El 'rey de Barinas' ya duerme entre rejas

Evedasto Lifante, hace unos años, charlando con dos vecinas de Barinas. / nacho garcía / agm
Evedasto Lifante, hace unos años, charlando con dos vecinas de Barinas. / nacho garcía / agm

Las mismas canteras de mármol que fueron el origen de su fortuna han acabado llevando a la cárcel a Evedasto Lifante, que desveló su paradero por una visita a una notaría para firmar unas escrituras

Ricardo Fernández
RICARDO FERNÁNDEZ

A lo largo de los dos años bien contados que Evedasto Lifante ha vivido como prófugo de la justicia y preso de sí mismo, sus convecinos de la pedanía abanillera de Barinas jamás han albergado duda alguna de que su personaje más ilustre y querido, aquel adinerado hombre de negocios a quien un día designaron como su pedáneo, el mismo que fletaba aviones para llevarse de vacaciones a medio pueblo, o que sufragaba unos festejos patronales absolutamente impropios de un municipio que apenas raspa los mil habitantes, les seguía acompañando en alma... y también en cuerpo.

Lo verían -que hubo quien lo hizo- o no lo verían, pero su presencia la intuían, o querían intuirla, en cualquier señal o signo con el que se tropezaban a diario, al igual que los cheyenes intuían en el vuelo del águila que la caza les iba a ser propicia. «¿Tú te crees que esos bolsones de comida los va a comprar la señora Herminia para ella sola?», cotilleaban entre sí las abuelas, al caer la tarde, convencidas así de que esos días Eve se refugiaba en la casa de su madre.

«¿Os habéis fijado que su mujer sigue comprando los mismos pasteles que tanto le gustan a su marido?», señalaban a la semana siguiente, afirmando sin hacerlo que el magnate de los áridos venido a menos se había mudado a la finca donde residen su esposa y sus hijos.

Los aduaneros husmearon incluso en las cuentas de Facebook e Instagram de los hijos del empresario, en busca de fotos o mensajes que les dieran una pista de su paradero. Un día, el pasado marzo, creyeron verlo en una imagen tomada en la boda de una de sus hijas

«Como si es que a su mujer no le pudieran gustar los mismos bollos...», ironiza ahora Fidel Pérez Abad, el abogado que fielmente ha venido defendiendo los intereses de Evedasto Lifante en estos últimos años y que, pese a sus muchos esfuerzos, no ha logrado evitar que Eve haya empezado a escribir un nuevo y duro episodio de una vida digna de novela: el de su estancia en prisión, que hoy por hoy no se adivina corta.

A salvo de fisgones

Pese a que el letrado jura y perjura que nunca ha sido consciente de dónde podía encontrarse su cliente, y aunque no otra cosa habría llegado a decir de haberlo sabido, lo único cierto es que el empresario ha acabado cayendo donde todo quisque estaba convencido de que se ocultaba: en una propiedad de unas tres hectáreas que se levanta a la salida del pueblo, junto a la carretera de Macisvenda, y en la que disponía de bastantes comodidades y de la suficiente extensión como para olvidarse de que estaba encerrado. Dotada además de las necesarias medidas de seguridad -red de videovigilancia, elevadísimos muros, perros guardianes...- para garantizar que nadie, incluidos los agentes de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado que andaban tras su pista, podría andar fisgoneando por allí sin haber sido previamente descubierto.

Los funcionarios de Vigilancia Aduanera que, por aquello de ser los guardianes del dinero público escaqueado por Lifante -casi 1,9 millones de euros-, se habían empeñado en que este acabara purgando los cinco años y tres meses de prisión a los que había sido condenado por dos delitos de fraude, no se engañaban respecto de las dificultades que entrañaba probar que se ocultaba en su propio pueblo. De un lado, la finca era inaccesible como no fuera usando drones. De otro, confiar en una posible delación de alguno de sus vecinos era como encomendarse al paracetamol frente al proyectil de un bazoka. Cero posibilidades de éxito, vamos.

De tal forma que los aduaneros comenzaron a buscarle las vueltas, convencidos de que antes o después se confiaría y cometería un error, suficiente como para que el juez les otorgara la ansiada orden de entrada y registro en la propiedad. En el rastreo, según señalan fuentes próximas a la investigación, ni siquiera renunciaron a seguir las cuentas que, en redes sociales como Facebook e Instagram, tienen abiertas al público algunos de sus hijos, buscando en sus fotos, sus vídeos y sus comentarios algún dato que pudiera conducirles hasta el prófugo. Así hasta que un día, el pasado marzo, con motivo de la boda de una de sus hijas, creyeron reconocerle en una de las imágenes: un hombre de complexión y hechuras muy similares a Evedasto, que se adivinaba al fondo de la foto, medio de espaldas, medio de costado, lo que les insufló renovados ánimos para insistir en su búsqueda.

Una transacción en ciernes

La clave la obtuvieron hace apenas unos días, cuando su pista les llevó hasta una notaría de Murcia a la que el empresario de Barinas se había acercado muy recientemente para firmar unas escrituras. Todo hacía sospechar que estaba preparando algún tipo de transacción comercial o patrimonial, muy probablemente vinculada a su cantera de mármol, y que ello le obligaba a permanecer en la Región con el fin de ir avanzando en las negociaciones en que estuviera inmerso.

Con tales datos y otras evidencias recabadas en su investigación, los agentes de Aduanas solicitaron y obtuvieron del juez de lo Penal número 6 de Murcia, Antonio Alcázar, la orden de entrada en la finca donde el pasado martes, a las ocho de la mañana, pudieron fin a una larga huida. «Me dijo que lo habían pillado porque se había desplazado hasta ese lugar para tener unos contactos con hombres de negocios por asuntos relacionados con la cantera. Estaba tranquilo, entero. Cuando yo llegué incluso tenía ya hecho el macuto para la prisión», relata a 'La Verdad' su letrado, quien el jueves lo visitó en el centro penitenciario de Campos del Río. «Me ha encomendado que continúe yo con esas gestiones, a ver si de una vez por todas obtiene el dinero para pagar las multas y la responsabilidad civil -cinco millones- que se le impusieron en la sentencia».

Un alto precio a pagar

Entregar al fisco ese dinero será la principal baza que pueda esgrimir cuando le llegue el momento, todavía lejano, de empezar a solicitar permisos de salida, pues en su contra pesa, como una losa, el hecho de haberse fugado de la justicia. El precio a abonar no será leve: desprenderse de la famosa cantera, que un día lo convirtió en multimillonario y que ahora, por mor del impago de impuestos por los réditos que generó, le ha llevado a vivir entre rejas.

La trayectoria de este hombre que despierta tantas filias como fobias no se entiende, pues, sin ese terreno de 36 hectáreas, situado en el municipio de Abanilla, que un banco le embargó a su padre mucho tiempo atrás y que Eve, por una cuestión sentimental, acabó recuperando en los primeros años de este siglo. Con el descubrimiento de que sus montes albergaban unas descomunales reservas de mármol de alta calidad comenzó su fulgurante despegue, pues percibió cantidades millonarias por parte de inversores interesados en hacerse con una parte de un negocio que se estimaba en 350 millones de euros. Y a la vez, con ello se inició su descenso a los infiernos, al 'olvidarse' de abonar los impuestos derivados de esas operaciones.

Hoy, buena parte de sus opciones de recuperar la libertad pasan de nuevo por esa finca: por desprenderse de ella para pagar a Hacienda. Se habrá cerrado entonces un círculo perfecto, igual al que describiría una noria, que le llevó a tocar el cielo con los dedos y que ahora le ha llevado a paladear el sabor del lodo.