María Antonia Soto: «La atención psicológica no se debe dar solo a corto plazo»

María Antonia Soto, en una plaza del centro de Murcia. / N. garcía/agm
María Antonia Soto, en una plaza del centro de Murcia. / N. garcía/agm

«Existe evidencia de que un importante porcentaje de víctimas del terrorismo sufre algún trastorno incluso 10 o 20 años después», afirma la psicóloga de emergencias

Alicia Negre
ALICIA NEGRE

La psicóloga María Antonia Soto aprovechó su intervención hace unos días en el Parlamento Europeo para lanzar una serie de propuestas sobre la que es su especialidad: la atención a las víctimas de actos de terrorismo o grandes emergencias. Esta profesional murciana, coordinadora de la asistencia psicológica a los afectados del terremoto de Lorca, puso su grano de arena durante el seminario de presentación del Libro Blanco y Negro del Terrorismo, organizado por la eurodiputada Maite Pagazaurtundúa. Una cita que aprovechó para hacer un análisis del impacto y las consecuencias psicológicas que pueden ocasionar los atentados terroristas en las víctimas y sus familiares.

-¿Qué mejoras propone que se incluyan en la atención a las víctimas de estas emergencias?

-Han sido varias las propuestas. Pusimos de manifiesto la importancia de poner en marcha un sistema de asistencia psicológica unificado e integrado por psicólogos de emergencias especializados dentro de los equipos de respuesta que contemplen las particularidades especiales en la atención a víctimas del terrorismo. En este sentido, se propuso un modelo de asistencia piramidal, resaltando la importancia de garantizar, tanto una adecuada primera respuesta emocional, como la asistencia psicológica en las fases más a largo plazo. Por otro lado, en cuanto a la atención a víctimas transfronterizas, se resaltó la importancia de diseñar protocolos consulares de actuación en esta primera atención emocional, el desarrollo de planes formativos al personal consular en la misma y el establecimiento de modelos de coordinación eficaces entre las diferentes administraciones nacionales e internacionales.

-¿Aprendimos algo de grandes intervenciones como la del 11-M o el terremoto de Lorca?

-Sin duda podríamos decir que han sido dos de las intervenciones más complejas en nuestro país en cuanto a las dimensiones, coordinación y número de efectivos necesarios en su respuesta. De estas experiencias aprendimos que necesitamos un sistema de asistencia psicológica en emergencias que garantice la respuesta en todas las etapas del proceso de gestión del riesgo: antes, durante y después; que necesitamos contar con protocolos de coordinación claros; y que no sirve cualquier psicólogo para intervenir en estas situaciones, sino que deben ser psicólogos específicamente formados en intervención en crisis, emergencias y catástrofes.

-¿Qué secuelas sufren con mayor frecuencia las víctimas de estos actos? ¿Hasta qué punto estas se pueden aminorar con una mejora de la atención a las víctimas?

-Son numerosos los estudios y revisiones científicas que avalan la importancia de una adecuada primera intervención psicológica para la prevención de la aparición de psicopatología asociada a vivencias de situaciones potencialmente traumáticas. En este sentido, la literatura científica muestra una importante prevalencia de patologías psicológicas, como trastorno de estrés postraumático, trastornos depresivos, de ansiedad o consumo de sustancias como consecuencia de estas situaciones. Además estas prevalencias son superiores en víctimas directas de atentados terroristas e incluso 10 o 20 años después existe evidencia de que un importante porcentaje de víctimas del terrorismo sufre alguno de estos trastornos. Por ello, contamos en la actualidad con tratamientos psicológicos eficaces y que son útiles y necesarios incluso varios años después, pues la atención psicológica es importante que se dé no solo en el corto plazo sino también a medio y largo plazo.

-¿Cómo se encuentra la profesión de psicólogo de emergencias?

-En la actualidad no se encuentra regulada. Por ello, desde la Asamblea Regional, en los años 2015 y 2017, impulsamos dos mociones instando al Gobierno de la Nación a ello, pero a día de hoy aún no se ha llevado a cabo. Los servicios de respuesta cada vez demandan más este recurso, pero es un servicio fundamentalmente externalizado, basado en voluntariado y en convenios puntuales con algunos colegios oficiales de psicólogos. Sería positivo que, tanto la Administración pública, como los responsables políticos y colegiales diesen prioridad a la importancia de trabajar, tanto en garantizar que los profesionales de la psicología que desarrollen esta asistencia estén adecuadamente formados en intervención en crisis y emergencias, como impulsar la integración de los psicólogos de emergencias, y no otros, en las plantillas de los organismos gestores de emergencias.

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