recoger cajas y ropa del agua», explicaba ayer con las calles aún convertidas en ríos. Tuvo que salir de la tienda con la ayuda de un vecino, que iba atando cuerdas a los postes para que no se los llevara la corriente.

Los daños en comercios, viviendas e infraestructuras también alcanzaron a núcleos de la ribera sur del Mar Menor, como Los Nietos y Los Urrutias, en Cartagena.

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